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16/08/2018 3:24 PM CDT | Actualizado 16/08/2018 4:24 PM CDT

Conoce a la mujer que impulsó a la cocina mexicana como patrimonio de la humanidad

Tras once años de lucha, y no pocos tropiezos, esta activista y diplomática de 78 años logró lo que pocos creían

Gloria López Morales, presidenta del Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana en su despacho al sur de la Ciudad de México
OSCAR BALDERAS / HPMX
Gloria López Morales, presidenta del Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana en su despacho al sur de la Ciudad de México

Una llamada desde el otro lado del mundo la sacó del trance. Estaba absorta viendo retozar a un par de leones en la sabana en Nairobi, la capital de Kenia, cuando su teléfono vibró dentro de su bolsillo. Del otro lado de la línea, una voz la puso en espera inmediatamente.

"Buen día, tiene una llamada de la periodista Carmen Aristegui, ¿nos aceptaría una entrevista sobre lo que sucedió ayer?".

Fue hasta entonces que la doctora Gloria López Morales, presidenta del Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, salió del shock y entendió que lo que había impulsado había tenido vibraciones que muy rápido llegaron a México. Más rápido de lo que creía.

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Sentada en el estudio de su casa al sur de la Ciudad de México, Gloria López trae al presente aquel 16 de noviembre de 2010, cuando la cocina mexicana fue declarada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, la primera y única cocina en alcanzar esa distinción.

"Cuando alguien asume causas, deja en el camino todo: amigos, enemigos, familia", recuerda. "Aquel día, me di cuenta de todo lo ganado, pero también de cómo un proyecto así te transforma por completo".

JUAN PABLO ZAMORA / CUARTOSCURO.COM
JUAN PABLO ZAMORA / CUARTOSCURO.COM

La odisea había comenzado 11 años antes con una idea romántica, casi una utopía: convencer a la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) de darle a la cocina tradicional de México un lugar similar al que tienen las pirámides de Giza o las pinturas de Miguel Ángel.

No sería una tarea sencilla: primero, había que elaborar un argumento creíble contra la idea de que los patrimonios culturales de la humanidad son únicamente objetos que se pueden tocar o lugares que se pueden visitar. La cocina de un país es como el aire, un saber que no se puede meter en un museo ni acordonar para su muestra. Luego, había que explicar por qué la cocina mexicana, y no otras, merecía ese honor histórico. Finalmente, convencer a gastrónomos, expertos en el ramo, funcionarios públicos y altos mandos internacionales de que dieran su aprobación.

Gloria López resume más de una década de trabajos en una frase: "Fue lo más extenuante de mi vida". Y eso no es poca cosa cuando se tiene su currículum: entre otras cosas, funcionaria internacional, con rango diplomático, en la UNESCO en Francia y Cuba. Fueron años con madrugadas enteras sin dormir, citas cada semana, descubrimientos alegres y francas frustraciones. "Te lo diré así: éramos cocineras, chefs, académicos, locas y locos avanzando penosamente para convencer a medio mundo de que esto valía la pena".

En la visión de Gloria López y su equipo era que la cocina mexicana necesitaba un reconocimiento que la blindara y celebrara. Que no sólo se le admirara como parte de un sistema complejo sin el cual no se entiende a México, sino que protegiera sus prácticas ancestrales para que no desaparecieran.

"Hubo oposiciones de todo tipo. Desde dentro del ramo hasta oposición política. Yo no sé qué pensaban que se podía desatar con ese nombramiento, pero algunas autoridades, que ya no vale la pena mencionar, no querían el nombramiento patrimonio cultural inmaterial".

Pero se logró. Después de años de arduas negociaciones y un cúmulo de batallas perdidas y ganadas, ella y su equipo llegaron hasta la sede de la UNESCO para presentar su proyecto. Estaban felices, agotadas, maravilladas por lo lejos que habían llegado.

Y les dijeron que no.

Solicitud rechazada. Era 2009. Y no lo sabían entonces, pero un año más tarde lograrían su objetivo.

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El 16 de noviembre de 2010 fue la revancha de aquella primera solicitud denegada. No sólo el grupo había crecido con la presencia de cocineras tradicionales y chefs de la talla de Gerardo Vazquez Lugo, sino que habían crecido en experiencia.

Aquella tarde, la delegación mexicana se presentó ante la asamblea en Nairobi con una entrada poco vista y demasiado ruidosa para los protocolos de ceremonias tan solemnes como las que acostumbra el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial: cocineras con sus trajes típicos, funcionarios con banderas de México y la sonrisa atornillada al rostro de quien sabe que va a triunfar.

La noche anterior Gloria López había dedicado sus últimas energías a convencer a algunos países miembros que no estaban seguros de darle su voto positivo a México. Tampoco quiere nombrarlos, pero revela que eran varios los que veían con desdén a la cocina mexicana. No les parecía importante y, en cambio, criticaban que banalizaba la lista. Durante horas, y a contrarreloj, Gloria López fue cabildeando uno a uno los votos de los países para asegurarse que su proyecto pasara sin contratiempos.

Poco después de la mitad de una soporífera sesión, ocurrió ese momento tan anhelado: tocó el turno de dictaminar el proyecto patrocinado por el poderoso emporio tortillero Grupo Maseca, La cocina tradicional mexicana, cultura comunitaria, ancestral y viva. El paradigma de Michoacán, que incluía toda la gastronomía del país, no sólo la michoacana.

COSME RADA / CUARTOSCURO.COM
COSME RADA / CUARTOSCURO.COM

El resultado, no por conocido, fue menos impactante: cuando se aprobó, la delegación mexicana rompió con la solemnidad de la ceremonia. Abrazos, gritos, llantos. Una kermés dentro de la UNESCO.

"¿Qué pone el mexicano en su maleta cuando va a otro país? La Virgen de Guadalupe y sus tacos. Así de importante es la cocina mexicana", acota Gloria López. "La declaratoria protege las raíces de eso que somos y deja libre a las ramas para que innoven lo que quieran. No defendemos una comida mexicana, sino las comidas que están en evolución".

"Hoy es un patrimonio vivo. Una muestra de orgullo de lo que México aporta a la historia de la humanidad. Lo digo sin recatos: el 'boom' de la cocina mexicana en el mundo es posible gracias a esa declaratoria".

Aquella noche, Gloria López y la delegación mexicana festejó con un tupido banquete en el restaurante del Hotel Intercontinental en Nairobi. Las risas, el baile, el cuerpo suelto después de tanta tensión se alargaron hasta la noche. Cuando subió a su habitación y se cambió la ropa para dormir, se sentía como un saco vacío: no le quedaba una onza más de energía.

El trabajo continúa hasta ahora. Como parte de los compromisos adquiridos con la declaratoria de patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana debe organizar foros anuales para discutir a la cocina del país. Este año, por primera vez, el Foro Mundial de la Gastronomía Mexicana saldrá de México y se instalará a partir de este jueves en Los Ángeles, California, como un mensaje de resistencia cultural a las políticas de Donald Trump.

Han pasado ocho años ya desde aquel 16 de octubre y de esa mañana en que Gloria López exhausta, salió del hotel a recuperar energías a un safari en Nairobi; 94 meses desde aquella llamada telefónica de Carmen Aristegui que le dio la señal de que, después de todo, su objetivo personal era motivo de orgullo en todo México.

"Hoy ya no me siento una predicadora en el desierto", cuenta la activista de 78 años, entusiasta del mole de espinazo tipo jalisciense. "Hoy, el mundo sabe a que sabe México".