POLÍTICA
25/04/2018 5:03 AM CDT | Actualizado 25/04/2018 1:15 PM CDT

Una tarde de furia para tratar de entender la pesadilla #NoSonTresSomosTodxs (crónica)

Estudiantes de cine y actuación marcharon del Ángel de la Independencia hasta Bucareli para pedir justicia por los estudiantes asesinados en Tonalá.

FOTO: TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO.COM

"No, la amnistía no es una opción", responde una estudiante que asistió a la marcha para exigir justicia por el asesinato de los tres estudiantes de cine en Tonalá, Jalisco. El contingente se mueve, se para, caen al suelo los colores que utilizó para dibujar una cartulina de protesta.

No está llena la glorieta del Ángel de la Independencia ni todos los rostros reflejan tristeza. ¿Hartazgo? Quizá. Otra vez ahí. Una vez más, van a tratar de exigir justicia. Son estudiantes, en su mayoría, de cine y actuación, pero también hay familias y gente de la comunidad cinematográfica.

El cielo se abre, poco a poco, se despejan las posibilidades de lluvia y el sol se recarga sobre Paseo de la Reforma. Al frente, un gran cartel que muestra el dibujo de los rostros de Javier, Daniel y Marco. #NoSonTresSomosTodxs.

Llevan improvisadas, en cartulinas, pedazos de tela y cartón, consignas. Cambia la cifra, el estado de nuestro país en el que, esta vez, ocurrió la tragedia. Los cánticos son los mismos. Los automovilistas saben que ahora es diferente, no pitan ni chiflan, pero tampoco prestan mucha atención. Alguien sube su ventanilla y el volumen del estéreo. Se aísla. Ojalá fuera así de sencillo.

FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM

El contingente llega a la altura del campamento permanente por los otros estudiantes: los de Ayotzinapa. El pronunciamiento que hacen los dirigentes es que van en paz, como siempre, "entendemos que algunos tengan que cubrirse la cara, pero no estamos aquí para vandalizar el patrimonio".

Le tiemblan las manos y la voz, "queremos que se esclarezcan los hechos". No se atreve a decirlo. Disueltos en ácido. Tres estudiantes que hacían la tarea y grabaron "donde no debían". Disueltos en ácido.

Un rapero confesó esta tarde de indignación su participación en el crimen. En uno de sus videos sale golpeando en repetidas ocasiones un cuerpo amarrado para después prenderle fuego. No es fácil de ver cuando cabe la posibilidad de que esté familiarizado con tal práctica. Sus canciones más famosas hacen apología de la violencia y sus vistas rebasan los miles.

Ninguno de los cánticos que se entonan en la marcha, y hacen eco en los edificios, condena el narcotráfico o el crimen organizado, no piden por la desregulación de las drogas para que, quizá, esto no vuelva a pasar. En cambio, piden la renuncia y encarcelamiento del presidente y un colectivo feminista grita contra el "machismo neoliberal".

FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM

De entre la multitud sobresalen micrófonos ambientales. Algunos de los asistentes llevan sus cámaras y aprovechan para probar una nueva toma. El sol arrecia y calienta los cuerpos que lucen tatuajes alusivos al cine. Un escudo de Star Wars y una cámara antigua se asoman por ahí.

Sobre avenida Morelos, un indigente se suma a la marcha, pero claramente no entiende qué pasa, el porqué de la protesta. Despide olor a solvente y sonríe. Camina con el contingente sobre Bucareli hasta que una valla impide seguir. Los dirigentes de la marcha entran a la Secretaría de Gobernación, por turnos, a dialogar con una comisión.

Algunos bajan sus pancartas, posan para las fotos y le hacen el día a un hombre que vende papas y raspados. Parece apaciguarse el ánimo general hasta que uno de los asistentes se lanza con toda su fuerza contra la barrera que impide el avance. Todos fijan su vista sobre él. Silencio.

Proyecta la voz y grita. ¡Imagínense qué chingón ser la hija de Peña Nieto o de Aristóteles Sandoval! Acusa a los gobernadores y policías de estar coludidos con los criminales y les recrimina su ineficacia para dar respuestas. Se mantiene el silencio y una estudiante se une al encono para reclamar que su papá se está quedando sin trabajo por la violencia en Tamaulipas.

FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM

El indigente se ríe y grita incoherencias, ajeno a la realidad, pero nadie se atreve a callarlo.

Alguien trata de calmar al joven que primeramente externó su sentir, reitera que está enojado, lo grita y alguien le responde con tanta energía que todo se vuelve un gran grito. Y los gritos que se solidarizan con él surgen de aquí y de allá.

Algunos se envalentonan y empiezan a golpear la valla metálica que, al otro lado, aguardan un montón de policías. Tal vez todos los que hicieron falta para que la historia de Javier, Daniel y Marco hubiera sido otra, para que hubieran tenido una historia, para que hubieran podido contar las historias que quisieran.

Los dirigentes piden mantener la paz y la tranquilidad, no recurrir a la violencia. Surgen las discusiones de qué es violencia y se calientan los ánimos.

Dos estudiantes demandan una asamblea para dar seguimiento a las peticiones entre las que se destacan el total esclarecimiento del crimen contra los estudiantes de Tonalá y la solicitud de que policías protejan los rodajes. Y lo de siempre, la instauración de comisiones en cada escuela.

Poco a poco se van los manifestantes. En Paseo de la Reforma no ha pasado nada, los autos transitan como cada día y el cielo rompe la tregua, empiezan a caer gotas de lluvia.

Tres estudiantes de cine disueltos en ácido. Un infierno inimaginable, inabarcable... impensable.