ESTILO DE VIDA
12/03/2018 12:27 PM CST | Actualizado 12/03/2018 12:43 PM CST

Cómo llegamos al punto en que todos quieren parecerse a Kylie Jenner

Entre el maquillaje y el Facetune, estamos creando una expresión homogeneizada de la belleza.

"¿Por qué ser tú si puedes ser yo?" Esa pregunta formaba parte de la campaña de mercadotecnia social de los noventa que creó Concerned Children's Advertisers y Health Canada (Anunciantes de Niños Preocupados y Salud de Canadá). En el video, dos niñas caminaba por una boutique que vendía productos y procedimientos para ayudar a los consumidores a cambiar su aspecto y personalidad.

"No te conformes con ser tú misma", decía una voz de mujer mientras una niña observaba a un maquillista que pintaba sus labios de rojo. "¿Por qué ser tú si puedes ser yo?", decía.

La campaña de anuncios es ahora más relevante que nunca ya que esa pregunta es una representación exacta de la actitud social que las redes sociales están perpetuando. ¿Por qué ser tú si puedes ser tan popular y hermosa como es la gente como Kylie Jenner?

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Los influencers de las redes sociales empiezan a verse como clones. Ya conocen ese look: los labios pronunciados, las cejas perfectamente arqueadas, tal vez un poco de delineador aplicado con maestría, y todo eso rematado con una saludable dosis de iluminador y rubor para marcar las mejillas. Con unos cuantos brochazos, una paleta para esculpir y un poco de pintura de labios mate, todos podemos obtener el look que tienen todos.

¿Por qué queremos vernos como todos los demás? Existen una serie de factores para explicar esto, incluyendo el deseo de pertenecer y una tendencia a imitar a las celebridades y a los influencers.

Algunas personas han escrito sobre los que se llama el "maquillaje de Instagram" o la "cara Instagram", pero la tendencia es fuerte.

El HuffPost habló con Rachel Weingarten, una historiadora de la belleza, con Renee Engeln, una profesora de psicología y autora del Beauty Sick: How the Cultural Obsession With Appearance Hurts Girls and Women (Enferma de belleza: cómo la obsesión cultural con la apariencia afecta a niñas y mujeres), y el Dr. Michael Brustein, psicólogo clínico.

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¿Cómo llegamos a este punto?

En los tiempos previos a las redes sociales, explica Weingarten al HuffPost, nuestros hábitos de belleza los definían factores como la geografía y la etnia. Por ejemplo, si vivías en alguna parte de Asia, tal vez usabas blanqueadores de piel, y si vivías en Francia en 1700, probablemente llenabas de talco tus pelucas.

"Prácticamente se trataba de hechos aislados relacionados con el momento, el lugar, y tal vez la religión y las creencias", dice, y agrega que ya en 1800 y 1900 las revistas empezaban a abrir los ojos de las personas a nuevas ideas.

"Pero en realidad cuando las cosas empezaron a afectar la belleza fue en las décadas de los cuarenta y cincuenta, cuando las celebridades comenzaron a aparecer en las revistas como ideales de belleza", dice. "Todo el mundo empezó a copiar a las celebridades".

Gracias a internet, dice Weingarten, la gente ya no tiene que viajar para ver las tendencias de belleza de todo el mundo, ni tenemos que esperar mucho para que nos lleguen. A causa de eso, conocemos tendencias que son populares en otras partes del mundo con más rapidez que en el pasado, y podemos participar de ellas. Sólo hay que pensar en ejemplos como el de la belleza coreana que se cobró gran fuerza en EU y ahora hasta se pueden comprar productos de belleza coreanos en CVS y Walgreens).

"Además, la gente ya no está definida del todo por su etnicidad, su raza, o su género", dice Weingarten. "Antes se tenía una especie de conformidad con tus orígenes, ya fueran asíaticos o caucásico, y esto limitaba tu belleza. Si tenías cabello afroamericano pues te veías de cierto modo. Ahora las cosas no tienen que ser así".

"Lo que ahora tenemos es una especie de versión agresiva de cómo debería verse lo último de la belleza multicultural", agrega, y explica que los looks de maquillaje que vemos en Instagram, como los ojos de gato, los labios de color mate y las cejas bien definidas, técnicamente pueden funcionar en cualquier persona con cualquier tono de piel o nacionalidad. En ese sentido, el look es accesible, y tal vez por eso mucha gente se conforma y adopta en las redes".

La gente quiere pertenecer

Y hablando de gente que se conforma, la gente quiere pertenecer. Una manera de hacerlo, especialmente en línea, es modelarte a partir de las figuras populares de las redes sociales.

Las celebridades, especialmente aquellas como Kylie Jenner, que tienen una sólida cifra masiva de seguidores en su cuenta de Instagram llena de selfies, "se han convertido en la representación de las tendencias de belleza ", dice Engeln. Brustein coincide y agrega que las celebridades son grandes modelos de los ideales de belleza de la sociedad, y para tratar de pertenecer, mucha gente imita a las celebridades.

Hablando en general, las celebridades y las modelos de Instagram se "consideran atractivas", dice Brustein, y agrega que la gente quiere pertenecer y vivir a la altura de estos ideales porque eso les ayuda a sentirse bien".

"Las celebridades son sus modelos, y creo que en realidad eso es lo que los impulsa", explica. "Si tengo esto, me siento bien, valioso y validado. Y luego lo suben a instagram y las redes sociales refuerzan esta sensación a la hora de circularlo. La gente siente confianza".

"Las personas son criaturas sociales por naturaleza, y necesitamos realmente que la sociedad nos acepte", dice Engeln.

En la actualidad, todo está relacionado con las Kardashians y lo que algunos llaman "El efecto Kardashian", es decir, "la capacidad de las Kardashians para influir en los hábitos de consumo". Está por ejemplo Kylie, conocida por sus labios carnosos. Mucha gente quería tener los labios de esta veinteañera y estaba dispuesta a lastimarse físicamente para tener el look, aunque fuera temporalmente. La influencia de Kylie en las tendencias de belleza ha ayudado a crear un imperio de belleza multimillonario.

"En estos momentos, el look de Kylie es símbolo de belleza por alguna razón. Es más incluyente que la rubia de ojos azules de la década de los setenta o los cincuenta. La gente piensa que es belleza accesible", dice Weingarten.

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Obviamente, los filtros y las aplicaciones para editar desempeñan su papel en esta tendencia. Las personas se maquillan y arreglan para parecerse a otras y además editan sus fotos utilizando las mismas herramientas. Por ejemplo, una aplicación como Facetune permite que los usuarios aparezcan con la piel tersa y los ojos grandes y brillantes.

También está el recurso de la cirugía estética. Y aunque no todo el mundo está dispuesto a hablar de los posibles trabajos en su cuerpo, sí existen las probabilidades de que la gente esté retocando sus looks con agujas y rellenadores. Sabemos que los filtros de Snapchat e Instagram ya han inspirado a algunas personas a visitar al cirujano plástico, pero también se podría decir que las imágenes "sin filtro" o "sin fallas" de algunas personas tienen una influencia similar.

¿Qué quiere decir todo esto?

Para Weingarten, Brustein y Engeln, el surgimiento de la expresión homogeneizada de la belleza puede ser problemática.

Por un lado, algunas personas sienten que seguir un estándar de belleza ayuda en la confianza y la autoestima. Brustein explica que "el pertenecer le da a la gente una sensación de cohesión. No quieren sentirse extraños".

Esa confianza, sin embargo, puede durar poco, especialmente si te obsesionas con presentar una versión alterada de ti en las redes sociales.

"A la larga, si te preocupas por pertenecer, puedes llegar a sentir emociones negativas o desconcierto porque tu identidad queda relacionada a cumplir estas expectativas que provienen de una norma social que crearon los medios o una celebridad a la que le dimos poder", dice Brustein.

Debe aclararse que no todos lo que participan en las tendencias actuales de Instagram acabarán hundiéndose en un hoyo negro de insatisfacción con sus vidas. Sólo hay que mantener las cosas separadas y no dejar que las redes sociales definan lo que eres", dice Brustein.

A Weingarten le parece "muy preocupante" la tendencia de la gente a verse igual, y en su opinión, limita "los experimentos que las adolescentes solían hacer".

"La presión para verse de cierta forma empieza ahora a más temprana edad que nunca. Las niñas ya no participan de las pruebas y el fracaso", dice. "Uno de mis recuerdos más queridos cuando era joven era el de probar todas estas tendencias ridículas de maquillaje, pero ahora, sólo copian, no hay nada original. Eso es triste".

Y como explica Engeln, el meollo del asunto es que "no todos nos vemos igual".

"No todas nos vemos jóvenes, ni tenemos los labios carnosos y la piel suave, y cuando ves esa uniformidad, pues se trata de una negación real de las facciones físicas del ser humano", dice. "Creo que eso es feo sin importar cómo. Esa negación lastima a la gente. Los hace sentir inexistentes, especialmente a las mujeres, les hacer perder no sé cuánto tiempo tratando de conseguir ese look que tal vez les está negado por genética".

También es importante recordar que no todos en Instagram o las redes sociales en general están perpetuando este estándar de belleza homogeneizada.

"Una de las cosas buenas de las redes sociales es que permiten la búsqueda de materiales que representan una mayor diversidad. Así es que no tienes que participar de opciones en las que todo el mundo se ve igual. Te puedes salir", dice Engeln. "Creo que esa es la promesa. Las redes sociales democratizan de cierta forma. No dejamos que sólo las revistas de modas dicten las caras que vemos. Creo que eso es muy bueno".

Además, no tenemos que condenar a los que participan o encuentran diversión en las tendencias actuales de belleza. De fondo no hay nada malo en querer pertenecer, pero como explica Engeln, cuando todo el tiempo vemos imágenes tan alejadas del aspecto de la gente en la vida real, puede haber costos psicológicos.

"No sólo se trata de que te puedas sentir mal cuando ves la apariencia perfecta de alguien en una foto", dice. "Incluso la persona que subió la foto tiene que enfrentar la diferencia de la foto que hicieron con su cara y lo que ven en el espejo cuando se levantan en las mañanas".

"La mayoría de nosotros no nos despertamos perfectos", dice.