ESTILO DE VIDA
09/06/2018 6:36 AM CDT | Actualizado 09/06/2018 9:00 AM CDT

Anthony Bourdain se esforzó por ser mejor

Es difícil evolucionar. Y todavía más difícil hacerlo siendo una persona pública, en tiempo real, como lo hizo Bourdain.

El chef Anthony Bourdain en Sao Paulo, Brasil.
Paulo Fridman via Getty Images
El chef Anthony Bourdain en Sao Paulo, Brasil.

Siempre me gustó la forma en que Anthony Bourdain asentía con la cabeza, en silencio, como señal de aprobación ante la primera prueba de un bocado digno de recordar. "Definitivamente disfruto mis sándwiches", dijo una vez, "dado lo bajo que caí y lo probable que hubiera sido un resultado diferente y trágico, soy un hombre muy afortunado". Pese a todas sus fallas, y sabía que tenía muchas, Bourdain también sabía saborear esos momentos.

Había viajado a mi ciudad, tal como había viajado a tu ciudad y a todas las ciudades. Bourdain sabía que era un extraño, siempre lo había sido, pero era un extraño en quien confiabas para encontrar ese único plato en ese único restaurante que hasta ese momento había estado oculto para la mayoría. Y para entender ese único bocado con el mundo que trae consigo. Sabía, como lo dijo una vez, que "no hay nada realmente más político que la comida". Así que cuando visitó Los Ángeles, donde yo crecí, confié en él para ver la ciudad tal cual era, para entender la comida coreana en el contexto de una comunidad que se como era, para entender la comida coreana frente a él en el contexto de lo que esa comunidad ha vivido.

Bourdain odiaba muchas cosas, y eso también me gustaba de él. Un poco de enojo nunca duele. Odiaba los menús de degustación y la palabra "auténtico", sea lo que fuere que eso significaba. Y cuando la gente era grosera con los camareros. No tenía ningún interés en asociarse con gente así. "Creo que seremos juzgados, eventualmente, por actos de amabilidad y sinceridad aparentemente pequeños", escribió el mes pasado. También adoraba muchas cosas, como la comida callejera, los cheesesteaks en Donkey's Place, en Nueva Jersey (no Filadelfia), y Vietnam.

"Quisiera poder regresar a Vietnam una y otra y otra vez", dijo. "Y si este lugar es tan maravilloso, el mundo debe estar lleno de muchos más lugares maravillosos e interesantes y desafiantes, desgarradores e inspiradores y hermosos".

Sin embargo, no había nada que llegara a amar más que a su hija, Ariane. Le gustaba hacer panqueques para ella. "Eso me hace feliz", dijo. De hecho, el lugar favorito del mundo para Bourdain era recoger a su hija en la escuela. A veces lloró al pensar en ella.

Confiaba en Bourdain porque era muy serio en querer ser un mejor hombre. Admitió sus propios errores y deficiencias sin el acostumbrado autoengrandecimiento. "Lastimé, decepcioné y ofendí a muchas, muchas, muchas personas y me arrepiento mucho. Es una pena que tenga que vivir con eso", dijo una vez. Bourdain sabía que no era el mejor cocinero del mundo, y tampoco era el mejor amigo. "El tipo de cuidado y alimentación que requieren los amigos, francamente no puedo darlo", dijo. El suyo era el tipo de honestidad que a menudo se encuentra en los adictos en recuperación que ya no tienen el lujo de esconderse del dolor que han causado. Él no estaba buscando crédito por su autoconciencia, sino identificando las fallas pendientes por superar.

Bourdain rápidamente admitió que había sido un "pendejo" a veces, lleno de una "rabia psicótica", según sus palabras. Eventualmente, sin embargo, se dio cuenta de que "es terrible y contraproducente hacer que la gente se sienta idiota por trabajar duro para ti".

Se hizo famoso casi por error. Si el artículo que dio inicio a su carrera hubiera sido publicado en New York Press en lugar de New Yorker, como él originalmente quería, tal vez nunca lo hubiéramos conocido. En ese momento enfrentaba problemas. "Tenía una deuda horrible, interminable e irrevocable. No tenía seguro de salud. No pagué mis impuestos. No podía pagar la renta", narró más tarde. "Fue una pesadilla". Pero el artículo salió en el New Yorker y su vida cambió. Escribió un libro y aceptó su papel como el cocinero "chico malo" de Estados Unidos. "Ahí estaba yo en la chaqueta de cuero y el cigarro; y felizmente jugué ese papel".

"La gente decía muchas cosas tontas sobre mí; usaban la palabra machista a mi alrededor. Y esta fue una acusación tan mortificante que ni siquiera lo comprendí".

Se arrepintió de muchas de las cosas que representó después del lanzamiento del libro Kitchen Confidential. En un perfil de New Yorker publicado el año pasado, el autor atribuyó a Bourdain la tarea de "crear las circunstancias en las que uno de los restaurantes más elogiados de la ciudad de Nueva York estuvo en la mira", para ser identificado más tarde ese año como un lugar donde se vivieron agresiones sexuales.

El año pasado fue especialmente crítico consigo mismo, de una manera que no lo hicieron muchos otros hombres después de las revelaciones de acoso que llevaron a la cárcel a Harvey Weinstein. Entre las mujeres que lo denunciaron estuvo la novia de Bourdain novia, Asia Argento. "Tuve que preguntarme a mí mismo, después de lo que escuché a mi alrededor, ¿por qué no era el tipo de persona con la que las mujeres sintieran confianza? Lo veo como un fracaso personal".

La voluntad de Bourdain de hacerse esas preguntas era rara, una clase de valentía a la que muchos hombres se rehusaban. Es difícil evolucionar. Y aún más difícil hacerlo en público, en tiempo real, con tu celebridad en juego. La fama tiende a hacer que la gente se vuelva frágil, a dar cada vez menos de sí mismos a un público que solo parece querer cada vez más. Bourdain fue por el otro camino. Nos trajo con él mientras viajaba por el mundo en busca de fideos decentes y una versión mejor y más honesta de sí mismo.

Si crees que tienes algún padecimiento mental y necesitas ayuda, es completamente válido y necesario consultar a un especialista. Estas son algunas sugerencias: