POLÍTICA
02/07/2018 3:35 AM CDT | Actualizado 02/07/2018 9:27 AM CDT

Por fin, la tercera es la vencida y Andrés Manuel López Obrador celebró su virtual presidencia en el Zócalo

Horas antes de que se anunciaran los resultados favorables para Andrés Manuel López Obrador, la gente se dio cita en el centro de CDMX para celebrar la virtual victoria.

Luego de doce años, el candidato Andrés Manuel López Obrador finamente ganó las elecciones por la Presidencia de México. REUTERS/Goran Tomasevic
Goran Tomasevic / Reuters
Luego de doce años, el candidato Andrés Manuel López Obrador finamente ganó las elecciones por la Presidencia de México. REUTERS/Goran Tomasevic

Finalmente. La tercera sí es la vencida. Llegar a la Presidencia para Andrés Manuel López Obrador ha dejado de ser un sueño y luego de 12 años, la noche del 1 de julio pronunció un discurso triunfante. Debajo del Hotel Hilton, personas que esperaron la misma docena de años y otros que se le sumaron en el camino celebraban lo mismo la victoria del tabasqueño que la derrota y eventual salida del PAN y del PRI del poder.

Un par de horas antes de que empezaran a salir los primeros resultados del PREP la gente se acercaba cautelosa a la Alameda. Se paraban en la acera de enfrente y, cruzados de brazos, veían los análisis que hacían los expertos en un par de pantallas. Pero conservaban la esperanza y la alegría, como los aficionados del futbol esperando el siguiente partido. El quinto.

Conforme salían los reportes favorables para Morena en las casillas que se iban contabilizando, también la cantidad de personas iba en aumento. Poco a poco llegaban los colaboradores cercanos a Andrés Manuel al hotel para ser partícipes de los festejos y para estar presentes en su primer discurso como virtual vencedor de la contienda electoral.

Goran Tomasevic / Reuters

La gente se apretujó contra la valla que impedía su paso hacia el interior del hotel, hasta que cedió y algunos se colaron en el lobby sin saber a bien a dónde correr o en qué piso podrían encontrar a quien será el próximo presidente de México. Terminaban por sacarlos de ahí y los ponían de regreso al otro lado de la barrera de seguridad de la cual no se despegaban para, aunque sea, ver de lejos al tres veces candidato.

Un revuelo similar causó a su llegada a la casilla en la que le tocó votar. Con parsimonia en el rostro y en su forma de conducirse, llegó acompañado de sus hijos y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, para votar por Rosario Ibarra de Piedra. Casi una hora tuvo que esperar hasta que 15 minutos antes de las 9:00 horas le permitieron el paso. Él no lo escuchó, aunque hubiera querido, pero los vecinos que también tenían que emitir su voto estaban muy molestos por la cantidad de prensa reunida que no permitía el paso hacia la casilla.

El enojo iba canalizado hacia los periodistas y no contra el candidato, en ningún momento. Todo lo contrario. A su salida le gritaban palabras de aliento y le procuraban una porra de vez en cuando. Se retiró a su casa para, seguramente, ver cómo la jornada electoral transcurría casi con normalidad.

Pero al rato ni él habría de poder contener a los que llegaron a festejar su victoria, la de ellos, la de llevar hasta el puesto soñado a Obrador con tal contundencia que a los contrincantes no les quedó más que aceptar su derrota de forma tan pronta como democrática fuese posible. Los vítores con cada palabra de lamentación que pronunciaban José Antonio Meade y Ricardo Anaya eran ensordecedores.

Al ver que no van a poder conseguir acercarse ni un poco una vez que salga del Hotel Hilton, una vez que concluye su discurso como virtual ganador de las elecciones, sus seguidores empiezan a partir rumbo a la plancha del Zócalo. Van cantando y echando porras. Con una sincera sensación de alegría. Ondeaban banderas, sonaban trompetas y gritaban porras alentadoras para el morenista, mientras se daban tiempo de festejar el haber 'mochado' del poder al PRIA-AN, pues los del partido que postuló a López Obrador también va a tener mayoría en el Congreso, según el avance del PREP hasta la madrugada de este 2 de julio.

Alexandre Meneghini / Reuters

Pronto Avenida Juárez fue testigo de un desfile más. Las banderas con el color del arcoíris se paseaban orgullosas, minimizando el hecho de que en su coalición hay un partido ultraconservador. "El Cielito Lindo" y el grito de "¡Sí se pudo!" retumbaban en la calle de Madero hasta desembocar en el Zócalo, donde aguardaban, ahora sí, para escucharlo y verlo de cerca. Una vez concluido el acto, nadie se quería ir. Habían esperado tanto tiempo por aquello que preferían bailar por ahí, familias completas, señores y señoras de la tercera edad eran los más entusiastas, pero los jóvenes abundaban.

Por cada persona que abandonaba el perímetro, llegaban cuatro o cinco más y apenas descendían de los autos que los llevaban al punto, se sonreían y gritaban ¡AMLO! Impera el entusiasmo y la camaradería, el resto de la ciudad luce tranquila. Nada es una catástrofe, de momento. Un suspiro aliviado recorre la noche. Y si por fin ganó López Obrador, por qué no soñar también con el quinto partido de la Selección Mexicana.