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17/07/2018 8:00 AM CDT | Actualizado 17/07/2018 10:12 AM CDT

México está ante el fin del PRI como partido político

TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO.COM
Tras la derrota en las elecciones presidenciales, René Juárez renuncia al cargo de presidente nacional del PRI y lo sustituye Claudia Ruiz Massieu.

Una vez finalizado el proceso electoral en México, la atención de la prensa se ha volcado a la figura de Andrés Manuel López Obrador y su próxima presidencia, dejando de lado el mal momento que está pasando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la incertidumbre sobre su futuro en el corto plazo.

Por tanto, para poder comprender el destino de dicho partido político, es necesario revisar algunos datos electorales importantes, empezando por un comparartivo entre el año 2000 y 2018.

Si comenzamos en el año 2000, momento en que el PRI pierde por primera vez una elección presidencial, el partido contaba con 20 gubernaturas (62.5% del total), 51 senadores (39.84% del total), 208 diputados (41.6% del total) y un 36.11% de votos para Francisco Labastida. Esto significaba una estructura de poder político a nivel federal y local que obligaba al poder ejecutivo a negociar con el priismo, así como la posibilidad de mantener y acrecentar una red clientelar que le facilitaría la supervivencia del partido y poder regresar al poder al cabo de 12 años.

Para 2018, el PRI solo contará con 12 gobernadores (37.5% del total) y un estimado de 42 diputados (8.4% del total) y 14 senadores (10% respecto al total), lo cual implica menor fuerza política que hace 18 años. Y, por ende, una mayor complicación para obtener recursos económicos que faciliten el crecimiento de esa entidad partidista.

En lo que se refiere al posible voto duro del PRI en el año 2018, de acuerdo a las cifras emitidas por el Instituto Nacional Electoral (INE), en el ámbito urbano existen 7 millones de personas que aún simpatizan por el partido, mientras que en comunidades rurales el dato es de 2 millones. Esto implica un estimado de 9 millones de priistas que votan por simpatía o por cuestiones clientelares.

Esa cifra de 9 millones, comparada con la cantidad de gubernaturas y congresistas priistas repartidos entre diputados y senadores, implica una dificultad por mantener los dos millones de votos del ámbito rural. En su mayoría ese es un electorado que responde a la figura del cacique regional o del programa social en turno, los cuales ahora serán controlados por el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y la figura de Andrés Manuel, por lo que es razonable pensar en una migración de votantes de un partido a otro en el corto y mediano plazo.

En el medio urbano es donde existen mejores oportunidades para el PRI de mantener un voto fiel, el cual estará compuesto por reales simpatizantes al partido y algunos descontentos con la figura de Andrés Manuel.

Ante tal escenario, el PRI debe entender que su único camino de supervivencia es el de mantener al menos 5 gubernaturas los proximos doce años y que en esos estados exista realmente una labor de lucha contra la corrupción e inseguridad. Lo cual podría ser valorado por los votantes en la elección de 2030, considerando que los beneficios de una política pública no son inmediatos.

Aunque contar con 7 millones de votantes fijos y una estructura partidista capaz de movilizar a electores es algo deseable y que facilita el crecimiento de una entidad política, el problema del PRI radica en que no existe ninguna figura dentro del partido realmente valorada por la sociedad mexicana; no hay un solo gobernador, alcalde o congresista que inspire confianza al grueso de los votantes y que pueda guiar al priismo a la reconstrucción comenzando por el ámbito local y después el Federal.

La falta de figuras confiables se debe a que hasta el año pasado al interior del PRI nunca ha existido la autocrítica. No han entendido que hoy las acciones de sus personajes no solo son más fáciles de exponer por una libertad de prensa, sino que además tienen castigo en las urnas, tal como se vio el pasado 1 de julio, lo cual complica su posible reconstrucción en el corto plazo.

Ante tal escenario, el PRI tendrá que elegir a sus mejores miembros y comenzar la que será su cuarta transformación con nuevas siglas, decidir seguir igual y permitir la migración a partidos políticos más fuertes que les garanticen el acceso al poder... o simplemente conformarse con mantener el registro político a nivel nacional y algunas cuantas posiciones en el ámbito local.

Sin importar cual decisión tome el partido, estamos ante el fin del PRI tal como lo hemos conocido los últimos 60 años.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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