MÉXICO
02/12/2018 6:00 AM CST

#CRÓNICA AMLO y el Zócalo, el uno para el otro

La complicidad y unión entre AMLO y sus seguidores es impresionante.

César Rodríguez/Bloomberg via Getty Images
AMLO camino al escenario instalado en el Zócalo en su primer día como presidente de México. Foto: César Rodríguez/Bloomberg via Getty Images

Quien no ha escuchado en vivo y en directo a Andrés Manuel López Obrador —no en televisión, no por radio ni por internet, sino teniéndolo enfrente— difícilmente podrá entender el efecto y el poder de la palabra que este personaje tiene en sus seguidores. Y eso se comprobó en su primer día como presidente de México, que inició en el Palacio Legislativo de San Lázaro, continuó en Palacio Nacional, pero que vivió su esplendor en el Zócalo, lugar al que asistieron 150 mil personas para escucharlo.

En la plancha central del centro de la Ciudad de México comenzaron a reunirse desde la mañana del 1 de diciembre, y más aún hacia el mediodía, cientos de personas de diferentes partes de la ciudad y del país. Sabían que el discurso de AMLO estaba planeado hasta las 5 de la tarde, pero querían estar ahí desde temprano. Y poco les importó la fuerza de la radiación solar, más intensa por la ausencia de nubes, a pesar de la temperatura templada, que según el Sistema de Monitoreo Atmosférico de la Ciudad de México osciló entre los 20 y los 23 grados.

De ahí que destacaran en la multitud los paraguas de diferentes colores con la imagen de la cara del nuevo presidente de México, y que los vendedores ambulantes ofrecían a 100 pesos. También había muñecos con su figura, tazas, libros, sombreros, banderas de México, gorras de MORENA, etc.

Frente a la Catedral Metropolitana se ubicó el escenario, decorado con 40 mil hojas de totomoxtle, las hojas del maíz. El concepto y el decorado fueron realizados por artesanos de Huamantla, Tlaxcala. La conductora de la celebración cultural fue la senadora y directora teatral Jesusa Rodríguez, quien demostró experiencia y habilidad para guiar el evento y presentar a grupos procedentes de diferentes partes de México.

Una de las composiciones que más corearon los asistentes fue "El pueblo unido jamás será vencido", canción chilena de protesta que hizo famosa la banda Quilapayún, interpretada esta vez por la banda filarmónica de Tlaxiaco, Oaxaca. También se presentó la Orquesta sinfónica Nacional, dirigida por Eduardo García Barrios.

Pero mientras en el escenario se desarrollaban actividades culturales, frente a Palacio Nacional, la llegada de camionetas con invitados provocó emociones, comentarios y gritos entre los presentes, quienes detrás de las vallas intentaban adivinaban el nombre los invitados que arribaban. "Deberían ir avisando quién llega", "Camarada Evo (en referencia al presidente de Bolivia, Evo Morales), vamos a partirle la madre a los yankis"; "Evo, Evo, Evo"; "a la Ivanka no la queremos, al Trump tampoco", fueron algunas de las frases escuchadas.

Nicolás Maduro, el granito en el arroz

Aunque la presencia extranjera que mayor polémica despertó fue la del presidente venezolano Nicolás Maduro. Mientras una pareja de mexicanos reprochaba por medio de carteles la visita de este mandatario latinoamericano —debido a la crítica situación económica y social en la que tiene sumido a su país—, otros defendían la presencia de esta presidente, y con intensidad.

Incluso, cuando horas antes se transmitió en pantallas el mensaje de López Obrador desde Palacio Nacional, en el fragmento en el que él mencionó a diferentes invitados internacional, al pronunciar el nombre de Nicolás Maduro, una parte de los presentes en el Zócalo aplaudió con intensidad. También se sintió emoción por parte del público cuando AMLO mencionó la presencia del actual presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

De hecho, la presencia de una mujer venezolana, que criticaba la presencia de Maduro en la toma de protesta de López Obrador, generó cierto nivel de confrontación. "Ignorar es lo mejor que podemos hacer los mexicanos", "¡son del PAN!", "¿por qué vienes con eso hoy? No es el lugar", "lo que quiere es atención, déjala"; "ella tiene el derecho de venir" fueron algunas de las frases escuchadas y el grupo que se formó alrededor de esta persona se disolvió después de unos minutos.

Por qué confiar en AMLO

"No podemos estar peor que como estamos", comenta Stephany Mijangos, estudiante, —quien también votó por AMLO en 2012— ante la pregunta de qué le diría a las personas que piensan que López Obrador pudiera ser autoritario y dictador. Ella se tomaba selfies con un muñeco con la forma de AMLO.

Stephanie asistió este 1 de diciembre porque quería ser parte del momento, de este cambio que define como positivo. Y considera que el pensamiento de izquierda y la visión social de AMLO son diferentes a lo vivido desde hace 80 años en México.

"Es muy difícil que en un país como México, AMLO se pueda convertir en dictador. Los mercados se han comportado muy bien, no hay razón para tener miedo", opina Eduardo Vázquez, maestro de preescolar de 29 años procedente de Tulancingo, Hildalgo, quien esperaba el mensaje del nuevo presidente sentado en la plancha del Zócalo, debajo un paraguas y acompañado de su familia.

"Me siento muy contento en este día. No será fácil (el gobierno de López Obrador) y no espero que cumpla todo lo que prometió, es imposible, pero espero que sea el inicio del algo mejor, de un nuevo país", agregó este joven, quien también vino a la Ciudad de México para apoyar a AMLO luego de los resultados de las elecciones de 2006 y 2012.

"No creo que sea dictador porque para eso nos invitó desde hace unas semanas a participar en la vida política del país por medio de encuestas", declara Yolanda Islas, técnico radióloga y mamá de Eduardo. Ella acota: "No todas las mayorías tienen la razón, pero todos tenemos derecho a equivocarnos y será un error que tendríamos que aceptar". En tanto que su hija, Adriana Vázquez, estudiante de 26 años, declara que su generación, —la del hartazgo— colocó a AMLO en el poder. Y recuerda que las redes sociales fueron de mucha ayuda en este proceso.

Las palabras del nuevo presidente

Ya desde antes de las 5 de la tarde un grupo de personas se acumuló en las vallas frente a la puerta de Palacio Nacional, esperando ansiosamente el mensaje de López Obrador. Pero el tiempo pasaba y AMLO no aparecía. Por un pasillo a un lado de Palacio Nacional -que comunicaba a este con el escenario principal- pasaron personajes como Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno electa de Ciudad de México, y Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Entonces no quedaba claro qué pasaría.

Hasta que minutos después un grupo de personas corrieron rumbo al escenario al ver en las pantallas instalada en el Zócalo que López Obrador saludaba a las personas que se acumulaban a un lado de ese pasillo. Es decir, se confirmaba lo que se había dicho desde días antes: que López Obrador analizaba dar el mensaje desde el Zócalo y no desde Palacio Nacional. Una melodía de fondo, con sonido de flautas y caracoles, lo acompañó durante este recorrido y le imprimió un tono muy simbólico y ceremonial al momento.

El olor del copal y una limpia televisada

Cuando AMLO subió al escenario, acompañado de Beatriz Gutiérrez Müller —su esposa y titular del Consejo Honorario de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México— comenzó un ritual de purificación realizado por representantes de comunidades indígenas de México. "Protección para las malas vibras que hay en los lugares donde él camina", sintetizó uno de ellos al explicar qué buscaban ofrecerle al nuevo presidente de México. A Gutiérrez Müller también le hicieron la limpia.

El silencio pedido a los miles de asistentes al Zócalo fue prácticamente absoluto, solo el sonido de un dron lo interrumpió ligeramente. Una de las personas que dirigió la ceremonia dio indicaciones para dirigir a quienes se encontraban sobre el escenario, y en el resto del Zócalo, hacia diferentes puntos cardinales y repetir ciertas frases. Las presentes lo seguían y se respiró un ambiente de unión, que podía ser sorprendente incluso para quienes no habían votado por López Obrador.

Foto: Alejandro Cegarra/Bloomberg via Getty Images
Momento de la ceremonia de purificación de AMLO en su primer día como presidente de México. Foto: Alejandro Cegarra/Bloomberg via Getty Images

Posteriormente, al nuevo presidente se le otorgó un bastón de mando, en representación de 68 pueblos indígenas. Y luego AMLO comenzó su discurso, que fue interrumpido en ocasiones por frases de sus seguidores como "es un honor estar con Obrador", "no estás solo", "sí se pudo", "el pueblo, unido, jamás será vencido"; "Andrés, amigo, el pueblo está contigo". Y bueno, en un nivel más individual, por "cigarros, cigarros"; "dulces, chicles" a cargo de los vendedores ambulantes, quienes zigzageaban entre la multitud. Y también "ya me empezaron a dar ganas de ir al baño", que dijo alguien.

El conocimiento de AMLO de su audiencia, y su sentido del humor, le hicieron reconocer que iba a hablar mucho al confirmar, en un momento, que apenas iba en el punto 27, de los 100 que pensaba hablar. Sin embargo, las personas continuaron esuchándolos. Algunas lágrimas asomaron en diferentes momentos, también algunos "así es" cuando él pronunciaba diferentes declaraciones.

Por momentos se sintió que no estaba hablando un presidente, sino un papá o un abuelo.

Algunos de los momentos más aplaudidos: cuando habló de la cancelación de la reforma educativa, de la disminución de sueldo de los altos funcionarios y el aumento de los sueldos de los funcionarios de abajo, la pensión de 1274 pesos mensuales para adultos mayores, la mejor política exterior es la interior y la investigación a fondo de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Por momentos se sintió que no estaba hablando un presidente, sino un papá o un abuelo. Lo que quedó claro cuando provocó risas con expresiones como: "Todos nos vamos a portar bien. Para que entre todos saquemos adelante al país. Si andas en malos pasos (refiriéndose a algunos jóvenes), ya estate quieto".

Conforme atardecía, disminuía la temperatura y se extendía el discurso de AMLO, algunas personas abandonaban el Zócalo. Sin embargo, otros hacían lo que podían para mantenerse: apoyarse en el hombro de un familiar, acostarse en la plancha del Zócalo, sentarse. Querían llegar hasta el final a como diera lugar.

Eythel Aracil
Querían aguantar hasta el final del discurso de AMLO. Foto: Eythel Aracil

Eythel Aracil
La complicidad y unión entre AMLO y sus seguidores es impresionante. Foto: Eythel Aracil

Hubo personas que, incluso, a pesar del cansancio, hablaban entre ellos y hacían cuentas a partir de algunas cifras que López Obrador mencionaba en su discurso. Otras continuaban riéndose con algunas de las cosas que el nuevo presidente mencionaba. Y algunos hasta adivinaban lo que diría López Obrador. Como cuando él mencionó "el que cometa actos de corrupción" alguien se adelantó a decir "va a la cárcel". Y sí, así finalizó su frase López Obrador.

La complicidad y unión entre AMLO y sus seguidores es impresionante. Coronó un día de cielo azul, tranquilo, con familias deseosas de celebrar que por fin su candidato llegó al poder. Y que aunque haya dudas, sus palabras siempre les traerán certeza. La certeza pendiente para los otros millones que no votaron por él.

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