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07/12/2018 11:38 AM CST | Actualizado 07/12/2018 4:32 PM CST

La castración a pedófilos y violadores no va a resolver la crisis de abuso sexual en México

Especialistas coinciden en que el agresor sexual no actúa por un desajuste hormonal, sino uno social o psiquiátrico

Dos propuestas a favor de la castración química han salido de Morena en el último mes; el presidente no las aprueba
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Dos propuestas a favor de la castración química han salido de Morena en el último mes; el presidente no las aprueba

En el último mes, dos propuestas salidas de las filas de Morena ven en la castración química una solución a los delitos sexuales en el país y la capital: el 15 de noviembre pasado, Nazario Norberto Sánchez, diputado local en el Congreso de Ciudad de México, propuso reformar el Código Penal local para castigar a agresores sexuales reincidentes con un tratamiento de medicamentos para inhibir el deseo sexual.

Luego, este 6 de diciembre, el senador Alejandro Armenta anunció que presentará en los próximos días una iniciativa para castrar químicamente a violadores y pederastas porque, según sus cifras, así se logrará sacar a México del primer lugar en el mundo en materia de abuso sexual.

Ambas propuestas han chocado con el máximo militante de Morena, el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien durante su conferencia de prensa matutina de este 7 de diciembre, rechazó las propuestas de sus compañeros de partido.

"Ninguna medida de ese tipo es solución. Hay que atender las causas", atajó el presidente de la República.

Con López Obrador coinciden otros especialistas que trabajan en países donde ya se aplica la castración química, aunque por motivos diferentes a los del tabasqueño.

Lo primero que hay que diferenciar es la castración y la castración química. La primera consiste en remover quirúrgicamente los genitales de un ser vivo para impedirle tener relaciones sexuales; la segunda es una serie de inyecciones, o medicamentos administrados vía oral, que disminuyen el líbido de las personas hasta desplomar su deseo sexual.

En teoría, eso impediría que los criminales abusen sexualmente de menores, mujeres y, en menor proporción, a varones dentro de las casas, lugares de trrabajo y vía pública, pero la realidad del delito sexual es más compleja.

El sexólogo Daniel Rodríguez, oriundo de Argentina, donde se aplica la castración química a agresores sexuales, ha dicho que este castigo, desde el punto de vista científico, no tiene efectividad, dado que el tratamiento solo suprime la líbido del paciente, pero los trastornos siguen a nivel psicológico o psiquiátrico.

"Lamentablemente, es una patología psiquiátrica, no es un problema hormonal", aseguró.

El sociólogo Ramón Fernández, de Perú, donde en mayo el Congreso aprobó la castración química para violadores, ha calificado la medida como "populista", pues no resuelve el fondo del problema, que es una sociedad machista que observa los cuerpos de niñas y mujeres como algo que pueden arrebatar.

"El violador no está buscando satisfacer un deseo sexual. Lo que busca es satisfacer un deseo de obtener poder mediante la dominación. Busca humillar, engrandecerse frente al débil. Si tu le quitas la líbido a esas personas, estas ignorando la real causa del delito y dejas libre a una persona violenta".

El médico urólogo Alberto Tejada, también peruano, cree que esta es una solución a medias: un tratamiento reductor de los los niveles de testosterona, la hormona responsable de producir el deseo sexual, debe ser aplicado de forma permanente. Al ser un tratamiento caro y pagado por el gobierno, es posible que un día ya no haya recursos para aplicarlo de por vida a todos los criminales. "Y si el tratamiento se interrumpe, el efecto se revierte".

Leticia Ávalos, sexóloga mexicana, coincide en este punto: un violador es, a fin de cuentas, un agresor. Detrás de la violación o el abuso sexual, es posible que se esconda un historial de abusos físicos, emocionales, a personas o animales, que se pueden potenciar en libertad cuando sea exonerado después del tratamiento supresor de la líbido.

"¿Qué hará un violador que no puede violar? ¿Un sádico que disfruta penetrar a la fuerza y que ya no puede tener erección? Mañana, liberado porque ya está castrado, es un feminicida en potencia. La castración química es una cortina de humo para el verdadero problema: no hay educación sexual ni con perspectiva de género".