RUTAHUFFPOST
11/03/2018 4:18 AM CST | Actualizado 11/03/2018 4:18 AM CST

La tradición morelense que ha llegado a museos de todo el mundo

Los trajes de chinelo son uno de los atractivos de Morelos y el HuffPost platicó con un artesano que ha llevado sus obras a todo el mundo.

Jaz Adrián

Entre los atractivos de los que puede presumir el estado de Morelos están los chinelos: hombres vestidos con largas túnicas de colores, una máscara barbada y un enorme sombrero de copa en el que se bordan vistosas figuras. Allá donde los invitan, no pasan desapercibidos porque no dejan de saltar al son de la comparsa.

Sentado en los escalones de su local, encontramos a José Salazar, uno de los artesanos más reconocidos de Tepoztlán en la confección de estos trajes. Con rostro impasible, conversa de su oficio y de la historia de esta tradición.

Jaz Adrián

Estos personajes aparecieron en mitad del siglo 19, cuando la gente de Tepoztlán se cansó de quedar fuera de las fiestas del carnaval que organizaban en los templos. Se vistieron con largas telas y sombreros escandalosos, para luego salir a la calle para brincar, gritar y bailar.

El acto gustó tanto, que se repitió al año siguiente y poco a poco se fue convirtiendo en una tradición. Los trajes, los materiales y sus diseños también mejoraron hasta convertirse en piezas dignas de museo.

Jaz Adrián

José aprendió este arte de las manos de su padre, pero él se encargó de mejorar las técnicas y los resultados. De las paredes de su pequeño local cuelgan viejas fotografías de los trajes que ha confeccionado y en ellas se muestra la evolución.

Es entonces que muestra orgulloso los certificados y las cartas en las que consta que sus trajes están, por ejemplo, en Canadá, Francia, España y Holanda. Ya sea en museos o colecciones privadas.

Jaz Adrián

Fue él, asegura, el primero en haber hecho grecas con las cuentas en los flequillos que cuelgan al frente del sombrero. Tradicionalmente, los sombreros lucían animales o flores como una muestra de los atributos de Morelos, pero luego empezó a incluir guerreros aztecas o figuras religiosas.

Pero esto atrajo a las personas que iban a buscar sus diseños para luego copiarlos, por ello decidió registrar su marca y creaciones. Ahora también hace cuadros con chinelos a menor escala para que cuelguen de las paredes de quienes gustan de su trabajo. Mientras conversa, una señora recoge una de estas piezas para llevársela a Chicago, Estados Unidos.

A pesar de que le gustaría legar sus conocimientos, sólo uno de sus hijos quiso aprender a hacer trajes de chinelo. Pero esto no aflige a José que espera ansioso a los carnavales para vestirse e ir a saltar a la plaza.

Jaz Adrián