EL BLOG
13/04/2018 2:04 PM CDT | Actualizado 13/04/2018 3:25 PM CDT

Moshinsky, mi tío el gigante

Cortesía Adina Chelminsky
Marcos Moshinsky.

(Se cumplen 9 años de la muerte de uno de los científicos mexicanos más importantes de la historia. Quizá poco conocido para aquellos fuera del mundo de la ciencia, pero cuyas lecciones de vida son dignas de ser contadas).

Mi tío Mara (a quienes otros conocían como el eminente físico Dr. Marcos Moshinsky) siempre fue un gigante. De niños su tamaño nos impresionaba. Era el hombre más alto que jamás habíamos visto. Si en esas épocas alguien me hubiera preguntado cuánto medía Mara, yo hubiera dicho que 3 metros y medio (creo que este cálculo comprueba la teoría de la relatividad, habrá medido en realidad como 1.80 mts).

En retrospectiva, me doy cuenta que no solo era su altura física lo que nos apantallaba sino el hecho de que, incluso cuando no habíamos aprendido a leer o escribir, sabíamos que este era un hombre único. No sabíamos nada de su altura "física", pero sabíamos que nadie más tenía un tío como él.

Incluso cuando, con los años, su espalda se empezó a encorvar, y nosotros los sobrinos empezamos a crecer, y la diferencia en estaturas desapareció, nos seguía pareciendo enorme. Como si su tamaño corporal reflejara lo gigantesco de su mente y de sus logros.

Mucho se ha dicho y escrito sobre el éxito de Marcos en el campo de la ciencia. De la cantidad de premios, de la relevancia, aun hoy, de teorías que esbozó hace más de 50 años, de cómo elevó el nombre de México en el mundo. Del premio Príncipe de Asturias, de las nominaciones al Nobel, de su trabajo en pro de la educación en México y, sobre todo, de la UNAM... Pero esto solo cuenta la mitad de la historia, solo explica la mitad de su tamaño.

Nelly Salas/CUARTOSCURO.COM
Marcos Moshinsky Borodiansky recibió de manos del rector Juan Ramón de la Fuente la medalla Justo Sierra al mérito universitario. 26 de mayo de 2005.

Nelly Salas/CUARTOSCURO.COM
Marcos Moshinsky en mayo de 2005.

Su presencia nos apantallaba y nos iluminaba a la vez. Me acuerdo de él sentado en la cabecera de la mesa de casa de mi bisabuela, su mamá, pidiendo un whiskey... o dos. Con el pelo negro azabache, con sus historias interesantes, su risa profunda y sus opiniones contundentes.

Era un hombre polifacético. De ciencia y conciencia a la vez. Del mundo y de su familia al mismo tiempo. Divertido, con un particular sentido del humor. Amante del cine, viajero interesado, buen anfitrión.

Nunca me di cuenta que se teñía el pelo. Claro que se me hacía raro que tuviera el pelo tan negro a su edad, pero creo que siempre supuse que las reglas de la naturaleza aplicaban diferente para él. Para los gigantes.

Jamás he conocido a alguien que le interesara tanto la vida como a él.

¿Qué es lo que lo hacía tan enorne? Más allá del descubrimiento de los paréntesis de transformación para funciones de oscilador armónico (eso lo tuve que buscar en internet). Era su manera de ser tan auténtica y humilde, rara en esta época de expertos mamones todo conocedores. Él era quien era, sin pretenciones.

Jamás he conocido a alguien que le interesara tanto la vida como a él. A los 80 años seguía teniendo más preguntas que respuestas. Einstein una vez explicoó que su genialidad provenía de su insaciable curiosidad y eso es justo lo que describía a Mara. Se interesaba en todo lo que la gente tenía que decir. Más allá de la ciencia. Si se hablaba de negocios, le interesaba; si se hablaba de política le interesaba; si se hablaba de los chismes de la realeza le interesaban (con la ventaja de que él era el único que SÍ conocía al príncipe de Asturias): hablara quien hablara de lo que hablara, siempre lo escuchaba y le hacía preguntas. Siempre respetuoso de la palabra de los demás. Un gigante que nunca vio a nadie para abajo.

A diferencia de los que se creen genios y poseedores de la verdad absoluta, Mara empezaba por levantar los oídos. Asumía que algo podía seguir aprendiendo. Claro que al final él hacía el comentario más mordaz y acertado de todos. A veces no era políticamente correcto, pero generalmente estaba EN lo correcto.

Fue un hombre comprometido con el género humano. Podría haber sido la ciencia su medio, pero el resultado final lo medía en personas. Fueran científicos en México, en la exUnión Soviética, alumnos de una escuela técnica en Israel, candidatos doctorales en México... o personas de la vida diaria.

Como buen hombre de ciencia, Mara siempre dijo que el concepto de irse al cielo eran una patraña.

Mi anécdota favorita es esta. Acababa de fallecer mi tío cuando un conocido se le acercó a mi papá y le preguntó que si era algo del Dr. Moshinsky. "Sí, ¿usted lo conocía?", le respondió mi papá. La persona continuó: "Cuando yo era niño mis papas trabajaban en el departamento de limpieza de la facultad de física. Unas vacaciones, habría tenido yo 8 años, no tenían quién me cuidara en casa, así que me tenían que llevar con ellos todos los días al trabajo. Imagínese mi cara y mi hastío todo el día, todos los días, vagando por los pasillos. El doctor Moshinsky me veía y muy educado me saludaba. Al par de días llegó y de la nada con un par de patines nuevos y me los regaló".

Definitivamente hay cosas que ni la medalla de la UNESCO puede comprar.

Y a fin de cuentas, más que un físico, fue un hombre enamorado de lo que hacía hasta su último suspiro. Una lección invaluable para todos aquellos que tanto nos hacemos bolas con la "metafísica" de la vida. Creo que esto es lo más importante que me dejó: Ama pasionalmente lo que haces, solo así vas a ser excelente, solo así vas a vivir tu vida al máximo. Solo así vas a marcar una diferencia en el mundo.

La última vez que lo vi, el día antes de fallecer, estaba en el hospital entrando y saliendo de la conciencia. Débil y ya con el pelo blanco, pero aun así, enorme sobre la cama. Llevaba días sin hablar. De pronto abrió los ojos y dijo: "Estoy retrasado". "¿En qué estás retrasado, Mara?", le preguntó mi abuela, su hermana. "En el trabajo", respondió él. Estoy segura que alguna fórmula merodeaba en su mente o alguna opinión sobre la política en México o sobre la física en el mundo. Su excelencia venía, además de por su genio, por su pasión.

¿Dónde está el Dr. Moshinsky hoy, a 9 años de su muerte? Como buen hombre de ciencia, Mara siempre dijo que el concepto de irse al cielo era una patraña. Pero, aun así, estoy segura que sigue distinguiéndose por su altura, viéndonos desde arriba. Como siempre, un gigante.

(VIDEO: La relación Moshinsky-Siqueiros)

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.