INTERNACIONAL
21/04/2018 5:28 AM CDT | Actualizado 26/04/2018 11:58 AM CDT

La verdad sobre la caravana de migrantes de la que Trump no para de hablar

“Si tuviera algo que ofrecerles a mis hijos en Honduras, ¿no crees que estaría allá?”, pregunta uno de los migrantes.

Jordi Ruiz Cirera
Jordi Ruiz Cirera

SAN PEDRO SULA, Honduras ― En las últimas dos semanas, el presidente Donald Trump y Fox News se han estado turnando para lanzarle advertencias a los estadounidenses sobre la "gran caravana de gente de Honduras" que se aproxima a Estados Unidos. Mientras la "caravana de refugiados" cruza México, Trump ha insinuado que el grupo intentará ingresar a Estado Unidos de manera ilegal, acarreando drogas y criminalidad, y ordenó a la Guardia Nacional que refuerce la frontera.

Pero las advertencias de Trump dejan ver muy claro lo desconectado que está de la realidad. Esta es la historia real: las caravanas se han organizado desde 2008 para ayudar a los migrantes de Centroamérica a encontrar refugio en Estados Unidos o México. El ochenta por ciento de la gente que se incorporó este año es de Honduras. Ese país vive una violencia crónica y está pasando por una fuerte crisis política, por lo que la retórica hostil de Trump y la política estadounidense en la región han aportado muy poco para disuadirlos de buscar seguridad.

El 25 de marzo la caravana de migrantes salió del sur de México con más de mil migrantes. El pasado viernes, 600 personas se embarcaron en la última parte del trayecto, de la Ciudad de México a la frontera con Estados Unidos.

Los hondureños han abandonado su país desde hace mucho tiempo, debido a la corrupción, la violencia implacable y la desigualdad desenfrenada. Pero los resultados de la elección presidencial del año pasado han erosionado aún más la poca confianza que los hondureños le tenían a su gobierno.

"Honduras estaba en llamas y la crisis electoral fue como echarle más gasolina", afirma Joaquín Mejía, experto en seguridad y abogado de derechos humanos de Honduras. "Desenmascaró la realidad del país: nuestras instituciones están en quiebra y el presidente no tiene legitimidad debido a las elecciones".

VICTORIA RAZO/GETTY IMAGES
Migrantes centroamericanos descansan en el campo de un centro deportivo en Matías Romero, México, el 2 de abril.

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, un político conservador aliado de Estados Unidos, venció a Salvador Nasralla, comentarista de deportes al frente de una coalición de izquierda, en las elecciones del 26 de noviembre por muy poca diferencia. Pero los alegatos de fraude e irregularidades a lo largo del proceso electoral llevaron a miles de hondureños a las calles. El gobierno de Hernández tomó medidas despiadadas. Las fuerzas de seguridad, muy desacreditadas por casos de ejecuciones extrajudiciales, secuestros y extorsión, reprimieron brutalmente las manifestaciones públicas. Durante las protestas post electorales, fueron asesinados al menos 22 civiles.

Después de las elecciones, el gobierno ha reforzado su mano dura contra la disidencia. Las fuerzas de seguridad han hecho detenciones arbitrarias de manifestantes y han intimidado a los miembros de la oposición en sus hogares, reportan algunos grupos de derechos humanos. Brenda Mejía, abogada del grupo de derechos humanos ERIC, nos dice que su grupo ha ayudado a 105 hondureños que huyen de la persecución política en los últimos meses.

Mientras el gobierno se encargaba de las protestas públicas, la agitación le dio paso libre a las bandas criminales. El crimen ha controlado grandes partes de Honduras desde los años noventa del siglo pasado y sus actividades ilícitas han contribuido a que Honduras sea uno de los lugares más peligrosos del mundo. La tasa de homicidio cayó considerablemente en el gobierno de Hernández, de 88.6 asesinatos por cada 100 mil habitantes en 2011 a 43.6 por cada 100 mil en 2017, en parte por una campaña feroz de las fuerzas de seguridad hondureñas.

Las fuerzas de seguridad respondieron de igual modo al fortalecimiento del crimen organizado. En San Pedro Sula, ciudad del norte de Honduras, donde las protestas fueron más violentas, los civiles quedaron atrapados entre los dos polos.

"Hay más gente que se ha visto forzada a abandonar el país porque el crimen organizado se reactivó con el caos de los últimos meses; han intensificado el reclutamiento y expandido su territorio", revela Nahun Maldonado, director del centro de operaciones de World Vision, organización no gubernamental que trabaja con deportados, de San Pedro Sula.

"Vemos niños que han sido amenazados y golpeados por la policía, y por eso ya mejor se están yendo", agregó Maldonado.Y destacó que la comunidad está preocupada por casos de jóvenes desaparecidos después de levantamientos policíacos.

"No los hemos visto desde entonces", dice. "No sabemos si los mataron, o si los menores lograron escaparse a otro país".

JORDI RUIZ CIRERA/BLOOMBERG VIA GETTY IMAGES
Un grupo de refugiados y solicitantes de asilo centroamericanos, liderado por el colectivo Pueblo Sin Fronteras, espera los autobuses en Ixtepec, México, el 31 de marzo.

Junto con la creciente inestabilidad del país, los problemas crónicos siguen sin resolverse. En su primer periodo presidencial, el gobierno de Hernández quedó desprestigiado por los alegatos de violaciones a derechos humanos y corrupción. Las agencias de seguridad estuvieron involucradas en el asesinato de la activista ambiental Berta Cáceres y en 2013 la campaña de Hernández recibió financiamiento de empresas ligadas con el robo millonario al instituto de seguridad social del país.

En los primeros meses del segundo periodo presidencial, los abusos y la corrupción siguieron. En enero, el Congreso Nacional de Honduras se movilizó para defender a los legisladores de un proceso por malversación de fondos, después de que cinco de sus miembros fueran acusados en diciembre de enriquecerse con recursos gubernamentales para programas sociales.

Antes de las elecciones, más del 60 por ciento de los hondureños estaba desempleado o subempleado, mientras que más de un cuarto de los jóvenes entre 15 y 24 años no estaban en la escuela o tenían trabajo. Esta situación no ha cambiado. Las reformas en educación, salud e infraestructura han eludido estos problemas. Peor aún, el sistema de transporte cerró y las exportaciones se limitaron durante las protestas, dejando desamparada a las personas que, de por sí, tenían pocos ingresos.

Si tuviera algo que ofrecerles a mis hijos en Honduras, ¿no crees que estaría allá? Carlos Soto

En medio de la creciente inestabilidad política y la decepción del gobierno de Hernández, el instituto de migración de México reportó un incremento del 168 por ciento en el número de hondureños que llegaron a México de diciembre a febrero; los oficiales de Estados Unidos registraron un incremento del 66 por ciento de diciembre a marzo.

Las historias de los hondureños que se han incorporado a la caravana de este año: familias con hijos pequeños, hombres solteros con sus pocas pertenencias abarrotadas en mochilas, adolescentes que abandonaron sus casas ellos solos, dejan ver lo severa que es la crisis.

"Si tuviera algo que ofrecerles a mis hijos en Honduras, ¿no crees que estaría allá?", pregunta Carlos Soto de 28 años, un vendedor de electrodomésticos de San Pedro Sula, cuyo negocio cerró. Soto habló con HuffPost a principios de abril en un campo de futbol en Matías Romero, México, donde la caravana permaneció casi una semana, en espera de las negociaciones con el gobierno mexicano.

Esperanza, a quien identificamos solo por el nombre de pila para proteger su identidad, dijo que los miembros de una banda criminal secuestraron y violaron a su hija de 18 años porque Esperanza no les pudo pagar el "derecho de piso" por su puesto de tortillas. Incluso después de irse de su localidad, los ataques contra su familia continuaron.

"Hace ocho días, cortaron a mi sobrino en pedazos", reveló a HuffPost mientras caminaba una mañana en la carretera con la caravana.

A pesar de los reportes de corrupción y violaciones a derechos humanos, Estados Unidos sigue considerando a Hernández como uno de los aliados más fuertes que tiene en la región. EU ha apoyado el gobierno de Hernández con millones de dólares para contener la violencia, la migración y el contrabando. En 2017, además de la ayuda militar, Honduras percibió una cantidad de 655 millones de dólares del paquete de ayuda para Centroamérica.

JORDI RUIZ CIRERA7BLOOMBERG VIA GETTY IMAGES
Los migrantes centroamericanos viajan en el tren de carga llamado "La Bestia" en Matias Romero, México, el 1 de abril.

La administración de Trump reconoció la victoria de Hernández, pese a la controversia que había alrededor de la votación, y desde entonces ha permanecido en silencio ante la creciente inestabilidad del país. Dos días después de las elecciones, el Departamento de Estado de EU dio fe de que Honduras ha progresado en materia de derechos y humanos y en la lucha contra la corrupción, preparando el camino para liberar millones de dólares de ayuda.

"Mientras a los manifestantes los mataban a balazos en la calle y la Organización de los Estados Americanos le echaba en cara sus trucos sucios al gobierno de Honduras, la administración de Trump prefirió meter la cabeza en la arena y decir que no había nada que ver", dijo Norma Torres, representante demócrata de California, fundadora y copresidenta de la Junta de Asuntos Centroamericanos en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.

Los expertos afirman que el Departamento de Estado pensó que reconocer la victoria de Henández traería estabilidad, después de un mes de protestas y de que no se había anunciado a un ganador.

"Nadie se imaginó que después habría tanta violencia política", comentó Eric Olson, experto en Centroamérica en el Woodrow Wilson International Center of Scholars en Washington, D.C.

Irineo Mujica, director de Pueblo sin Fronteras, el grupo que organiza la caravana, señaló que Estados Unidos se ha hecho de la vista gorda ante el papel del gobierno en la crisis y ha fracasado en atacar "la raíz del problema". La venta de armamento alimenta la violencia por todos lados, afirma Mujica, debido a la laxitud de las leyes de Estados Unidos en torno a las armas. Cerca del 50 por ciento de las armas encontradas y rastreadas en escenas del crimen de Honduras son originarias de Estados Unidos. Mujica también criticó que las políticas se concentran en iniciativas en contra del tráfico, en lugar de reducir la demanda de drogas en EU, que sigue sin frenar el flujo de narcóticos.

JORDI RUIZ CIRERA/BLOOMBERG VIA GETTY IMAGES
El número de migrantes que viaja en la caravana ha disminuido desde que comenzó, ya que algunos se han separado para viajar solos o quedarse en México.
​​

Trump ha vinculado constantemente a los migrantes centroamericanos con miembros de grupos criminales como el MS-13, aun cuando muchos hondureños se han incorporado a la caravana para escapar de este tipo de bandas. Los migrantes tienen derecho a buscar asilo en la frontera, según las leyes internacionales y estadounidenses, y aún así, Trump ha manifestado constantemente su oposición ante la llegada de los hondureños. Ha instado a las autoridades mexicanas a prevenir que la caravana logre llegar a los Estados Unidos y ha solicitado que 4 mil elementos de la Guardia Nacional sean desplegados, además de exhortar a los legisladores a votar por leyes migratorias más estrictas.

"No soy un terrorista, ni un nazi, ni nada por el estilo. Solo voy a ser una persona más que vive en Estados Unidos, pero para Donald Trump eso está prohibido", reveló José a HuffPost, a quien identificamos solo por nombre de pila para proteger su identidad, antes de abordar una serie trenes y autobuses hacia la frontera México-Estados Unidos.

Sentado debajo de un árbol en un pueblo mexicano de paso, haciéndose hacia atrás el sombrero de ala ancha para protegerse del sol, el alto muchacho de 18 años, proveniente de San Pedro Sula, le contó a HuffPost que cuatro integrantes de una banda lo acorralaron en la puerta de un camión en enero, dos enfrente y dos atrás. Reconoció el tatuaje de sol en el brazo de uno, y la imagen de la virgen María en el brazo de otro. Recuerda exactamente las palabras que usaron para amenazarlo: "Si no nos haces caso, te vamos a matar. Y ya sabes que nosotros controlamos cualquier lado al que vayas".

La banda llevaba meses tratando de reclutarlo. Le habían prometido buena ropa, zapatos nuevos y un estilo de vida más lujoso. Cuando se rehusó, lo golpearon, lo que lo obligó a cambiarse de escuela. El acoso se volvió cada vez más intenso y se mudó del barrio de su madre. Mataron a un primo suyo que trabajaba en una ruta de transporte y otro hombre al que José consideraba su abuelo. Hasta donde él sabe, la policía no arrestó a nadie por ninguno de los dos casos.

El tamaño de la caravana se ha reducido en las últimas semanas porque muchos de los inmigrantes se han aventurado solos. Muchos han decidido quedarse en México, algunos con la intención de solicitar una visa o un estatus de refugiados. El viernes pasado, alrededor de 600 migrantes continuaron con la última parte del recorrido en grupo, principalmente en tren.

José se dirigió a Ciudad Juárez en el norte, donde planea trabajar pintando casas, reparando carros o en construcciones y vivir con gente que conoció en la caravana. Sueña con cruzar a Estados Unidos, eventualmente: "Me dirijo hacia el norte, si Dios me lo permite".

Maya Averbuch reportó desde Matías Romero y Ciudad de México, México.

Sarah Kinosian reportó desde San Pedro Sula, Honduras.

Este artículo se publicó originalmente en The HuffPost.