ENTRETENIMIENTO
14/06/2018 7:03 AM CDT | Actualizado 14/06/2018 10:35 AM CDT

Paseos durante el Mundial de Rusia 2018

El metro de Moscú: un palacio subterráneo sin arrimones, vagoneros ni carteristas.

La estación Komsomolskaya. REUTERS/Grigory Dukor
Grigory Dukor / Reuters
La estación Komsomolskaya. REUTERS/Grigory Dukor

Viajando por el metro de Moscú, escuché a una pareja de mexicanos decir: "Órale, el metro de Moscú se parece a Bellas Artes", y por más tierno que esto se escuche, no puedo negar que tienen algo de razón.

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Estación Komsomolskay, Moscú.

Aunque las obras del Palacio empezaron en 1904, no fue sino hasta septiembre de 1934 que se inauguró, unos meses antes que el metro de Moscú, al que también se le conoce como "el palacio subterráneo".

Los dos palacios representan un conjunto de estilos a veces antagónicos que dejan perplejo a quienes los visitan, uno por curioso, y el otro por casualidad. Art nouveau por fuera, art decó por dentro, neoclásico por arriba, y demás parches de estilos europeos convierten al Palacio de Bellas Artes en una muestra viviente de la fascinación porfiriana por Europa. De ahí las cantidades inmensas de mármol empleadas para su construcción, aunque si lo comparamos con el palacio subterráneo, nos quedamos un poco cortos. Aquí hay 800,000 m2 de este material.

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Pero esto no se debe nada más a un capricho estético, la tradición de construir estaciones de metro con mármol se debe a la poca capacidad de las calles en la superficie de soportar una gran cantidad de vehículos.

De está forma el gobierno soviético de Stalin, mató muchos pájaros de un tiro: la construcción de un metro, una necesidad básica de cualquier ciudad en el mundo, el embellecimiento de una ciudad incluso en el subsuelo, el intento de demostrar la superioridad de un sistema socialista y hasta el día de hoy, obligar a sus ciudadanos a contemplar arte, aunque sea de camino a sus trabajos.

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La estación Novoslobodskaya. Moscú.

Y no es que México se quedé corto en niveles artísticos, si bien, somos la ciudad de los museos, ese es precisamente el problema, el arte se queda ahí, y los museos necesitan ser visitados.

¿Se imaginan cómo sería México si sus estaciones de metro albergaran grandes obras de arte? Tendríamos arrimones con toques de ballet o vagoneros con los grandes éxitos de Tchaikovsky?