POLÍTICA
10/07/2018 5:01 AM CDT

"Los esperanzados" de AMLO: el peregrinaje a la casa de transición

Estas son las historias de las personas que esperan a Andrés Manuel López Obrador en su casa de transición en la colonia Roma.

Andrés Manuel López Obrador a su llegada a la casa de transición en la colonia Roma, Ciudad de México, el 9 de julio de 2018.
JOSÉ BELTRÁN
Andrés Manuel López Obrador a su llegada a la casa de transición en la colonia Roma, Ciudad de México, el 9 de julio de 2018.

Vienen desde distintos puntos de la ciudad e incluso de otros estados de la República. Se juegan todo por tener unos segundos con él, por sentirse escuchados, representados, atendidos. Él aún no tiene el poder, pero al menos lo ven cercano y confían en el hombre del momento.

Virginia y Rosalía fueron de las primeras en llegar, dicen que están en la entrada de Chihuahua 216 en la colonia Roma Norte desde las 6:30 de la mañana. Desconocen cuándo llegará, pero piensan quedarse hasta que lo vean y él las escuche.

Virginia tiene cerca de 40 años, viene acompañada de sus vecinos, cargan pancartas con fotografías de un bebé con oxígeno, jóvenes heridos, policías en un operativo, unas habitaciones destruidas y las palabras "fuimos violentados" escritas en una cartulina naranja. Rosalía Flores, en cambio, no trae pancartas, ella viene en silla de ruedas, se apoya con dos bastones y la acompañan dos familiares, también de la tercera edad. Dice que viene a ver al "Licenciado" y está a unos pasos de la puerta principal que es resguardada por dos policías privados que dicen no tener información de nada, aunque prácticamente saben todo lo que sucede ahí.

Diego Alejandro González también fue de los primeros en llegar y espera cerca de la camioneta de una televisora. A ratos se cansa y se sienta en un banco rojo, pero no planea irse de ahí, viene desde Nezahualcóyotl porque es su última opción. Desde que tuvo el accidente en donde se electrocutó, perdió un brazo y usa prótesis en las dos piernas, lo único que le queda es manejar un automóvil automático, pero no tiene dinero para comprar uno porque vendió el carro que tenía para pagar sus cuidados y que su familia comiera.

El excandidato presidencial José Antonio Meade fue quien prometió un "Registro Nacional de Necesidades de Cada Persona", pero es Andrés Manuel López Obrador (AMLO) quien parece dispuesto a cumplirlo, o al menos eso creen las decenas de personas que se acercan cada día a la casa de transición del próximo presidente de México a pedir personalmente que los ayude a encontrar empleo, a sacar a su hijo de la cárcel, a apoyarlos para que puedan trabajar en lo único que pueden hacer, o que los apoye con material inmobiliario en una de las escuelas capitalinas que fueron dañadas por el sismo del 19 de septiembre.

"Estamos aquí para pedirle al licenciado Andrés Manuel que nos apoye para recuperar nuestras casas. El 9 de junio de 2017 fuimos despojados, golpeados, desconectaron a un niño del oxígeno ya que había sido operado del hígado y todas nuestras pertenencias se quedaron adentro; llegó FEDAPUR (Fiscalía Desconcentrada de Investigación en Delitos Ambientales y en Materia de Protección Urbana) e INVEA (Instituto de Verificación Administrativa) sin ningún aviso y nos sacaron, se quedaron con todas nuestras cosas y hay un resguardo de policías viviendo en nuestras casas", dice Virginia y cuenta que viven en la calle desde que los despojaron de Avenida Cuauhtémoc 166, colonia Doctores, pese a tener 50 años habitando el predio.

Los vecinos del predio acusan a las autoridades capitalinas de estar coludidas con el arquitecto Antonio Abud Nacif, quien se presentó como el dueño del inmueble pese a que, según Virginia, no acredita la propiedad porque no tiene las escrituras. "Ellos están apostando a nuestra resistencia y no nos vamos a ir. Ahora que quede Andrés Manuel electo como presidente nosotros venimos a pedir el apoyo, sabemos que él no nos lo va a negar y que finalmente vamos a ganar y vamos a regresar a nuestras casas", dice y admite que votaron por él "porque es alguien honesto y que va a acabar con la corrupción".

JOSÉ BELTRÁN
Decenas de personas esperan a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en la casa de transición para llevarle peticiones.

Rosalía Flores no dice si votó por AMLO, pero confía en que el morenista los ayudará a sacar a su hijo de la cárcel. En junio de 2013, la arquitecta Alicia Rebeca Rivera Ugalde fue baleada por guardias privados de los Cuerpos de Seguridad Auxiliar del Estado de México (Cusaem) cuando transitaba en el Condado de Sayavedra, en Atizapán, Estado de México. El hijo de Rosalía, Óscar Fidel Ríos Flores, fue uno de los policías que se sumaron al operativo para detener una camioneta robada, pero se confundieron y alguien más abrió fuego contra el vehículo en donde se trasladaba Rebeca. "Se le sentenció injustamente porque él nomás recibió órdenes, lo acusan de robo, pero nunca se le comprobó nada. Él tiene 18 años de experiencia y sabe perfectamente lo que estaba haciendo", dice Rosalía Flores y cuenta que cuando su hijo acudió a revisar las pertenencias del acompañante de Alicia para comprobar que era colono le regresó la cartera. Óscar Fidel fue sentenciado inicialmente a 12 años, pero luego le dieron 7, de los cuales ya cumplió 5 años; acusan que la juez Lucía Nolasco le ha puesto muchos obstáculos para que salga.

De acuerdo con Rosalía, a su hijo y sus compañeros se los llevaron con engaños supuestamente a declarar, pero los entregaron."Yo lo que pido es su libertad, que se le haga justicia porque es inocente como sus compañeros", dice Rosalía y una de sus acompañantes corrobora su presunta inocencia y dice que están en la cárcel porque la familia de la arquitecta está protegida, conectada y es parte de "la mafia del poder".

Mientras López Obrador da una conferencia con el presidente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) en el Hotel Hyatt Regency Polanco, las personas presentes no se impacientan y se adelantan con sus peticiones a María Eugenia, la persona del equipo de AMLO que está encargada de recibir todas las cartas y oficios de los peticionarios. Ellos se acercan, le cuentan sus problemas y le entregan por escrito sus deseos para el próximo presidente de México. Cuando no está María Eugenia, los policías privados que dicen no saber nada de lo que pasa son los que funcionan como mensajeros.

A unos pasos de donde María Eugenia recibe la documentación, Salvador Hernández está formado y mira tímidamente la escena. Él viene desde Jilotzingo, Estado de México, para pedirle trabajo a Andrés Manuel. Es cantero, se dedica a labrar piedras, mármol y azulejo, y parece confiado de que eventualmente lo atenderán. Dice con una sonrisa que AMLO representa "el cambio verdadero".

Junto a Salvador Hernández se encuentra Martha, originaria de Tabasco, como López Obrador. Formada en la fila de peticionarios, carga una ficha de su hijo, quien fue rechazado de la universidad y espera que AMLO cumpla su promesa de dar estudio a todos sin excepción. No lo sabe en ese momento, pero su localidad la terminará ayudando en la difícil tarea de ganar la atención de Lopez Obrador por unos minutos.

En esta calle de la colonia Roma, pasan autos constantemente y algunos curiosos miran a la gente reunida en la casa de transición. Unos corredores pasan y miran a las personas que aguardan, una joven se regresa para mirar qué está pasando. No lo entiende y decide continuar con su camino, trotando.

De repente hay mucho movimiento. Algunos camarógrafos se preparan y las personas piensan que podría tratarse del hombre del momento. Un auto de lujo se detiene a la altura de Chihuahua 216. No es Andrés Manuel, pero sí Hugo Eric Flores Cervantes, dirigente del Partido Encuentro Social (PES), uno de los aliados de Morena en la elección.

Eric Flores dice que está en la casa de transición para reunirse con Andrés Manuel y hablar sobre el registro de su partido. Pese a que el PES podría perder su registro por no reunir el 3% de la votación, Hugo Eric dice que van muy bien y que los números sí le dan. Cuestionado por reporteros, evade las preguntas sobre una eventual llegada al equipo de AMLO.

A las once de la mañana la calle se transforma y llega el tres veces candidato presidencial. Unos jóvenes uniformados con chamarras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) lo reciben al grito de "Goya, goya, cachún cachún, ra ra, goya, ¡Universidad!". Uno de ellos, con el escudo de la UNAM y la palabra judo en la chamarra, es quien acapara la atención y la ventana de Andrés Manuel López Obrador. Los jóvenes le ganan el lugar privilegiado a Virginia, Rosalía, Diego Alejandro y Salvador. Andrés Manuel saluda a la multitud con la ventana abajo, mientras las puertas blancas de la casa se abren. Del Jetta blanco desciende Alfonso Romo, el próximo jefe de gabinete, y Andrés Manuel López Obrador, que se acerca a la reja para saludar a los que llevan cuatro horas esperando. Le dice a una colaboradora que deje pasar a la "señora de Tabasco". Ingresa a la casa, las cámaras vuelven a sus lugares y Martha logra ingresar.

Después del tumulto, Virginia y sus vecinos se quejan porque fueron empujados con la llegada de AMLO y sus cartulinas con denuncias a las autoridades capitalinas terminaron en el suelo. Salvador, el cantero, se ríe de que los jóvenes de judo fueron los que lograron llevar sus peticiones, pese a que llegaron más tarde que ellos. Diego Alejandro está cansado de estar parado por más de tres horas para pedirle a López Obrador ayuda para poder subsistir manejando un auto, que es todo lo que puede hacer. Alguien le pasa un banco y él se queda formado, esperando.

JOSÉ BELTRÁN
Diego Alejandro González espera a Andrés Manuel López Obrador en la casa de transición.

Finalmente, Virginia y sus vecinos se retiran una hora después, sin haber hablado personalmente con López Obrador, pero con la esperanza de que "acabará con la corrupción" y sobre todo de que podrán regresar a sus casas en Avenida Cuauhtémoc 166, colonia Doctores.

A las dos de la tarde, las cámaras apuntan a la casa de transición y todos los asistentes se amontonan. Andrés Manuel sale junto con Alfonso Romo, pero no pueden avanzar. Ya no están los judocas, pero una señora y su acompañante logran colarse a la ventana del líder morenista, al que no sueltan. Una joven le pide al chofer de AMLO que retroceda porque su pie está atorado, mientras un señor se acerca al copiloto y grita: "Tu seguridad, Andrés Manuel". Él sigue su camino con la ventana abajo, como quien no ve riesgos en gobernar un país de más de 120 millones de personas sin los cuidados del Estado Mayor Presidencial, al cual ha rechazado a cinco meses de llegar al poder.

JOSÉ BELTRÁN
Andrés Manuel López obrador (AMLO) saluda a las personas que lo esperan en la casa de transición.

Con la esperanza de hablar con López Obrador perdida, Salvador Hernández Martínez saca su tarjeta de presentación por si se ofrece un trabajo en colocación de piedra. La calle retoma su rutinario movimiento, y Martha, una señora que vende dulces en la esquina, dice que le da confianza que Andrés Manuel no cierre las calles como "todos los presidentes". "Esperamos estar mejor con él", dice.