EL BLOG
25/04/2018 9:00 AM CDT | Actualizado 25/04/2018 5:00 PM CDT

Esas mentiras piadosas y peligrosas respecto al sexo

tommaso79 via Getty Images
El hombre nunca ha comprendido muy bien en que consiste el orgasmo de la mujer.

Una vez, uno de mis amigos más queridos insistió en que tenía miedo que las mujeres a su alrededor "le mintieran de manera convincente". Me lo dijo en tono de broma pero también, desde cierto sobresalto que me dejó desconcertada. Cuando le pregunté a qué se refería exactamente, se tomó muchas molestias  — y dio muchos rodeos —  hasta explicarme que temía nunca haber sido el amante que creía. Una idea que le había sacudido desde los cimientos cuando su ex se burló de él y le acusó de "no tener idea jamás de cuántas veces había fingido el orgasmo para no tener que soportarle en la cama".

 — Te lo habrá dicho como venganza — opiné un poco sorprendida. Mi amigo me dedicó una mirada azorada y avergonzada, pero también furiosa. Parecía especialmente dolido por una idea básica que yo no podía entender muy bien pero que para él, parecía tener toda la importancia del mundo.

 — ¿Y si es verdad?

Tomé un sorbo de la taza del café que compartíamos sin saber qué responderle, porque la verdad es que sabía que era bastante probable que su enfurecida ex estuviera diciendo la verdad de un modo u otro. Porque nuestra cultura hace un especial énfasis en la forma como un hombre se comporta en la cama y la mujer lo sabe. Y reacciona en consecuencia. El resultado de ambas ideas combinadas suele ser una necesidad incómoda de complacer o como bien gritó a los cuatro vientos la ex pareja de mi amigo, de utilizar la más vieja de las mentiras  — y quizás una de las más peligrosas —  para sostener una relación en el momento más íntimo de todos. De forma que no supe muy bien que decir para consolarle  — si es que tenía que hacerlo —  y mucho menos para explicarle el extraño terreno en que se encontraba sus preocupaciones.

Nadie parece saber muy bien que hacer con el orgasmo femenino, el rotundo, el que se eleva en las caderas para seguir la linea de la pelvis hasta llegar al mero centro del deseo.

Porque hay algo bastante claro. El hombre nunca ha comprendido muy bien en qué consiste el orgasmo de la mujer. Y siendo que la cultura occidental es evidentemente patriarcal, esa ignorancia sobre el placer femenino se extiende a todas partes.

Resulta curioso que ese desconocimiento se manifieste aún hoy en pequeños datos que dejan muy en claro que en lo que al erotismo femenino se refiere, el hombre entiende bien poco. Según el National Survey of Sexual Health and Behavior (Encuesta nacional de comportamiento y salud sexual, NSSHB por sus siglas en inglés) solo 64% de la mujeres afirma haber alcanzo el clímax durante su última relación sexual, al contrario de sus compañeros de cama que afirman con gran desparpajo 85% de las veces sus parejas llegaron al orgasmo. Curiosa confrontación de cifras que deja en evidencia que algo no termina de encajar en esa definición de lo que es el orgasmo femenino. No tendría porque extrañar a nadie este anonimato de la lujuria femenina: hasta hace menos de un siglo, no existía.

Al orgasmo femenino se le ha considerado sobrenatural, místico, peligroso, diabólico. Nadie parece saber muy bien qué hacer con el orgasmo femenino, el rotundo, el que se eleva en las caderas para seguir la linea de la pelvis hasta llegar al mero centro del deseo, ese estallido de gemidos y lujuria que durante siglos, provocó pavor. ¿Cómo no provocarlo? La mujer siempre ha resultado un misterio: el enigma de su vientre capaz de concebir vida ya hizo debatirse sobre su naturaleza sagrada hasta que se descubrió que el varón también participaba en el acto creativo. Como en la tribu bantúes de África, donde se les recomendaba a los hombres eyacular entre las rodillas de sus esposas para evitar "el abismo" de ese sexo ardiente y demandante.

Al orgasmo femenino se le ha considerado sobrenatural, místico, peligroso, diabólico. Nadie parece saber muy bien qué hacer con el orgasmo femenino.

El orgasmo de la mujer, ese erotismo fulgurante y devorador, parece atemorizar al varón, que lo mira desde la distancia de la historia preguntándose qué lo provoca, como nace esa radiante lujuria que parece devorarlo todo. Y por un buen tiempo, esa gran interrogante no tuvo respuesta, tampoco un manera de comprenderse. Al final, el orgasmo de la mujer parece ser una forma de libertad no reconocida que se crea y se construye desde cierta intimidad tambaleante que el hombre sigue sin comprender muy bien.

 — ¿Crees entonces que estuvo fingiendo... todo este tiempo? — insistió mi amigo.

Suspiré. El solo hecho que tuviera que preguntarlo explica el motivo por el cual Freud necesitó nada menos que tres ensayos sobre la teoría sexual, para hablar de la sexualidad de la mujer, intentando encontrarle lugar en el mundo. O por qué la mayoría de los hombres exhibe un vergonzoso desconocimiento sobre lo erótico de la mujer. Porque la lucha por el placer es histórica, como un gran voto de conciencia que brindó a la mujer libertad que por ahora, buena parte del mundo masculino desconoce. No en vano el punto Gräfenberg (el punto G) ha sido llamado también, "la Bella loca".

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.