ENTRETENIMIENTO
18/08/2018 11:00 PM CDT | Actualizado 19/08/2018 12:18 PM CDT

Hecha por todos y para todos: la arquitectura mexicana de Oscar Hagerman

Escuelas, clínicas, casas, muebles. El trabajo de Oscar Hagerman refleja un profundo conocimiento y amor por México.

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"Me gustan los muebles populares, esos que fabrican los carpinteros con pocas herramientas y mucha sabiduría". Declaración de Oscar Hagerman en el libro que hace un recorrido por su trayectoria.

No se necesita nacer en un país para ser de ese lugar. A veces se uno se convierte en ciudadano de un territorio de otra forma: llega al país, lo recorre, conoce bien a su gente -y no solo a la de las grandes ciudades-, descubre belleza y también problemas, se enamora y, como resultado de todo esto, decide hacerlo su hogar.

Este fue el caso de Oscar Hagerman, nacido en La Coruña, España, en 1936 -de madre gallega y padre sueco-, quien llegó a México a los quince años de edad tras una larga estancia en Cuba y que aquí desarrolló su carrera como arquitecto y diseñador. Pero no el arquitecto de los grandes edificios ni de casonas, sino más bien uno vinculado al mundo rural, de diseños funcionales, con sencillez y al mismo tiempo con la profundidad de cambiar la vida de personas. Alguien interesado en trabajar de cerca con estas comunidades.

Por décadas ha creado proyectos en Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Puebla y Jalisco que se pueden apreciar en la segunda edición del libro Oscar Hagerman, arquitectura y diseño, de Editorial Arquine, con una introducción de Elena Poniatowska, editado por Paloma Vera y narrado por el propio arquitecto.

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En este libro se hace un recorrido por la trayectoria profesional de cerca de 50 años de Hagerman, en la que materiales como barro, madera, hojas de palma y piedra se combinaron con sus ideas y con el diseño participativo: involucramiento de personas de una comunidad en la creación de su entorno.

"En muchos lugares era la primera vez que veían a un arquitecto y aprendimos juntos a hacer los proyectos. Recuerdo en la huichola las noches estrelladas y las tormentas de rayos. Recuerdo a los niños de las escuelas, muchachos que huicholes que asistían a la escuela vestidos con su ropa, como príncipes. He vuelto y he visto a los niños, ahora son directores, maestros, regresaron a ocupar puestos. Recuerdo a los mayas, me enseñaban sus casas y sus modos de vida, diferentes al mundo en el que vivíamos nosotros". Así vuelven a la mente de Oscar Hagerman las personas y los proyectos de su amplia trayectoria.

Libro Oscar Hagerman, arquitectura y diseño / Arquine
Niños con la maqueta de la escuela secundaria en San Miguel Huaixtita, un pequeño pueblo huichol en Jalisco.

Libro Oscar Hagerman, arquitectura y diseño / Arquine
Hombres de la comunidad de Jaltepec, en Oaxaca, transportan la estructura del techo de un aula. 2006

Libro Oscar Hagerman, arquitectura y diseño / Arquine
Casa amuzga, en Oaxaca.

Libro Oscar Hagerman, arquitectura y diseño / Arquine
Casa de Margarita Musiño y su familia, en Morelos. "Cuando hicimos el proyecto de esta casa no había servicio de agua, por esto recolectamos la de los techos y la almacenamos en un gran depósito debajo de la terraza", Oscar Hagerman.

Uno de estos está en Puebla. Desde 1979, él y su esposa Doris Ruiz Galindo han trabajado con comunidades nahuas en la sierra norte de ese estado para el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (Cesder), organización que forma jóvenes indígenas en áreas relacionadas con sus culturas y comunidades.

Oscar y Doris los apoyan un plan de desarrollo en el que se incluyen varias comunidades del municipio de Zautla. Se han hecho, por ejemplo, una escuela secundaria, un dormitorio para alumnos y maestros de Cesder, letrinas secas en viviendas -"hechas de barro con dos cámaras abajo para separar (los desechos), los nahuas estaban felices", recuerda Oscar- y una telesecundaria, entre otros.

Libro Oscar Hagerman, arquitectura y diseño / Arquine
Oscar Hagerman: "Hay que tener respeto y consideración por sus costumbres".
Libro Oscar Hagerman, arquitectura y diseño / Arquine
Letrinas en construcción en San Andrés Yahuitlalpan, Puebla. 1996

También destaca una clínica en Acteal, Chiapas, en 2001. Esta tuvo especial significado por ser el lugar en el que en 1997 fueron asesinadas 45 personas, la mayoría mujeres y niños. La clínica estaría junto al templo donde ocurrió la masacre. "Las autoridades me pidieron que conservásemos el templo como un testimonio de lo que había sucedido. Aún recuerdo con tristeza las viejas tablas de los muros llenas de perforaciones de balas", relata Oscar en el libro. Para el diseño final, él tomó en cuenta un dibujo que le habían dado en este lugar y en el que mostraban cómo estas personas se imaginaban su pequeño hospital.

Otro aspecto importante de la carrera de Hagerman ha sido el diseño. Él ha trabajado de manera individual y en conjunto con comunidades para la creación de muebles. Para la Cooperativa de Carpinteros Don Emiliano, en Ciudad Nezahualcóyotl, diseñó varios muebles para niños. De aquí surgió la silla arrullo, en 1968, con la que ganó en 1974 el premio Instituto Mexicano de Comercio Exterior (IMCE). Pero quizás el mayor reconocimiento no fue ese, sino que esta silla -inspirada en un diseño popular- se hizo famosa y se replicó por miles en diferentes partes del país, especialmente en mercados.

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Oscar Hagerman junto a la silla arrullo (derecha) y la silla popular que la inspiró.

Libro Oscar Hagerman, arquitectura y diseño / Arquine
Para Oscar Hagerman los muebles son "la más pequeña de las arquitecturas".

Recientemente se inauguró en la galería Kurimanzutto la exposición Sillas de México, en la que se muestran las aportaciones teóricas, prácticas y estéticas a la creación de diseños apegados a la vida común de este creador.

Toda esta experiencia acumulada por décadas, en la que el campo y sus habitantes dejan de ser algo lejano para los citadinos, se puede continuar. Hay una forma que él tiene clara para poder lograr esto. "Creo que las universidades deben preocuparse por ello, creo que debe de haber alguna materia, un taller en donde se hagan proyectos en el campo y ellos tengan que ir a vivir esa experiencia. Creo que mucho depende de las universidades y hay una exigencia actual de los muchachos, les gusta mucho trabajar en proyectos sociales y construir con sus propias manos", explica Oscar.

Hay formas en que se puede lograr que este trabajo tenga los mejores resultados y también puede cambiar la vida de quienes se involucran en los proyectos. Para este arquitecto y diseñador hay que acostumbrarse al ritmo del campo y respetarlo; no imponer ideas, sino entender, por ejemplo, por qué usan ciertos materiales. Y, especialmente, aprender a hacer las cosas como las hacen los integrantes de estas comunidades.