INTERNACIONAL
19/06/2018 8:54 AM CDT | Actualizado 06/07/2018 9:19 AM CDT

Las otras familias separadas por Trump

No solo han sido casi tres mil niños los que han sido separados de sus padres durante la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La casa es pequeña. Tiene dos recámaras. Un hombre en una mesa con un celular hecho pedazos, que arma y desarma una y otra vez. Afuera hay una mujer bajo la sombra de un árbol casi seco en un paisaje desértico de cuarenta grados centígrados junto a un terreno abandonado y sucio.

En la sala hay un sillón con una pantalla pequeña a un lado y un ventilador enfrente. Sentado en éste hay un niño llamado Jeremy, de pelo muy rizado y dientes pequeños que cada vez que ríe cierra un poco sus luminosos ojos.

El niño no está en su casa porque ésta está en otro país que queda al otro lado de un río que corre a unos 15 kilómetros de este lugar. Jeremy es parte de una estadística poco visible. Estas son las otras familias separadas por las políticas migratorias aplicadas en la administración de Donald Trump. Son muchos más los niños separados que los casi tres mil que acepta el gobierno estadounidense.

Y muchos más los afectados. Por ejemplo, tan solo en febrero, marzo y abril de este año, fueron detenidas 23 mil 995 familias que intentaban cruzar la frontera hacia Estados Unidos de manera ilegal, de acuerdo con datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.

Y sólo por Chihuahua, entre enero y abril, 3,144 mexicanos fueron deportados, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Migración.

Junto al niño hay un hombre delgado que está nervioso porque no imaginó que un día, alguien, un desconocido, pudiera interesarse por escucharlo hablar de su vida. No lo imaginó porque su vida ―se podría pensar― era como una línea recta: sin escaladas ni descensos. La vida perfecta que cualquier introvertido podría soñar, sin sorpresas a la vuelta de cualquier esquina de antemano conocida.

Y, sin embargo, a pesar de lo apacible que pueda parecer la escena amenizada con el arrullo de un ventilador viejo es, en realidad, un momento extraordinario por tres cosas: Que la vida del hombre delgado y amable, Renán, no resultó la estable línea recta sino una especie de círculo, algo de Edipo hay en la suerte de este hombre; que nada de lo que está aquí, exceptuando al niño, es suyo y a pesar de eso aquí vive; y la más importante, que él no decidió estar aquí ahora, sino, de alguna manera, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Si el impacto de las políticas migratorias fuera una hilera de fichas de dominó, Renán sería la última ficha en caer, y lo haría además en otro país.

Abraham Rubio
Jeremy, de siete años, es otros de los miles de mexicoamericanos separados de sus padres por las políticas migratorias de Estados Unidos.

Renán Márquez vivió 15 años en El Paso, Texas. Tenía un permiso de trabajo que renovaba periódicamente. Cuatro veces ratificó su documento durante la administración del expresidente Barack Obama. El 28 de noviembre de 2017, ya bajo la administración de Donald Trump, fue llamado para renovar su permiso.

Esa mañana, la vida tranquila de trabajar doce horas diarias en la construcción, llegar a casa para cenar y preguntarle a sus tres hijos qué tal su día antes de irse a dormir se vio interrumpida por una sorpresa mayor: no solo no le renovarían su permiso de trabajo; además lo expulsarían del país y sería separado de su familia sin siquiera la oportunidad de avisarles.

Las deportaciones de mexicanos a Ciudad Juárez, Chiapas incrementaron 634% entre enero y mayo de este año, ya que en enero fueron repatriadas 136 personas y para mayo 799, de acuerdo con datos de la Dirección de Derechos Humanos del Municipio.

Sin embargo, el número de deportaciones es mayor ya que este registro es sólo de las personas que pasan por la dependencia municipal, pero hay quienes prefieren no registrarse en dicha instancia o pasan directo a la Casa del Migrante, dio a conocer el titular de la Dirección de Derechos Humanos del Municipio, Carlos Armando Chacón.

Los mexicanos que deciden pasar por esta instancia reciben ayuda para obtener una identificación, así como el pasaje gratuito en autobús para que se trasladen a cualquier punto de la República Mexicana al que busquen ir.

El número de mexicanos atendidos ha ido en aumento mes con mes desde enero de este año: en enero fueron atendidas 136 personas; en febrero, 200; en marzo, 374; en abril, 508; en mayo, 799 y hasta el 20 de junio se tenían contados 607.

En total han sido atendidos 2,624 mexicanos deportados de Estados Unidos por El Paso, Texas, hacia Ciudad Juárez. De los cuales 2,268 son hombres y 356 mujeres.

Abraham Rubio
Renán posa junto con sus hijos Bryan, Jeremy y Brandon.

"Vete a México, estate allá unos años y después solicitas un perdón, a ver si puedes volver", dice Renán que le dijo el agente estadounidense que procesaba su deportación. Entonces Renán, a pesar de su temperamento tranquilo, le cuestionó: "Por qué no te pones en mi lugar. Por qué no te vas tú a México 10 años, dejas acá a tu familia y después pides un perdón a ver si puedes volver", la reacción, por su puesto, no fue empática y el agente lo sometió, lo esposó y lo envió directo a México por el puente internacional Paso del Norte en ese mismo momento.

La separación no dejó tranquilo a Renán que estuvo pensando la manera de cruzar esa frontera que lo mantenía al margen de lo que conocía como su espacio, su vida al lado de su esposa; su matrimonio de 18 años con María. Una vida junto a sus hijos Bryan de 13 años, Jeremy de siete y Brandon de cuatro años.

Entonces Renán contrató a alguien que supuestamente lo guiaría para entrar de una de las formas más temerosas a Estados Unidos: por el puente internacional, corriendo frente a los agentes de la Patrulla Fronteriza.

El resultado no fue lo que esperaba y concluyó en una situación aún peor. Tras ser detenido, Renán pasó cuatro meses en prisión antes de ser deportado nuevamente con una advertencia y castigo de no volver en 20 años.

Los tres hijos de Renán nacieron en Estados Unidos, allá estudian y se desenvuelven con lo que entienden como su primer idioma; el inglés. La esposa de Renán, María, tiene un estatus migratorio incierto porque tiene un permiso de estadía que, ya lo supieron con la experiencia de Renán, podría revocar un juez cualquier día.

Ahora este matrimonio partido, que se conoció en Ciudad Juárez hace 20 años, enfrenta la duda de lo que se debe hacer con tres hijos desconocedores absolutos del territorio mexicano, que tienen una vida en Estados Unidos, pero sus padres no solo no son bienvenidos en el país que ellos nacieron y crecieron, sino que son perseguidos y deportados.

Jeremy, el de enmedio, se mueve cerca como si fuera la sombra de su padr. Vino a visitarlo porque está de vacaciones en la escuela. Vino sólo un fin de semana pero no hubo poder humano capaz de separarlo de él al momento de regresar a El Paso. Jeremy lloró, pataleó, gritó, se aferró al cuerpo Renán hasta que quedó claro que no se iría. Y aquí sigue, dos semanas después, con su padre desde el primer día que lo deportaron.

Para Renán la administración de Trump se ha caracterizado por un odio contra todos los inmigrantes. Por eso piensa que tal vez si México le diera la oportunidad económica se quedaría de este lado del río Bravo y traería a su familia construir de nuevo una vida tranquila, con trabajo, su iglesia cristiana para visitar los sábados, su rutina. Así, sin sorpresas ni grandes cambios.

Cuando llegó a Ciudad Juárez y se comunicó con su familia por videollamada, Renán pensó que no fue un gran cambio. Verlos a través de un cristal en la cárcel y verlos a través de una pantalla en un celular, le dio casi lo mismo.

Por eso, lo que Renán más quiere de la vida en este momento, lo que realmente espera, es vencer la frontera para unir a su familia, sin cárceles, sin celulares, sin muros en medio de ellos.