ENTRETENIMIENTO
19/03/2018 9:00 AM CST | Actualizado 19/03/2018 11:12 AM CST

Los arquitectos estrella y su trabajo 'milagroso': la fama ayuda, pero no lo es todo

Llàtzer Moix, periodista y crítico de arquitectura, habla del alcance y los aspectos que pueden resultar complicados en las obras de arquitectos famosos

Heino Kalis / Reuters
Trabajadores en Valencia, España, remueven un tipo de mosaico que cubría el exterior el Palacio de las Artes luego de que se desprendieran varios fragmentos de este, por presuntos problemas de adherencia. El edificio es parte de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, un conjunto arquitectónico del arquitecto español Santiago Calatrava que fue ampliamente criticado, entre otras razones, por su costo de millones de dólares. 20 de enero de 2014.

Cuando se menciona que un arquitecto estrella (Frank Gehry, Rem Koolhaas, Peter Eisenman, Santiago Calatrava y en su momento Zaha Hadid) es el encargado de construir un nuevo edificio, esto suele llamar la atención. La noticia se difunde a nivel internacional —muchas veces más allá de los medios especializados en arquitectura y urbanismo— y comienza a generarse expectativa al respecto. Se empieza a hablar entonces, por ejemplo, de temas como la forma en que impactará esa obra a una comunidad; cuánto dinero podría generarse a partir del atractivo turístico que represente; la trayectoria del arquitecto involucrado.

Este tipo de anuncios despiertan un interés en particular, y eso lo saben los gobiernos —de diferentes niveles— que muchas veces buscan obtener, además de una buena obra, votos a su favor. Precisamente a partir de situaciones como estas es que se llegan a generar cuestionamientos sobre la relación gobierno-arquitecto famoso y quién saca más provecho en esta, la necesidad de que las personas sean más críticas al pensar que la obra de estos creadores del star system por sí sola ayudará a cambiar la realidad de un lugar, así como la responsabilidad ética de estos profesionistas.

Llàster Moix, crítico de arquitectura y periodista cultural español quien este martes 19 de marzo presentará una ponencia en Mextrópoli, festival de arquitectura y ciudad— recuerda cómo la responsabilidad en este tipo de proyectos es compartida.

Para él, a la hora de contratar a una de estas grandes estrellas, se presentan todos los riesgos y al mismo tiempo ninguno. "No hay que perder de vista que estos arquitectos que juegan en primera división son muy buenos todos, a priori están capacitados para hacer grandes obras. Lo que ocurre es que el cliente debe estar a la altura del profesional. Es decir, el profesional ya viene avalado por su carrera y el cliente igual es un alcalde o un presidente de gobierno que en la vista del éxito de algunas ciudades con un edificio de estos pensaron que todo era muy sencillo, que para redimir, realzar su ciudad en el mapa mundi era todo tan fácil como contratar a un arquitecto estrella para que hiciera una gran obra".

Él destaca cómo estos clientes públicos, antes de encargar un edificio, deben haber hecho un estudio que demuestre que hay una demanda social o que realmente esa obra es necesaria. Luego, intentar buscar al profesional más adecuado para ese encargo, estar capacitados para analizar el proyecto, ver si la propuesta responde a las necesidades de una comunidad y además poseer la capacidad de controlar el desarrollo del mismo, es decir, que los gastos no se salgan de lo planificado.

"Gracias a los arquitectos estrella, cualquier mandatario democrático, ya fuera presidente de un país o alcalde de una capital de provincia, podía permitirse el capricho de adquirir un edificio de marca, una franquicia arquitectónica. Con esta aquiescencia del poder, cuando no con su más desbocado entusiasmo, los magos de la planta y sobre todo del alzado decidieron eliminar de su vocabulario el adjetivo «imposible». Unos y otros, en relación simbiótica, creyeron disponer de las herramientas definitivas para transformar su comunidad", indica Moix en el prólogo de su libro La arquitectura milagrosa (Editorial Anagrama, 2010). En este precisamente revisa, por medio de un extenso reportaje, estas contrataciones de astros del firmamento arquitectónico internacional en España, y en las que se descuidó la proporción entre la necesidad y el precio de las monumentales obras que les fueran encargadas.

Aunque hay ocasiones en que la relación funciona y las dos partes sacan provecho. Él destaca por ejemplo cómo en París, cuando era presidente François Mitterrand, este impulsó una serie de obras conocidas como los Grands travaux (Grandes trabajos, construidos entre 1981 y 1988). Uno de ellos, y que muchas personas conocen, es la pirámide del arquitecto Ieoh Ming Pei, ubicada afuera del Museo del Louvre, un acceso que ayudó a facilitar el acceso a este espacio. Para Moix no fue un edificio moderno enorme que contrastara demasiado con el entorno, ni que compitiera demasiado con la arquitectura histórica, aunque su creación no estuvo exenta de críticas. "Ahí el cliente sabía lo que quería, una cosa de unas dimensiones importantes, pero no excesiva", aclara.

El renacimiento de una ciudad

Otro ejemplo de un proyecto que sí funcionó y más allá de temas estructurales —uno que impactó profundamente en el aspecto social— fue el Museo Guggenheim en Bilbao en 1997.

Eric VANDEVILLE/Gamma-Rapho via Getty Images
Apertura del Museo Guggenheim en Bilbao, 15 de octubre de 1997.

Como señala este especialista, en ese entonces esa ciudad del norte de España tenía una industria siderúrgica obsoleta, había terrorismo, altos niveles de desempleo y de drogadicción. "La ciudad estaba entre la espada y la pared, estaba obligada a reinventarse y dieron un salto adelante del sector secundario, industrial, hacia el terciario, de los servicios y el turismo, muy arriesgado", explica este especialista. Y esto justo lo lograron con la edificación de una nueva sede del museo originario de Nueva York. Los factores se sumaron de una manera única: una realidad local complicada; la Fundación Guggenheim (la que prestaba las obras) llevaba años intentando poner una nueva sede en Europa sin éxito, a pesar de que tuvieran mucho dinero; el arquitecto Frank Gehry poseía mucho prestigio, pero con sus 65 años ya rondaba la edad de edad de retiro. Pero todo funcionó.

Ese año inaugural se esperaba a medio millón de visitantes y llegaron poco más de un millón 300 mil personas. "Se juntaron estos tres actores y consiguieron un bingo monumental. La ciudad floreció, se renovó. Se dice que el impacto económico permitió recuperar la inversión en muy poco tiempo", agrega Moix.

Aunque al mismo tiempo aclara que no ocurrió lo mismo con otras edificaciones en España, como la Ciudad de la Cultura de Galicia, en Santiago de Compostela, del arquitecto norteamericano Peter Eisenman, y la Ciudad de las Artes y las Ciencias, del español Santiago Calatrava, en Valencia. Estas dos han tenido varios problemas y de ahí que por ejemplo no hayan cumplido con las expectativas en cuanto a la cantidad de turismo que han podido atraer.

Vínculos complicados

Otro punto que muchas veces se llega a señalar es la relación que tienen este tipo de arquitectos con personajes y gobiernos polémicos. Por ejemplo, se discutió la edificación del edificio de la televisora estatal CCTV, en China, por Rem Koolhaas; el edificio que el inglés Norman Foster creó en país como Kazajistán, un régimen autoritario, o lo que han hecho otros creadores en Moscú.

Jason Lee / Reuters
Edificio de la televisora china CCTV, en China, obra del arquitecto Rem Koolhaas.

¿Tendrían este tipo de profesionales una obligación ética a renunciar a ciertos encargos?

"Se hace difícil opinar porque esto ha sucedido en una época en la que en esta primera división de arquitectos se estableció una competencia que no era ni soterrada, que era muy evidente y en la que era obvio que en cualquier oportunidad era buena para sacar cabeza sobre los restantes", responde este periodista. Para él esta es una cuestión ética que atañe a cada uno de estos profesionales.

Aunque también en este sentido destaca el papel de los clientes y de ciertas peticiones que hacen. Recuerda que una ocasión el famoso arquitecto español Santiago Calatrava contaba que cuando el director del Museo de Arte de Milwaukee buscaba un arquitecto para la ampliación de esta institución (obra que al final hizo Calatrava), este funcionario decía que querían a alguien que los llevara a un lugar que ellos ni siquiera hubieran imaginado. "Bueno, pues entonces esto te estimula a algo incluso de lo que es más allá de razonable", razona Moix.

Para él, América Latina puede aprender algo de España en el tema de la construcción y su relación con la arquitectura estelar: "El mensaje es que no hay milagros, hay buenos planteamientos y control por parte del cliente, y hay buenos proyectos por parte del arquitecto, del proveedor. Pero si no casa una cosa con la otra... incluso con que en uno de los dos lados el planteamiento sea muy correcto, si en el otro no lo es, pueden darse problemas".