MÉXICO
06/02/2019 6:12 AM CST | Actualizado 06/02/2019 6:12 PM CST

La Unión Tepito estaría acabada, pero las autoridades dejaron ir a sus jefes

Los dos líderes dispuestos a ocupar el lugar vacante que dejó El Pozoles estuvieron en manos de la policía, pero los pusieron en libertad

Policías resguardan el local en Garibaldi donde el Huguito intentó asesinar al Tortas
LUIS CARBAYO / CUARTOSCURO.COM
Policías resguardan el local en Garibaldi donde el Huguito intentó asesinar al Tortas

La más grande organización criminal del centro de la capital mexicana, La Unión Tepito, ya estaría acabada, si no fuera porque las mismas autoridades tuvieron en sus manos a los dos líderes más violentos que siguen en libertad y los dejaron ir.

Este fin de semana, la Policía Federal informó la detención de Brayan Mauricio González, el Pozoles, jefe de narcomenudistas en el cártel de La Unión Tepito y presunto asesino serial de mujeres. Luego de su detención, agentes de la procuraduría capitalina afirmaron a reporteros de la fuente policiaca que el cártel está "casi desmantelado" y a punto de fragmentarse en pequeños grupos en las alcaldías Cuauhtémoc y Venustiano Carranza.

Solo faltaría detener a dos importantes capos, a quienes les atribuyen gran parte de la violencia en la zona centro de Ciudad de México: Víctor Hugo Ávila, el Huguito, y su examigo y rival a muerte, Jorge Flores, el Tortas. Ambos comparten un pasado criminal similar, delitos similares y un rasgo en común: hay fotografías de ambos en los archivos de la policía porque estuvieron detenidos por delitos graves y luego fueron soltados de vuelta a las calles, donde han dejado un rastro de sangre.

El Huguito es quien estaría al frente de La Unión Tepito después de una serie de arrestos y asesinatos contra los veteranos del grupo criminal. Detuvieron al Pozoles, el Pistache, el Tiger, el Trompas, el Maciel, el Betito y mataron a la Pulga, el Gaznate y a Pancho Cayagua. Esa carambola de ejecuciones, traiciones y descuidos habría puesto al joven de 23 años al frente del grupo criminal.

Cuando se busca su nombre y su apodo, siempre aparecen dos fotografías que le tomó la policía capitalina, que captó su cuerpo delgado y sus facciones aniñadas. Desde los 16 años, ha estado dos veces en un Ministerio Público: una vez en 2016 por robo y otra vez en 2017 por secuestro. Esa última vez fue detenido en Paseo de la Reforma, en flagrancia, mientras intentaba privar de la libertad a un comerciante, quien por miedo abandonó la denuncia penal. Pese a que las autoridades le seguían la pista al Huguito por extorsión y venta de drogas, y le encontraron un arma de fuego, lo dejaron libre.

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Esta es la última foto del Huguito con la que cuentan las autoridades capitalinas

La pinta de niño que tiene el Huguito es lo único aparentemente inocente en él. Los archivos de la policía retratan a un joven despiadado, aficionado a torturar a sus víctimas y a ordenar que sean desmembrados y abandonados en un lugar público, como sucedió con José N., cuyo cuerpo fue hallado en la esquina de las calles Peñón y Jesús Carranza, en el corazón de Tepito, su bastión.

El año siguiente de su liberación, el Huguito orquestó uno de los ataques armados más violentos en la historia reciente de Ciudad de México: junto con sus sicarios el Irving, el Coronas y el Romel, se visitó de mariachi y tiró a matar dentro de un local en Garibaldi, la plaza internacionalmente conocida por ser el epicentro de la música típica mexicana. El comando mató a cinco y falló al asesinar al principal objetivo: El Tortas.

Jorge Flores, el Tortas, fue hasta 2015 un respetado líder dentro de La Unión Tepito hasta que sus diferencias con el Betito lo hicieron declararle la guerra a su antiguo grupo. Con ayuda de un grupo de disidentes fundó La Fuerza Antiunión, que pretende controlar el negocio de la venta de droga, cobro de extorsión y secuestros.

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Así es como las autoridades capitalinas captaron al Tortas durante su detención

El Tortas, o el Comandante T, tiene 42 años y un gesto duro y hosco que se hace más hostil con la cabeza rapada. Pero hasta ahí terminan sus diferencias con el Huguito: ambos son sanguinarios criminales, acostumbrados a cercar a su enemigo asesinando a su círculo cercano, con una larga lista de familiares presos y con una carrera criminal que comenzó en la adolescencia.

Abandonó la idea de empezar la preparatoria para dedicarse al robo, extorsiones y homicidios. En 2015, el Tortas fue detenido por el secuestro de un comerciante —otra similitud con su enemigo— y enviado al Reclusorio Oriente. Un juez pudo sentenciarlo hasta 60 años en prisión, pero en lugar de eso pasó solo dos años encerrado. En 2017, volvió a las calles a reclamar su puesto criminal en lo alto del Centro Histórico.

Ambos, el Huguito y el Tortas, son ahora una preocupación para las autoridades capitalinas. De sus liderazgos podría brotar la siguiente oleada de violencia en Ciudad de México. Una preocupación que pudo evitarse, si desde que los detuvieron, no les hubieran dejado ir.