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27/11/2018 10:58 AM CST | Actualizado 28/11/2018 12:01 PM CST

Conoce a Aleksand, un joven sacerdote que es abiertamente homosexual en Rusia

Tiene 22 años, es sacerdote católico y dirige una iglesia católica independiente que acepta a todos sin importar orientación sexual o identidad de género

Aleksandr Khmelyov oficia misas en San Petersburgo, la segunda ciudad más poblada de Rusia después de la capital nacional Moscú,
Francesca Visser / PinkNews
Aleksandr Khmelyov oficia misas en San Petersburgo, la segunda ciudad más poblada de Rusia después de la capital nacional Moscú,

Aleksandr Khmelyov es todo menos un tipo común. Es un sacerdote de 22 años, lo cual ya lo hace un joven inusual en un mundo que cada vez mira con más desconfianza a los líderes de culto. Pero, además, es abiertamente homosexual. Y si aquello no lo hiciera lo suficientemente peculiar, hay que agregar algo: es todo eso en Rusia, donde el presidente Vladimir Putin ha alentado una persecución contra homosexuales.

La historia de Aleksandr Khmelyov fue escrita por la periodista Francesca Visser en el sitio digital especializado en comunidad LGBT, Pink News. Ahí, el joven contó su vida al frente de la Iglesia Católica Independiente en San Petersburgo, única en Rusia por abrir sus puertas a todas las orientaciones sexuales e identidades de género.

Pink News
Aleksandr Khmelyov oficia misa con un pin del orgullo gay sobre su sotana.

La iglesia incluso tiene colgada una bandera del orgullo gay a unos centímetros del altar, pero el tema de la homofobia y transfobia no es el único que se aborda: desde el púlpito, Aleksandr Khmelyov también condena frente a sus feligreses la guerra en la frontera con Ucrania y el maltrato que reciben migrantes y minorías religiosas en el país.

Por supuesto, ser un joven sacerdote homosexual en Rusia es extremadamente complicado: Aleksandr Khmelyov —una figura opositora muy reconocida en San Petersburgo— tuvo que huir de su pueblo natal ante las amenazas de muerte que se desencadenaron después de que reveló su orientación sexual.

Ha sufrido el decomiso de su computadora, cateos en su casa, intentos de arresto y, como era de esperarse, acoso en las calles, desde gritos e insultos homofóbicos hasta amenazas de muerte que son llevadas directamente hasta la puerta de la Iglesia Católica Independiente.

"Yo creo que algún día la gente nos agradecerá por lo que hicimos en el pasado, por lo que estamos haciendo ahora. Para mi es importante ser un activista porque no solo estoy defendiendo los derechos de otras personas, sino por mis propios derechos", dijo Aleksandr Khmelyov a la periodista Francesca Visser.

Para el sacerdote, su labor es indispensable en un país que ha sido blanco de recomendaciones y críticas internacionales por la violación sistemática de los derechos humanos de la comunidad LGBT: su presencia mantiene abiertas las puertas de la única iglesia que públicamente recibe, consuela y da asilo a homosexuales, lesbianas, bisexuales y personas trans que han quedado desamparadas