ESTILO DE VIDA
09/06/2018 9:20 AM CDT | Actualizado 09/06/2018 9:20 AM CDT

16 fotos desgarradoras de cómo nuestra basura mata a los animales

La confunden con comida, se enredan en ella y mueren por nuestra culpa.

Al menos ocho millones de toneladas de plástico acaban en los océanos cada año, como si tiráramos el contenido de un camión de la basura a las aguas marinas cada minuto. Toda esta basura —ya sean tapones de plástico, globos o hilos de pesca— pasa factura a la vida marina.

Cuando los animales encuentran plástico flotando en el océano, muchas veces lo confunden con comida y se lo comen. Con el tiempo, si lo consumen en grandes cantidades, pueden llenarse el estómago de plástico y morir de malnutrición, como ocurrió el pasado fin de semana cuando se encontró el cadáver de una ballena en Tailandia con 80 bolsas de plástico en el estómago. También es fácil que se enreden entre envases y materiales de pesca abandonados, lo cual les provoca lesiones y, a veces, la muerte.

No hay demasiados datos fiables que determinen cuántos animales se ven perjudicados por la contaminación de los océanos cada año, pero se calcula que el último estudio de 2015―que observó unos 44.000 casos de animales que tragaron desechos o se enredaron entre plásticos desde la década de 1960― "subestima" el problema.

A continuación se incluye una galería que muestra las desgarradoras imágenes de animales que sufren las consecuencias de nuestro consumo de plásticos:

Una tortuga con una anilla de plástico que le oprime el caparazón.

(Missouri Department of Conservation)

Un albatros muerto con el estómago repleto de plásticos marinos. Fotografiado en la reserva natural Midway Atoll National Wildlife Refuge en el Océano Pacífico en septiembre de 2009.

(Chris Jordan/US Fish and Wildlife Service)

Un pez atrapado en una cinta roja en el mar Caribe.

(Karen Doody/Stocktrek Images via Getty Images)

Un ave aparentemente estrangulada con el cordel de un globo.

(Pamela Denmon USFWS)

Este lobo marino murió asfixiado por una cinta de plástico que se le enrolló en el cuello.

(Martin Harvey via Getty Images)

Una tortuga verde, atrapada entre redes de pesca. Las redes les dificultan la respiración y a veces les impiden nadar hasta la superficie, haciendo que se ahoguen.

(NOAA)

Un tiburón limón con una bolsa de plástico que le tapa las branquias en las Bahamas.

(Jonathan Bird via Getty Images)

Un elegante marino del norte, con las cicatrices que le han dejado los plásticos en la isla de Guadalupe (México).

(Kevin Schafer via Getty Images)

Un científico muestra las bolsas de plástico sacadas de los intestinos de un ballenato de Cuvier varado en Noruega.

(Christoph Noever/University of Bergen)

Bao Xishun, el hombre más alto del mundo, recupera plásticos del estómago de un delfín enfermo mientras los trabajadores le sujetan la mandíbula en un acuario de Fushun (China) en 2006. Xishun acudió al rescate de dos delfines enfermos cuando tragaron plásticos de su piscina y los veterinarios eran incapaces de llegar a su estómago para sacárselos.

(VCG via Getty Images)

Una tortuga marina que ingirió un globo.

(Blair Witherington/NOAA)

Buzos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) liberan a una foca atrapada entre basura marina.

(NOAA)

Una gaviota cubierta de una bolsa de plástico en España.

(Getty Images)

Un albatros muerto en la reserva de Midway Atoll, con el estómago lleno de desechos, que consumió en su hábitat costero. Los animales marinos no son capaces de digerir los plásticos y suelen morir de inanición como consecuencia de ello.

(NOAA)

Un lobo marino, atrapado en una red en Namibia.

GETTY IMAGES

(Getty Images)

La imagen de la ballena hallada muerta en el sur de Tailandia el primer fin de semana de junio con 80 bolsas de plástico en el estómago. Pesaban ocho kilos.

REUTERS

Hay formas de reducir el consumo de plástico a nivel individual en el día a día: empieza dejando de usar artículos de plástico de usar y tirar —como pajitas de plástico y tuppers de un solo uso— y recicla los envases de plástico que consumas.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' EEUU