UN MUNDO MEJOR
17/07/2018 12:50 PM CDT | Actualizado 17/07/2018 4:32 PM CDT

Lo que te molesta de un tatuaje no es la tinta, sino la piel morena

En el fondo, lo que desata el rechazo a un tatuaje es el clasismo, asegura la presidenta de Copred.

"En México te perdonan todo, menos ser pobre", asegura Jacqueline L'hoist, presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México. Matt Crossick/ EMPICS Entertainment.
EMPICS Entertainment
"En México te perdonan todo, menos ser pobre", asegura Jacqueline L'hoist, presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México. Matt Crossick/ EMPICS Entertainment.

En 2010, una empresaria e hija de la realeza británica se convirtió en la primera dama de Reino Unido. Entre cientos de fotografías que elogiaban su estilo para vestir, una toma solía repetirse entre los paparazzis: el tatuaje de un delfín en su tobillo derecho. La portadora era Samantha Cameron. Y en aquel año, no hubo un conjunto de voces pidiendo que se retirara de su puesto.

En 2012, un joven diputado participó en un torneo altruista de box y cuando subió al ring, en shorts y sin playera, los asistentes pudieron ver con claridad el tatuaje de un globo terráqueo en su hombro izquierdo. Su portador era el futuro primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. En aquella ocasión, tampoco hubo un coro de personas que cuestionaran su calidad moral para continuar como legislador.

En 2018, un expandillero que hace activismo por la paz ganó una elección a diputado local en México. Nadie lo notó hasta que su triunfo acaparó la atención de los medios por su imagen inusual en la política: tatuado, moreno, sin traje ni corbata. Pedro César Carrizales, El Mijis, reaprendió lo que ya sabía: en México, los tatuajes no importan mucho... a menos que estén inyectados en una piel morena.

O como dice Jacqueline L'hoist, presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred): "En México te perdonan todo, menos ser pobre".

KARINA BUENDÍ­A / COPRED
Jacqueline L'Hoist, presidenta del COPRED.

Para la experta en temas de discriminación y portadora de tres tatuajes, negarle un derecho a una persona tatuada, en realidad, esconde el clasismo que persiste en la sociedad mexicana. No hay tal cosa como miedo al tatuaje, sino desprecio a los que tienen menos dinero que el resto.

"Las personas primero son discriminadas por su forma de actuar y por su apariencia. Esas son las causas más comunes. La apariencia es, por supuesto, el tono de piel, porque es visible, no lo podemos esconder", cuenta. "Si a eso le sumas una actividad determinada y una situación económica determinada, entonces podemos ver que si eres pobre y moreno, tus tatuajes caen peor que si fueras blanco y rico o famoso".

Además, los tatuajes pasan por una vinculación al crimen, dice la experta. Cuando algunos sectores de la sociedad ven a una persona tatuada y en prisión, se les reafirma esa falsa idea de que todos los presos están tatuados. Pero no todos los presos. Sólo los que se ajustan al estereotipo clasista de quien viola la ley: pobre, moreno, tatuado y en un proceso judicial.

A pesar del clasismo enraizado en la sociedad mexicana, asegura Jacqueline L'hoist, la discriminación por tatuajes es un fenómeno que se está extinguiendo paulatinamente: menos del 3 por ciento de los casos que llegan a Copred tienen que ver con este fenómeno.

A principios de 2013, era común que la Comisión recibiera varias denuncias, principalmente por trabajos que eran negados a personas tatuadas que buscaban un puesto como vendedor o vendedora o que requiriera atender personalmente a clientes. Ahora, esa cifra es casi cero, incluida la de quejas de personas tatuadas a quienes les niegan el derecho a donar sangre a algún familiar.

"Cada vez estamos más acostumbrados a los tatuajes. Estamos en una época en la que vemos comunicadores de prestigio que salen al aire con tatuajes. Deportistas, periodistas, activistas. Ahora, diputados como 'El Mijis'", dice Jacqueline L'hoist. "Y ahora lo ves en escuelas, oficinas de gobierno, hospitales. Eso era imposible hace un años".

La esperanza de Jacqueline L'hoist, y de otros activistas de derechos humanos, es que junto con la muerte de la discriminación por tatuajes, se extinga el clasismo que la acompaña.

VIDEO SUGERIDO