INTERNACIONAL
18/06/2018 5:21 PM CDT | Actualizado 18/06/2018 5:28 PM CDT

Vimos el partido inaugural del Mundial a 5,000 km de distancia en Siberia. Esto es lo que aprendimos de Rusia

Julia y Anatolii estan entre los 142 millones de rusos que llevan una vida diferente a la que el Kremlin quiere presentar mediante el Mundial.

EKATERINA BODYAGINA
A miles de kilómetros de distancia en Siberia, Anatolii y Julia vieron el partido 5-0, favor Rusia contra Arabia Saudita.

MEGET, Siberia — Anatolii resopla impacientemente a traves de su nariz y hurga en su sushi con los palillos. En la pantalla plana, Robbie Williams se encuentra cantando "Let me entertain you" en un traje rojo, para la ceremonia de inauguración del Mundial.

Anatolii,de 27 años, quiere ver a su equipo jugar finalmente. " Nadie necesita esta ceremonia, ¡ya que empiece!", grita directamente a la televisión de su sala con un sillon café y un tapiz floral color naranja.

Cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, habla sobre la gran familia del futbol y el maravilloso poder del deporte en su discurso, su prometida Julia interviene diciendo "solamente lo está leyendo, eso no le salió del corazón".

Al fin empieza a rodar la pelota.

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Putin da su discurso del Mundial en Moscú.

Meget está muy lejos del brillo del Mundial

Mientras el mundo observa a Moscú, Anatolii, Julia y yo estamos viendo el partido de la inauguración en la televisión, a unos 5,000 km de distancia de la capital rusa.

Estamos en Meget, Siberia, la pareja vive en el último piso de una casa multifamiliar de tres pisos hecha de ladrillos, con invernaderos que no parecen estar hechos para durar. En el patio huele a madera quemada. Justo ahora un vecino está encendiendo su sauna.

Meget solo está conectado al resplandeciente mundo de la Copa del Mundo por antena. La televisión estatal lleva el torneo a las casas de los casi 8,000 habitantes.

Rusia se presenta como un país industrial próspero y técnicamente avanzado. Y aquellos que viajan a las 13 ciudades de la Copa del Mundo encontrarán esta riqueza. Pero esos destinos solo muestran un pequeño extracto de la realidad. La riqueza de Moscú, San Petersburgo y Kaliningrado está muy, muy lejos de Meget.

En esta historia, Julia y Anatolii representan la parte de los 142 millones de rusos que llevan una vida diferente de la que el Kremlin intenta presentar a través de la Copa del Mundo. Viajamos a Siberia para conocerlos y descubrir: ¿cómo se ven en la Copa del Mundo? ¿Son ellos sus juegos también? ¿Qué piensan sobre el gobierno que trajo el torneo a Rusia?

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Bienvenidos a Meget, el brillo de las grandes ciudades no podria quedar más lejos de aquí.

Sin signos, sin fans, sin banderas

Miércoles por la tarde, alrededor de 24 horas antes: los asientos en la puerta 55 del aeropuerto de Domodedovo, en el sur de Moscú, están ocupados. Aquí es difícil pasar por alto el hecho de que Rusia es sede de la Copa del Mundo: las banderas de los países participantes y la mascota de los juegos, Zabivaka el Lobo, cuelgan en todas partes.

Estamos esperando abordar con rusos, chinos, mongoles y japoneses. Mientras el mundo vuela a Moscú, las más de 200 personas aquí quieren ir a Sibir, como se llama la región en ruso. Ahí es donde nos llevará el Airbus A321 de Siberian Airlines. Cuando el avión despega hacia el cielo nocturno, Moscú —resplandor y brillo— pasa frente a nuestra ventana de plexiglás. Durante seis horas volamos hacia el este, sobre un terreno plano, casi deshabitado.

El vasto y gran vacío de Rusia yace debajo de nosotros. Una raya naranja nos escolta en el horizonte, porque estamos persiguiendo el amanecer. Cuando aterrizamos en Irkutsk, hemos volado a través de cinco zonas horarias y son las 8:50 a.m.

'Dobroe utro' [buenos días], dice la azafata a través de los altavoces. El ambiente de la Copa Mundial ya ha desaparecido en Irkutsk. La ciudad fue fundada como una fortaleza cosaca hace 350 años; ahora, con 560,000 habitantes, es la capital regional y es conocida mundialmente por el gigantesco y cercano lago Baikal.

No hay señales de la Copa del Mundo aquí. No hay señales de fanáticos, banderas o promociones turísticas. Ni siquiera las grandes vallas publicitarias en las calles anunciando el evento deportivo. En cambio, pasamos carteles con rostros de niños que buscan una nueva familia. "Estoy buscando un nuevo hogar. Sergei, 14 años". El 4% de todos los niños en Siberia son huérfanos, una cifra inusualmente alta para una nación industrial.

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Pronto descubrimos que los espectaculares, las calles rotas y las filas de edificios en ruinas son solo una faceta de los problemas sociales y económicos en esta área. Unas horas más tarde, después de llegar a Meget a última hora de la tarde, finalmente nos encontramos con Julia y Anatolii.

Anatolii nos está esperando en un estacionamiento frente a un supermercado. Viste pantalones cortos y una camisa de manga corta roja y blanca. En Siberia en esta época del año es tan cálido como en la Riviera Española. Conocemos a un joven educado y extrovertido que no puede esperar para mostrarnos su ciudad natal.

Anatolii nos lleva a la escuela a la que asistió hace diez años. Cuando le preguntamos qué recuerda de ese momento, dice primero: "Las peleas". Fueron tiempos salvajes cuando Anatolii prefirió jugar futbol con sus amigos en lugar de estudiar. A diez minutos caminando de la escuela, nos muestra un campo de futbol. Los postes están oxidados, y alrededor de nosotros, mosquitos gordos y amarillos zumban en el aire húmedo. "Te pican si no te mueves", explica.

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Anatolii, en la cancha de futbol de su adolescencia

Le pudo haber pasado lo mismo que a muchos otros niños en Siberia. El desempleo, la adicción, las dificultades materiales y los padres con problemas de conducta son la base para un aumento dramático en la delincuencia juvenil en Siberia, según advirtió Caritas en un informe reciente.

Cuando era un niño, Anatolii soñaba con una carrera en futbol, dice. Quién sabe, tal vez se hubiera convertido en uno de los once que debutaron para Rusia en Moscú hoy. "Pero luego entendí que esto está muy lejos de mí", dice. "Otros valores se volvieron más importantes para mí".

De Vladivostok a Meget

Pero en vez de tomar el camino equivocado, Anatolii estudió economía en un pueblo cercano y trabajó en varios lugares, incluso como gerente de supermercado y conductor de camión. Actualmente trabaja como vendedor para la empresa de telecomunicaciones rusa Tele 2, donde gana suficiente dinero para llegar a fin de mes, dice.

Él gana 50,000 rublos al mes, alrededor de $16,420 pesos mexicanos, que está justo por encima del ingreso mensual promedio para los rusos. En uno de sus trabajos también conoció a Julia, que actualmente trabaja como cocinera en Irkutsk, a unos 30 minutos en coche. Ella se une a nuestra caminata. Ella también es cortés y extrovertida. Su vida refleja las distancias gigantescas de Rusia. A la edad de cuatro años, ella y sus padres se mudaron cerca de Vladivostok en la costa del Pacífico de Rusia a Meget.

Su antiguo hogar se encuentra a otros 4,000 km más al este que Meget. Solo Skype la conecta con los miembros de su familia que se quedaron allí. "Tal vez algún día quiera alejarme e ir a un lugar más cálido", dice ella. Los duros inviernos siberianos son una dura prueba para ellos, cuando la temperatura cae a casi -40 grados centígrados. En el verano, los niños juegan en las calles y los residentes se reúnen para jugar a las cartas. En invierno, no solo la naturaleza se congela, sino también la vida en Meget.

Además, hay mejores oportunidades en otros lugares para un trabajo y para ver el mundo, dice Julia.

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Los residentes de Meget se reúnen para jugar cartas.

No solo la Copa del Mundo está lejos..

Anatolii, por otro lado, sueña con construir una casa, tal vez dentro de cinco años. Al pasar por alto todo lo que le preocupa como las pensiones bajas y las altas tasas de interés. Aunque la política es la culpable, quizás incluso Putin, los dos preferirían no hablar de eso.

Mientras que en realidad solo el oeste de Rusia conoce a Putin, el jefe de Estado ruso aquí en Siberia está tan lejos de la gente como la Copa del Mundo. La incierta situación económica en el país afecta a Anatolii y a Julia, pero quien está sentado en el Kremlin parece tener apenas algún efecto en su vida cotidiana. Sus planes para el futuro son una instantánea de los anhelos de las personas en la Rusia actual, así como su confianza de que todo estará bien. Normalno, como dicen los rusos.

Es hora de ir a casa para estar frente al televisor. Detrás de nosotros se encuentra un completo contraste con el brillante mundo de los hoteles, estadios y calles recién construidos en las ciudades de la Copa del Mundo, ninguno de los cuales se encuentra en Siberia. Según el periódico financiero "RBK", Rusia invirtió aproximadamente más de US$14000 millones de dólares, más que cualquier otro país anteriormente anfitrión de la Copa del Mundo. Julia no puede imaginar que ni un centavo de este presupuesto de miles de millones haya llegado a Meget. "Solo mira a tu alrededor", dice ella.

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Un edificio de departamentos en Meget.

Anatolii al menos todavía tiene un interés deportivo en los juegos, pero a Julia no le importa la Copa del Mundo. Por supuesto, ella ve el torneo como una "gran oportunidad" para las partes del país que obtienen algo de él. Pero la Copa del Mundo parece estar fuera de la vista y fuera de la mente de muchos rusos tan lejos del torneo.

Ahora estamos sentados en la sala de estar de la pareja en un apartamento de aproximadamente 40 metros cuadrados con un tercer residente, Patrick, un gato. La hospitalidad rusa nos espera y la TV ya está funcionando. En una mesa de madera marrón hay sushi, rebanadas de carne y queso y pastel de pescado casero. En el transcurso de la noche, hay cerveza sin alcohol, té y café.

Saque inicial en Siberia

A las 20:58, hora local, justo antes del primer silbato, apostamos. Julia dice diplomáticamente 1-1, mientras que Anatolii espera 1-0 para Rusia.

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Anatolii y Julia frente a la televisión observando el partido.

El partido finalmente comienza a las 23 horas, pero no pasa mucho tiempo antes de que Anatolii aplauda y celebre mientras el primer gol entra después de tan solo 12 minutos. Le toma otros 31 minutos a Rusia alcanzar su segundo objetivo. "Estaba equivocado", dice.

Y qué equivocado está. En el minuto 87, los comentaristas ya están resumiendo el juego con la línea de marca de 3-0 para Rusia. "Fue un buen comienzo y una buena señal para el futuro", dice el experto. ¿Y Anatolii? Él es más cauteloso. "O Arabia Saudita no es muy bueno o simplemente ..." No puede terminar su frase porque Rusia golpea la pelota en la red saudita por cuarta vez.

Ahora Julia también lo reconoce: "Bien hecho, muchachos. Pero todavía era aburrido". Anatolii luego intenta agregar:"Sí, estamos orgullosos de nuestro...". Eso es 5-0. "Qué maravilla", aclama Anatolii mientras salta del sofá. En ese momento, aparece Putin en la pantalla del televisor. Se inclina hacia atrás en su asiento en el Estadio Luzhniki de Moscú y levanta ambas manos como si estuviera conmocionado. Julia intenta describir el gesto y Anatolii lo imita de forma juguetona.

Al fin y al cabo, los dos aparentemente se han entusiasmado con su presidente, a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia. La pareja y muchos millones más de rusos están animando a su país. Por un momento pueden haber olvidado sus preocupaciones diarias. Tal vez estos son los momentos por los cuales el Kremlin liberó miles de millones.

Mientras la prensa entrevista a los jugadores, Anatolii mira su teléfono móvil. Los mensajes de sus colegas están llegando. Uno escribe: "No me siento bien, no voy a trabajar mañana". Ahora es la una de la mañana, pero Anatolii y Julia se levantarán a las 6:40, al igual que todos los días de trabajo. Él la dejará en el trabajo y continuará hacia al suyo. Al final del día, a las 17 horas, será el mismo juego, solo que al revés, y Anatolii se preguntará cuánto tiempo más tiene que trabajar para comprar una casa, incluso cuando estos juegos se hayan convertido en historia.

Este artículo se publicó originalmente en HuffPost Deutschland.