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11/01/2019 9:54 AM CST | Actualizado 11/01/2019 10:54 AM CST

La falsa promesa de felicidad minimalista de Marie Kondo

Imagen del programa 'Tidying Up with Marie Kondo', de Netflix
Netflix
Imagen del programa 'Tidying Up with Marie Kondo', de Netflix

Marie Kondo quiere que creas que teniendo menos cosas serás más feliz, pero lo único que busca es venderte libros, cajas y claro, que veas su serie.

La primera vez que escuché de Marie Kondo fue hace ya varios años por una amiga. Mi amiga tiene la casa más ordenada que conozco y Marie Kondo era su gurú del organización. Así, me recomendó sus libros (La magia del orden es un best-seller mundial con más de 7 millones de copias vendidas), me dio los tips más básicos (como la importancia de deshacerse de lo que no nos provoca felicidad, de tener todo a la vista y de usar cajas para acomodar por tamaños) y me dijo que le diera una oportunidad.

Basándome en esas nociones hice un primer intento de lograr un nuevo acomodo en mi casa, pero no tuve mucho éxito. Como buena fetichista que soy, no pude sacar casi nada y me olvidé del sistema Konmari por un buen rato.

De pronto, el 1 de enero de este año para ser más precisa, el nombre de Marie Kondo estaba por todos lados. El mundo entero estaba hablando de ella y es que ese día Netflix estrenó su reality show, Tidying Up with Marie Kondo. La viralidad de la serie se puede atribuir a sus más de 50 millones de seguidores en Twitter y a su nombramiento por la revista Time en 2015 como una de las personas más influyentes del mundo (Marie Kondo tiene más fieles que algunas religiones del mundo y los mismos que Shakira).

Sus fans incluso tienen un nombre: "Konverts" y a su práctica le llaman "kon-doing".

Pensé que ver su método en formato televisivo sería una buena manera de aprender algo, pero siempre había alguna otra serie que lograba acaparar mi tiempo y atención (no era difícil cuando la opción era ver un show sobre un sistema de organización infalible). Pero como pasa con los temas virales, Marie Kondo se empezó a volver un fantasma que me perseguía. Todo mundo me recomendaba el programa, veía memes haciendo burla de sus "dogmas" en todas las redes y la gota que derramó el vaso fue, por supuesto, que Netflix me puso un teaser cuando entré a la plataforma para ver la serie en turno. No pude resistirme más.

El primer capítulo trata sobre una familia norteamericana muy bonita, de clase media alta, que tiene dos niños pequeños. Tidying with Toddlers, se llama. Me pareció interesante el caso, pues cualquiera que tenga hijos sabe la cantidad de cosas que vienen con ellos –desde las montañas de ropa que van desechando con una velocidad vertiginosa, hasta por supuesto las cajas y cajas de todo tipo de juguetes, pasando por una cantidad de artículos y accesorios de novedad cuya superfluidad descubrimos solo hasta que nos andamos tropezando con ellos por todos lados. Quería ver cómo lo resolvía.

Pero no. No se vio nada de eso. Fueron 47 minutos de pura decepción.

Marie empieza explicando que hay 5 clasificaciones de cosas que organizar: ropa, misceláneo (cocina, baño, juguetes, etc), libros, papeles y objetos sentimentales. De esas categorías, en el primer capítulo solamente trabajó dos (ropa y misceláneo) y lo hizo de forma muy general. Entiendo que quizás dejaron lo demás para mantener el interés en la temporada, pero me hubiera encantado, por ejemplo, que expusiera criterios sobre los juguetes.

Marie hace una plegaria a la casa (sí, así de extraño como se lee), dice que hay que "sentir" la alegría que un objeto nos da (o no) antes de guardarlo o tirarlo y en caso de desecharlo y exhorta a agradecerle la función que tuvo en nuestra vida (el por qué, si nunca nos dio alegría, no lo sé). Lo único que me pareció útil o relevante de ese capítulo (y que la verdad ya estoy aplicando) es la forma de doblar la ropa, que permite que todo se acomode mejor y esté a la vista.

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Lo mejor que puede ofrecer un reality show, que es sacar las emociones de los participantes, está muy desdibujado en Tidying Up with Marie Kondo. Se deja ver cierta tensión entre la pareja que está estresada por vivir en medio de su acumulación capitalista desorganizada y también la sutil humillación que la japonesa les hace sentir con su delicada risita de animé que emite con tenue crueldad al escarbar entre los cajones de los dueños de la casa, pero todo muy enmascarado.

No hay sorpresas realmente convulsivas, como en Hoarders –un reality sobre acumuladores compulsivos–, en donde se encuentran gatos muertos (que se creían perdidos hacía años) abajo de una pila de basura, ni pleitos que amenacen con terminar un matrimonio. Al contrario, el recién encontrado y muy cuestionable "orden" de esa casa sugiere que la pareja está reencontrando el motivo original de su unión, pero se puede adivinar que esos ganchos vacíos que la señora se rehusó a tirar pronto estarán ayudando a colgar ropa que llenará el clóset otra vez, misma que odia lavar, planchar, doblar y le provoca conflictos con el marido.

En resumen, el programa ni divierte, ni entretiene, ni ilustra. Es más bien una invitación a adentrarse en un sistema que implica comprar varios libros, muchos juegos de cajas (a 89 dls cada uno) y por supuesto, a contratar a una de sus asesoras (todo parte de su plataforma de negocio Konmari Media). En resumen, el método no es solución al acumulamiento. Es una serie de medidas radicales que pretende dejar espacios ascépticos y muertos. Aspirar a tener casas en las que parece que no vive nadie. A dejar nuestros cajones sin sorpresas. Espacios que no hablan de las personas que los habitan. Que no cuentan historias. La prueba más contundente de ello es que este método pretende que nadie tenga más de 30 libros en su casa.

Mejor mudémonos todos ya a vivir dentro de un aparador de Zara Home.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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