MÉXICO
18/01/2019 6:18 AM CST | Actualizado 18/01/2019 8:33 AM CST

Así es desaparecer en la tierra de un líder huachicolero: ¿dónde está Juan de Dios?

María Luisa Núñez narra cómo fue la desaparición de su hijo de hoy 24 años en la zona de dominio de los huachicoleros de Puebla

Juan de Dios Núñez Barojas, desaparecido en el Triángulo Rojo de Puebla.
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Juan de Dios Núñez Barojas, desaparecido en el Triángulo Rojo de Puebla.

La noche del 28 de abril de 2017, el mal sueño de la desaparición de Juan de Dios Núñez Barojas inició con una llamada a su celular que se perdió en la nada. La línea telefónica que el joven de 23 años mantenía siempre encendida, de pronto, mandaba al buzón de voz. Juan de Dios siempre contestaba su teléfono, pero —por alguna razón que su familia aún desconoce— cuando el teléfono se apagó, se encendió una pesadilla por saber qué había pasado con ese joven bailarín cuya única falta fue conducir por las tierras que dominan los líderes del huachicoleo en el Triángulo Rojo de Puebla.

Aquel día, recuerda su mamá, María Luisa Núñez, Juan de Dios había viajado junto con dos amigos desde su comunidad, Tehuitzo, en el municipio de Palmar del Bravo, Puebla, hacia Tecamachalco, Estado de México, a donde había ido a recolectar unos pagos para el negocio familiar. Todo había salido bien en el viaje de ida. Por la noche, Juan de Dios avisó que a 10 minutos de casa, en la comunidad de Cuacnopalan, Puebla, un retén les había impedido el paso.

Los retenes en esa zona de Puebla, cuenta su mamá al HuffPost México, son tan comunes como un bache en la ciudad. Lo usual es toparse con uno o dos puntos de revisión de vehículos saliendo de Puebla. Se habían intensificado desde hace un par de años, cuando el gobierno federal, por fin, puso atención a Palmar del Bravo como un foco rojo del huachicoleo. El municipio, antes tranquilo, se había convertido en una guarida para los ladrones de combustible, que además se paseaban por la región con armas largas y dejaban muertos y secuestros a su paso.

La llamada de Juan de Dios advirtió que, por culpa del retén, tardaría 30 minutos más en llegar a casa: en lugar de tomar el camino habitual, él y sus dos amigos rodearían por los caminos ejidales de Tehuitzo. Esa fue la última vez que alguien lo escuchó. Después de eso, su teléfono se apagó.

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Ficha con los datos de Juan de Dios para su localización.

María Luisa Núñez recuerda que a las 9 de la noche un mal presentimiento se le metió en las entrañas. Creció a las 10 y se instaló como un miedo intenso a la medianoche. La familia llamó a todos los que conocía y preguntó por Juan de Dios, pero nadie lo había visto.

"Los caminos que mi hijo tomó para rodear el retén son muy peligrosos. Y muy oscuros. No hay alumbrado, no hay nada. Es donde los huachicoleros se meten a ordeñar los ductos de Pemex. Meterse a buscarlo en la madrugada era arriesgarnos más de lo que ya estábamos en riesgo", recuerda María Luisa Núñez, quien aquella noche esperó, amargamente, a que el sol se pusiera para poder buscar a su hijo.

El sábado comenzó la búsqueda. Familiares y amigos recorrieron la zona gritando su nombre, repartiendo fotocopias con su fotografía a quien se les atravesara. También hurgaron en los hospitales, cárceles municipales, comandancias locales. Nada. Todos aseguraron que no habían visto nada. Así que el domingo acudieron a la agencia del ministerio público más cerca a Palmar del Bravo y presentaron una denuncia formal por desaparición forzada.

"¿Qué pasó ahí? Nos quisieron culpar de su desaparición, '¿a qué se dedicaba nuestro hijo? ¿no andaba en malos pasos? ¿seguros que huyó porque andaba con malas compañías?' Nunca les interesó buscarlo, sino justificar por qué no lo iban a buscar", narra su mamá.

Tras largos días de batalla contra la burocracia, María Luisa logró, el 5 de mayo, que le fuera otorgada una orden para recibir la sábana de llamadas recibidas al celular de su hijo. Esa información, confío, lo llevaría hasta él. Si sus captores habían robado su teléfono, y lo estaban usando, ella ya tenía la herramienta legal para localizar el móvil y llegar hasta los secuestradores.

Para su sorpresa, la sábana de llamadas marcaba que, días después de la desaparición de su hijo, el teléfono estuvo activo en una vivienda en Palmar del Bravo, a 10 minutos de su casa. Emocionada con el hallazgo, corrió hasta la Policía Militar y pidió su ayuda.

"Les dije '¡ya lo encontré!, ¡ya sé dónde está!, ¡ayúdenme, vamos por él! Y fueron conmigo, hicieron como que sí, que lo iban a rescatar, pero cuando les dije dónde era, les señalé las casas donde el celular había sido usado por última vez, los militares solo me dijeron que no podían meterse. Y así como llegaron, se dieron la vuelta y se fueron".

Aquella zona, Palmar del Bravo, es un bastión de las bandas de huachicoleros más importantes de Puebla. En aquel entonces, el capo era un tipo apodado El Kalimba, quien presuntamente tenía en su nómina al alcalde del municipio, a la policía local e incluso a varios elementos del Ejército. Cualquier intervención policiaca o militar en el municipio tenía que pasar, necesariamente, por la aprobación del capo.

Hoy, Palmar del Bravo es dominada por Antonio Martínez Fuentes, El Toñín, un jefe criminal temido en la zona. Nada se mueve en Palmar del Bravo sin su autorización.

María Luisa llora con ese recuerdo. Se le hace añicos la voz. La sorpresa y la frustración le impidieron pensar en otra estrategia para salvar a su hijo. "Yo estaba aturdida. Ahora lo pienso y dijo que debí irme con palos, con machetes, a meterme a esas casas. Pero me aturdió todo. Yo les dije donde estaba mi hijo, los alerté y no me hicieron caso".

"Aquí en el Triángulo Rojo así es la vida: los delincuentes son los dueños de todo. De absolutamente todo. Mi hijo estaba por entrar a la universidad. Era un chico bueno, amoroso, de gran corazón. Su delito fue que un retén lo mandó por otro camino a su casa y ese camino es de esos tipos. Y por eso, porque se metió a sus terrenos, es que está desaparecido".

María Luisa Núñez aún habla de Juan de Dios en presente. Dice que, mientras lo busque, lo hará pensando que sigue con vida. Tiene la esperanza de que pronto podrá verlo y abrazarlo, como lo hacía cada noche. También cree que cuando acabe la larga pesadilla del control de los huachicoleros en Puebla, muchos otros casos de desaparecidos tendrán el cierre que merecen sus familiares.

"Desaparecer en tierra de huachicoleros es como perderse en un hoyo negro. Nadie te va a buscar, más que tu familia, arriesgando la vida", cuenta la madre, fundadora del Colectivo Voz de los Desaparecidos en Puebla. "No solo te conviertes en víctima de la delincuencia. Te conviertes también en víctima de la corrupción".