RUTAHUFFPOST
07/03/2018 12:40 PM CST | Actualizado 07/03/2018 3:55 PM CST

Un orgulloso huarachero que busca rehacerse entre los escombros

A pesar de haber perdido su casa y su taller a causa del temblor del pasado 19 de septiembre, Ricardo Arroyo no renuncia a su oficio; una de las historias que recogió la #RutaHuffPost.

Las heridas en Jojutla del sismo del pasado 19 de septiembre todavía no sanan. Hay personas que aún no reciben algún apoyo económico, ya sea de una dependencia de gobierno o de una institución privada, para reconstruir sus viviendas.

Entre las personas dejadas a su suerte, está Ricardo Arroyo Reséndiz, un artesano de huaraches que vio derrumbarse su casa y su taller, pero como la propiedad estaba a nombre de su padre, el censo levantado para recibir apoyo, sólo lo contempló a él.

Días después del sismo, algunas personas se encargaron de compartir la historia de Ricardo en redes sociales. Así, llegó una gran cantidad de apoyo, la gente le hablaba para hacerle pedidos o viajaba para comprarle directamente un par de huaraches.

Fue una experiencia muy bonita que otras personas, con lo poco que tienen, me hayan apoyado."Ricardo Arroyo.

Pero, como ocurre en tantas ocasiones, este ánimo de ayuda se fue diluyendo en una Jojutla que no termina por levantarse. Ricardo, por ejemplo, no tiene siquiera dónde levantar nuevamente su casa.

Daniel Reyes

La tradición y la modernidad

Su oficio le viene por herencia y, este 2018, Ricardo cumplirá 25 años de hacer huaraches con sus manos. Cuando tenía diez años, vio cómo su padre aprendió el oficio y poco a poco le empezó a ayudar.

Mientras habla, sostiene un modelo clásico, abierto por adelante y, por detrás, sólo se sostiene por una correa en el talón. Con breves modificaciones, estos se convierten en huaraches indios o playeros.

Ricardo no se ha cerrado a la posibilidad de modernizarse; algunas personas le han pedido modelos más cerrados, con otro tejido y colores menos solemnes; de internet ha sacado algunas ideas para dar gusto a sus clientes y a algunos amigos.

Pero también se ha tenido que enfrentar a que en la red se vende calzado similar al que él hace, aunque a mayor precio y sin los materiales de los que Ricardo echa mano. Internet ha sido su aliada y adversaria al mismo tiempo.

Daniel Reyes

El proceso

Ricardo espera regresar pronto su producción habitual, pues tiene una familia que depende de su trabajo. Hoy viven en un terreno que se acondicionó como albergue, el cual comparten con otra familia y duermen en tiendas de campaña que les donó el gobierno de China.

Su taller ahora consiste en una mesa cubierta por una lona rosa que, dice, le molesta y le cansa la vista por la luz que proyecta. Aunque eso no ha mermado su entusiasmo y sigue haciendo a la semana 40 pares de huaraches tradicionales y 15 de los modelos más actuales.

Para las correas utiliza cuero cortado en tiras que reciben el nombre de baquetas; las suelas también son de cuero con un recubrimiento de hule para evitar que las personas se caigan. Cinceles y cuchillos son sus herramientas de trabajo.

El precio de los huaraches oscila entre 150 y 300 pesos y, si bien no son muy caros los materiales que utiliza, ahora prefiere vender directamente en los mercados, pues si se los da terceras personas para que lo ofrezcan difícilmente va a sacar un pago justo.

Ricardo le tiene mucho cariño a su oficio y aunque le gustaría que se preservara, procura motivar a sus hijos a que estudien una carrera en cualquier cosa que les guste.