ENTRETENIMIENTO
29/03/2018 3:12 PM CST | Actualizado 29/03/2018 3:48 PM CST

Alguien detenga a Sean Penn, el novelista

El actor, quien ya no quiere actuar, escribió una novela llamada Bob Honey Who Just Do Stuff y de ahí las cosas solo empeoran.

Si te has preguntado por qué la cara del engreído de Sean Penn ha estado a todas horas en el circuito de los programas de entrevistas, te presentamos la razón: esta semana publicó una novela. No, tus ojos no te engañan. Todos pensábamos que solo era un actor ganador de Oscar, un intrépido periodista internacional y, por un tiempo, el terrible esposo de Madonna, pero es mucho más que eso. Exactamente igual que David Duchovny y Tom Hanks, Penn es un actor muy literario.

Cuando salió la noticia, hace menos de un mes, de que la primera novela de Penn, Bob Honey Who Just Do Stuff (Bob Honey quien solo hace cosas) no solo existía, sino que además incluía un poema sobre el movimiento #MeToo, lo interpreté como un llamado a la acción muy claro.

"Súbete al caballo, Fallon", me dije a mí misma. "La prosa petulante de un actor necesita ser desinflada". Abrí mi ejemplar de reseña de Bob Honey Who Just Do Stuff y me reconcilié con la idea de arruinarme el fin de semana.

Ya sé lo que están pensando. Es innecesariamente cínico de mi parte leer la extremadamente mala novela de una celebridad pretenciosa solo para atacarlo. Sí, tienen razón, pero la broma es para mí, es imposible atacar una novela que se ataca a sí misma con tanto ímpetu.

Bob Honey es un ejercicio para mostrar al mundo que eres un idiota, una estupidez de 160 páginas.

También podría decirse que es innecesariamente cínico promover semejante basura como la segunda llegada de The Crying of Lot 49, sólo porque la escribió un escarpado hombre blanco con delirios de superioridad intelectual inmerecida y un vocabulario amplio. No obstante, a Penn se le permitió publicar esta novela y Salman Rushdie le hizo publicidad. Así que aquí estamos.

Pero me estoy adelantando. ¿Qué es Bob Honey? Es una pequeña novela sobre Bob Honey, un empresario de porquería de mediana edad, un vendedor de pelucas púbicas y un asesino a sueldo de ciudadanos mayores (quienes merman los recursos de la sociedad y producen metano), pagado por el gobierno. Bob Honey hace cosas y no le gusta todo eso de la PROMOCIÓN y SELFIES que hacen los jóvenes hoy en día.

Detesta obsesivamente a su exesposa, que es gordita y pelirroja, y adora obsesivamente a una mujer joven llamada Annie, que tiene alopecia y no tiene un solo pelo. Después de tener sexo por primera vez, Honey le pide que use una peluca púbica, ya que él nunca "ha sido de los que tiene infantilismo psicosexual o fantasías pedófilas". Eventualmente, el presidente Donald Trump se convierte en un personaje de la trama, pero esto sucede sin ninguna explicación o congruencia narrativa.

Atria

Puede que sigas pensando que todo va bien, pero ¿acaso Bob Honey es ofensiva de alguna manera? Querido lector, sí lo es.

El alegre racismo y misoginia desperdigado a lo largo del texto es lo que le da el calificativo de "humor negro". En varios momentos, la novela despliega puntos de vista progresistas: que las mujeres se manifiesten respecto a la violación es valiente, que el asesinato extrajudicial de los negros está mal, que la gente debió haber votado por Hillary Clinton y no por Trump. Pero Penn ha tenido dificultades durante mucho tiempo en traducir sus profesadas opiniones liberales, y causas nobles, a una actitud de respeto hacia las mujeres y a las personas de color.

Lo mismo sucede en Bob Honey. Sus caminos superficiales a favor de la igualdad se sostienen con dificultad en un libro que inventa una patrulla de contratistas de Nueva Guinea en Bagdad, 2013, a quienes se refiere como "equipo de caníbales con falda de pasto" y le da el apodo, "Jemima de prisión" a una adolescente negra que vive con un hombre mayor peligroso.

La novela hace constantes alusiones cómicas a la violencia ejercida contra las mujeres, mientras las ridiculiza. Las mujeres se están rebelando porque tienen lápiz labial embarrado en los dientes, porque quieren evitar envejecer, porque tienen mocos, porque están llenitas, porque hablan mucho o demasiado fuerte todo el tiempo. Las matan en toda clase de formas pintorescas: martillos en el cráneo, helicópteros que se estrellan en su casa de los suburbios, colapsos de elevadores de tijera, ser lanzadas hacia aguas infestadas de tiburones. Estas muertes son pequeñas notas hilarantes en la sinfonía de las aventuras de Bob.

Sí, es ofensivo, pero el mundo de los libros adora a los provocadores. Y quizá la trama sea un desastre que conduce a la náusea, pero en la ficción literaria, la trama no necesariamente reina. ¿Qué me dices del estilo en la prosa de Sean Penn, que le ha merecido comparaciones con Mark Twain y E.E. Cummings por parte de (revisa la camisa del libro) la comediante Sarah Silverman? ¿La prosa es mejor que la narrativa insignificante?

Bueno, la prosa de Penn es todavía peor.

No es frecuente leer una novela literaria, para la cual el adjetivo más loable que puedas emplear es "derivativa", pero tal es el caso. Se transparenta el molde artístico de los hombres literarios transgresores del siglo XX, como Thomas Pynchon, William S. Burroughs y Charles Bukowski, Bob Honey está repleto de palabras de quinta, pechos, traseros y arengas políticas.

"Sospecho que Thomas Pynchon...adoraría este libro", recita Salman Rushdie. Estoy seguro de que Pynchon lo amaría, porque debe ser halagador que te imiten con tan singular energía.

Como antigua y apasionada defensora de las palabras polisilábicas y la prosa densa, en nombre de la precisión y la complejidad, considero que he recibido una lección de Bob Honey. A veces las palabras largas no son más precisas. El hecho de que Sean Penn haya elegido usar la palabra "soupçon", no significa que esté usada con precisión (de hecho, rara vez usa las palabras de manera correcta).

Ahora presento algunas oraciones como muestra de la técnica de "shock y pavor" que usa Penn para inundar a sus lectores en un torrente de palabras domingueras que, vistas más de cerca, casi no significan nada en el orden y contexto dado:

"Por lo tanto, su vida permanece sempiternamente infusionada con su infidelidad identitaria, y sus vituperables encumbramientos hacia esas salaces sesiones de solitario sexual que ella ha entendido como auto cuidado". ― Página 11

"Cada vez que sentía estas colisiones entre el íncubo y el súcubo, salía del proletariado a golpes, colocando códigos encubiertos dirigidos, y así distraer a los movimientos de Scottsdale, y esquivar la emboscada de los inocentes extraviados, evitando la fama del vizconde de ataques de viagra y vaginas virtuales, o peor aún cayendo pasivamente en pasatiempos prosaicos". ― Página 36

"Detrás de las paredes de gavión, un vecino mayor se sienta como centurión en su porche y observa a Bob con subrepticia soupçon" ― Página 71

"Mientras que los privilegiados son condescendientes con este pepinillo, como epíteto de la inequidad epigenética de los iguales, Bob percibe mediante el olfato un ataque ciber asistido, motivado por los narcisistas hollywoodenses de buena cabeza". ― Página 99

Todo esto se supone, aparentemente, que es sumamente ingenioso y profundo. En su lugar, parece el producto de un bot de literatura posmoderna. No parece posible que una persona humana haya escrito este desastre.

En parte, esto se debe a que Penn tiene algunas mañas abrumadoras que parecen ser más un producto de un algoritmo fallido que de una decisión consciente. Por ejemplo, la aliteración. La tendencia de Penn a la aliteración es tan marcada, que a veces me preguntaba si pensará que es un prerrequisito formal de la novela. Incluso consideré reseñar Bob Honey simplemente reproduciendo cada aliteración de la novela, pero reimprimir el 92 por ciento del libro hubiera sido una violación a los derechos de autor. Mejor, unos cuantos ejemplos:

"La esencia de adolescencia de Bob lo preparó para una separación del tiempo, sinergía, y costumbres morales, conduciéndolo a actos de insesibilidad, palabras hirientes, un capricho reprochable del que él mismo quedaría despechado". ― Página 12

"Preguntas tontas de cerezas salvadas, servidas para separar cualquier última impresión que haya tenido Bob de Spurley como un ciudadano serio". ― Página 94

"Había orgullo que mantener donde se practicaba el prejuicio con precisión en la incisiva selección de terminaciones táctiles". – Página 25

"Sus sueños deambulan diurnamente, disturbios dictados por la confusión en el vacío del detalle visual". – Página 142

Este festín prosódico culmina con un epílogo lírico, un poema de seis páginas, que trata las duras perspectivas de nuestro momento político. A continuación, Penn hablando de·#MeToo:

Aunque las mujeres guerreras

salieron con valentía a marchar;

a causa de la desproporción,

se unieron a sus filas

hipócritas atroces

[...]

¿A dónde se fueron todas las risas?

¿Estás por ahí, Louis C. K.?

Después de haber tenido debates cruciales

nos pusieron de puntitas;

¿era necesario pisotear a Charlie Rose?

¿Y qué pasa con el 'Me Too'?

es la expresión pueril del día...

¿a caso esto es la cruzada de los niños?

¿reducir la violación, el slut-shaming

y el sufragio femenino a un juego de niños irresponsables?

¿Es una plataforma para denunciar de manera impune?

¿Es que la denuncia legal ha perdido su brillo?

Pero, a la mierda, ¿de qué me preocupo?

Soy un héroe,

¡para la revista Time!

Mierda.

Al leer Bob Honey, no pude dejar de pensar en el reciente y brillante ensayo de Lili Loofbourow, "The Male Glance" (El vistazo masculino) publicado en la Virgina Quarterly Review, que sostiene que nos rehusamos a encontrar el genio, o incluso la integridad artística, en obras escritas por mujeres. Y al contrario, presuponemos ese genio al leer obras de hombres. Su ejemplo central de este último fenómeno es la primera temporada de True Detective, que "fue analizada e investigada hasta llegar parodia, tan es así que, al concluir el programa, muchos críticos escribieron artículos sobre su experiencia de haber sobrestimado las ambiciones del programa".

Con toda sinceridad, no creo que nadie en la crítica seria abrace Bob Honey de la forma crédula y sorprendente como abrazaron a True Detective. El mundo literario sospecha de las celebridades que escriben por pasatiempo, pero a Penn ya se le ha otorgado un mayor beneficio de la duda del que merece y mucho más del que recibiría cualquier actriz. Se une a un grupo de actores masculinos blancos y exitosos que creen tener cosas literarias que decir y a los que, por lo tanto, les han ofrecido contratos de libros de pasta dura, con publicidad de Salman Rushdie.

Queridos todos: no tenemos que hacer esto. La próxima vez que Matt Damon o Gary Oldman, o, dios no lo permita, Alec Baldwin decida que tiene una novela en su interior, los editores simplemente pueden decir que no. Guarden ese adelanto para una persona que sepa lo que significa "soupçon", o por lo menos para alguien que no escriba el siguiente pasaje:

"Ella comienza a retorcerse, carcajearse, y tose con la risa de manera incontrolable. Su ojos se humedecen, por poco se defeca. Bob acecha lo que podría ser una flor del tamaño de una pequeña moneda, húmeda, que se expande desde el centro de su trasero, lo que significa quizá un pequeño orín de trasero".

Dios, líbranos del pequeño orín de trasero del genio literario de Sean Penn.

Este artículo se publicó originalmente en The HuffPost.