UN MUNDO MEJOR
25/09/2018 10:17 AM CDT | Actualizado 25/09/2018 11:56 AM CDT

Antes de las inundaciones, a Peribán lo azotó algo peor: el cártel de Los Caballeros Templarios

Un día como hoy, pero de 2013, tres cabezas fueron halladas en el camino que conduce a Peribán, hoy zona de desastre a causa de las inusuales tormentas

Para hacer frente a la delincuencia organizada, autodefensas de Peribán patrullan calles y huertas de aguacate en 2013.
JUAN JOSÉ ESTRADA SERAFÍN / CUARTOSCURO.COM
Para hacer frente a la delincuencia organizada, autodefensas de Peribán patrullan calles y huertas de aguacate en 2013.

Un 25 de septiembre, pero de 2013, los habitantes de Peribán, Michoacán —hoy azotado por las lluvias— se encerraron en sus casas más temprano que lo acostumbrado. El toque de queda autoimpuesto por los vecinos casi siempre ocurría a las 8 de la noche, nunca más allá de las 9, pero ese miércoles de hace cinco años sucedió a la hora de la comida. El municipio de unos 15 mil habitantes parecía un pueblo fantasma.

Horas antes, en la carretera que lleva a Peribán, a los pies del Obelisco al Maestro, un grupo de cultivadores de aguacate encontró tres cabezas humanas. Los gestos se habían petrificado en un rictus doloroso, la evidencia de que esos tres hombres jóvenes habían sido decapitados vivos. En las escaleras quedó una cartulina con la advertencia de que eso le pasaría a todos aquellos que se integraran a las autodefensas civiles que buscaban sacar del pueblo al cártel de Los Caballeros Templarios.

Los Caballeros Templarios eran una herida que había salido de otra y que lastimaba al pueblo como un leñador necio. Primero, habían formado parte de un grupo criminal conocido como La Familia Michoacana, que había nacido en el 2006 para sacar a balazos del estado a Los Zetas, una guardia paramilitar enfrentada con sus viejos patrones, el Cártel del Golfo.

JUAN JOSÉ ESTRADA SERAFÍN / CUARTOSCURO.COM
Un integrante de la autodefensa de Peribán busca a integrantes de Los Caballeros Templarios ocultos entre los campos de aguacate.

Los Zetas mataban, secuestraban, extorsionaban y manejaban los prósperos negocios de aguacate y limón en Peribán hasta que La Familia Michoacana los expulsó. Esos justicieros liderados por un hombre delirante, violento y ultrarreligioso conocido como Nazario Moreno, alias El Más Loco, prometieron no convertirse en aquello que combatieron. Pero lo hicieron. Y al poco tiempo La Familia Michoacana comenzó a cobrar por la "protección", transformándose en el nuevo azote de Peribán.

Tras la supuesta muerte de Nazario Moreno, uno de los líderes, Jesús Méndez, quiso liderar al grupo criminal. Su posible ascenso provocó una ruptura con otros dos líderes poderosos, Enrique Plancarte, El Kike, y Servando Gómez, La Tuta, quienes fundaron su propia organización, una mezcla de cártel, guerrilla e iglesia: le llamaron Los Caballeros Templarios, inspirados en la orden religiosa y militar de Los Caballeros Pobres de Cristo.

En 2013, Peribán era su bastión, su mina de oro, igual que otros municipios vecinos como Los Reyes. Nadie entraba y salía del pueblo sin pagar la autorización de los jefes de plaza que La Tuta rotaba. Los prósperos aguacateros de la zona pronto se sumieron en la pobreza a causa de los altos "impuestos" que cobraba el cártel. Quien se negaba, pagaba con su cabeza hallada en alguna plaza pública y su cuerpo abandonado en alguna cueva o huerta alejada.

El dominio se rompió cuando el movimiento de autodefensas se gestó en febrero de 2013 a 90 kilómetros de Peribán, en el municipio de Tepalcatepec: José Manuel Mireles, Hipólito Mora, Antonio Torres, y otros rebeldes, tomaron las armas para defender a sus comunidades ante el vacío de la autoridad y el poderío absoluto de los cárteles de la droga.

En Peribán, el líder de esas autodefensas fue un campesino ligado al negocio de los aguacates. Delgado, fibroso, moreno, con una barba de candado incongruente con su apodo: El Tío Sam, como la comunidad conocía a José Luis Blanco Estrada, regresado desde Estados Unidos para liberar a su pueblo de La Tuta y sus cómplices.

Bajo el liderazgo del El Tío Sam, las autodefensas de Peribán fueron implacables con sus verdugos: las crónicas de los medios locales reseñan cómo recorrían cuevas, montañas, descampados hasta dar con las casas donde Los Caballeros Templarios torturaban y escondían los cuerpos de sus vecinos.

Armados con rifles de caza y chalecos antibalas que decomisaban de casas de seguridad, los chicos del Tío Sam barrieron con sus enemigos, El Árabe, El Ariel, El Fantasma, La Potra. Regresaron los bienes robados a las familias, vendieron otros para financiar su lucha y destruyeron aquello que no servía, pero que podía ser reutilizado por sus enemigos.

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El Tío Sam (en la extrema derecha de la fotografía) acompañado por sus "chavos" que integraban a las Autodefensas de Peribán

Para 2014, Peribán era un pueblo distinto: de comunidad domesticada pasó a dueña de sus propios tiempos. Como no sucedía desde hace, al menos, ocho años, los vecinos podían salir a la calle de noche. Regresó la vida a la plaza principal, las cenas fuera de casa y las caminatas bajo el cielo despejado y agujerado por estrellas. La violencia seguía, pero focalizada en los ranchos y ejidos, los escondites de los sicarios, lejos de la vida cotidiana que empezaba a abrirse paso.

Esa misma cotidianeidad que este septiembre, de nuevo, fue trastocada: en Peribán van siete muertos y ocho desaparecidos este septiembre. Y a diferencia de 2013 y 2014, este año el culpable no empuña armas, pero sí es poderoso: una inusual tormenta que ha desbordado el agua de un río y de una presa que recorre a ese municipio michoacano, donde la paz es la excepción y no la regla.