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23/07/2018 1:11 PM CDT | Actualizado 23/07/2018 2:16 PM CDT

Un sobreviviente de las 'terapias de conversión' cuenta su impactante historia

A los 15 años, TC fue obligado a asistir a sesiones que intentaron sin éxito "curar" su homosexualidad

La terapia de conversión es una serie de prácticas que buscan cambiar la orientación sexual o identidad de género de una persona para que cumpla con las expectativas sociales de alguien heterosexual o cisgénero. En muchas ocasiones, en el fondo hay una motivación religiosa.

Estas prácticas incluyen métodos como terapia conversacional, terapia de electrochoques, tratar la identidad LGBTQ del mismo modo que se busca remover una adicción al alcohol o a las drogas, y más. Si bien ciertas terapias son formas legítimas de tratar a una persona que tiene problemas metales, ser homosexual, por supuesto, no es ningún trastorno psicológico.

TC., un chico homosexual de 19 años, habló hace dos años con el Huffington Post sobre cómo sobrevivió a las prácticas de las terapias de conversión. Para proteger su integridad, pidió que su nombre real no fuera revelado.

TC. fue obligado a participar en esas prácticas en 2012, cuando tenía 15 años y sus padres se enteraron de su homosexualidad. La terapia de conversión ocurrió en el sótano de una iglesia, después del horario escolar. A él y a sus padres les dijeron que la terapia tendría dos diferentes etapas.

PA Wire/PA Images

"El primer paso --que suele durar seis meses-- es cuando te 'deconstruyen como persona'. Sus tácticas aún me traumatizan. Incluían terapia de aversión, terapia de choques, acoso y, en ocasiones, abuso psicológico. Su objetivo era que nos odiáramos a nosotros mismos por ser LGBTQ (la mayoría de nosotros éramos homosexuales, pero había todo tipo de jóvenes)".

"El segundo paso del programa era 'reconstruir nuestra imagen'. Nos quitaban todo lo que nos hacía únicos como personas y nos hicieron caminar, hablar, ser como robots para complacer a Dios. Nos reenseñaron todo lo que creíamos saber. Cómo comer, caminar, vestirse, creer, incluso respirar. Al final del programa, ya no éramos personas".

TC. contó que la terapia de conversión se hacía de lunes a viernes con sesiones de electrochoques que duraban cerca de una hora y con terapia de aversión que duraba hasta tres horas.

De acuerdo con el doctor Jack Drescher, especialista en sexualidad y crítico de las terapias de conversión, hay muchos tipos de prácticas que se usan en este tipo de terapias. "La gente que las hace ha intentado todo tipo de cosas, porque ninguna realmente funciona", aseguró el experto al Huffington Post.

Drescher también dijo que la mayoría de las investigaciones sobre terapias de conversión se ha centrado en adultos que han experimentado esas sesiones, y que hay poca investigación alrededor de jóvenes LGBTQ que están, actualmente, en esas terapias.

"Claro. Sabemos historias al respecto", afirmó Drescher. "Algunos chicos han contado que huyeron de casa; hay casos de jóvenes que se suicidaron, cuando su familia se enteró de su sexualidad y se les obligó a ir a terapias de conversión. Son reportes anecdóticos, pero son anécdotas perturbadoras".

TC. dijo que muchos de los menores de edad que fueron obligados a participar en estas terapias ya se quitaron la vida.

"Lograron ponernos en contra de nosotros mismos", narra TC. "Eso es lo que llevó a muchos al suicidio. Todos compartíamos el mismo sentimiento de repudio contra nosotros mismos y contra quienes amábamos. Esto no era el típico 'me odio a mi mismo'. Era sentir asco por tu novio o novia y era querer hacer todo lo posible por cambiar. Ver a gente matarse se volvió algo cotidiano. Nos acostumbramos a eso".

Aunque no hay datos que relacionen la tasa de suicidios entre jóvenes LGBTQ con las terapias de conversión, los expertos sí han comprobado que el suicidio es una epidemia entre la comunidad gay, con tasas que son cuatro veces más altas que los chicos heterosexuales. Incluso, la mitad de las personas trans han considerado el suicidio al menos una vez en su vida.

Al reflexionar sobre la historia de las terapias de conversión, Drescher dijo que hubo un tiempo en que las personas no creían que cambiar la sexualidad de una persona fuera dañino. De hecho, hasta la década de los 90, muchos terapistas de conversión anunciaban públicamente sus servicios y muchas organizaciones de profesionales de la salud mental no levantaron la voz contra esa práctica.

Actualmente, no hay organizaciones psiquiátricas serias que vean a las terapias de conversión como prácticas aceptables. "La gente que ofrece ese tipo de tratamientos a menudo no están certificadas", explicó Drescher. "No hay ninguna regulación gubernamental que avale el trabajo que hacen".

El Centro Nacional por los Derechos de las Lesbianas, con sede en Estados Unidos, es una de las organizaciones que ha hecho más activismo contra estas terapias.

"La terapia de conversión puede causar serios daños", aseguró la directora legal del centro, Shannon Minter. "A corto plazo, la juventud LGBTQ que va a esas sesiones es engañada con el cuento de que es una gran oportunidad para ganar confianza en sí mismo y autoestima, obtener el apoyo de su familia y de otros adultos, y tener una adolescencia 'normal' con parejas y amigos. A largo plazo, las consecuencias negativas de las sesiones tienen consecuencias extremadamente serias como el abuso de alcohol y drogas, abandonar la escuela, depresión e intentos de suicidio".

Adicionalmente, los expertos no creen que una persona homosexual pueda ser "convertida" o "curada". El doctor Robert Spitzer, uno de los más visibles promotores de la "cura de la homosexualidad", se disculpó en 2012 por sus acciones y por el daño que causó a sus pacientes.

TC. escapó de la terapia de conversión fingiendo que estaba completamente rehabilitado después de volver a su comunidad de un viaje religioso. Hoy, asiste a una universidad de corte religioso y aún se identifica como homosexual, un secreto que no comparte con su familia, que cree que la terapia realmente funcionó.

"Quiero que la gente sepa que la terapia de conversión es, literalmente, una tortura", continuó TC. "Pero la experiencia encendió un fuego interno para demostrarle a todos que están equivocados. Soy gay, pero eso no quita el valor que tengo como persona. La vida continuará y la calidad de mi futuro dependerá de la energía que le dedique a mi presente. Necesito trabajar muy duro".

Cuando le preguntamos si tenía algún mensaje para el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, quien ha dicho que apoya las terapias de conversión, TC simplemente dijo: "Soy un humano. Trátenme como uno".