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28/02/2018 5:00 AM CST | Actualizado 28/02/2018 9:59 AM CST

El fantasma de las fosas de Tetelcingo regresa a Morelos mientras las víctimas luchan para encontrar a sus desaparecidos

Familiares de desaparecidos que buscan a sus seres queridos en las fosas clandestinas utilizadas por el gobierno de Morelos para deshacerse de cadáveres cuentan sus historias al HuffPost, casi al mismo tiempo que algunos advierten que los errores del pasado podrían volver a repetirse. #RutaHuffPost

Jazmin Adrian / HuffPost

A pesar de todo el dolor y la profunda huella que dejó el caso de las fosas clandestinas de Tetelcingo y Jojutla, la tragedia podría volver a repetirse. Así lo afirman familiares de desaparecidos luego que una serie de actos realizados por el gobierno de Morelos para inhumar cadáveres apilados en el Servicio Médico Forense, revivieran viejos fantasmas.

Pero a casi dos años de que familiares de desaparecidos obligaran a la administración de Graco Ramírez a abrir las fosas donde el gobierno estatal enterró cadáveres de manera ilegal, las secuelas de la traumática experiencia siguen latentes entre las víctimas que han dado seguimiento al tema desde hace varios años, en la incansable búsqueda de sus seres queridos, tal como pudo constatar el HuffPost al realizar una serie de entrevistas con familiares de los desaparecidos.

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El horror de Tetelcingo y Jojutla resuena como un déjà vu

El escándalo de las fosas de Morelos se detonó en 2014 luego de que el cuerpo de un joven comerciante de nombre Oliver Wenceslao Navarrete Hernández fuera inhumado de manera ilegal y clandestina por el gobierno de Morelos, pese a haber sido identificado por sus familiares. El hecho provocó que la familia de Oliver obligara a las autoridades a exhumarlo y ser entregado. Fue entonces que salieron a relucir una serie de irregularidades.

El 9 de diciembre de 2014, la Fiscalía de Morelos abrió las fosas y exhumó los cuerpos para entregar el de Oliver Wenceslao y el de una persona más que también fue reclamado por su familia, la cual no quiere ser identificada.

El caso llamó la atención de familiares de desaparecidos, quienes con apoyo de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), presionaron al gobierno de Graco Ramírez para abrir las fosas de Tetelcingo entre mayo y junio de 2016. Un hecho que, según un informe de la UAEM, "implica actos criminales al inhumar personas, ilegalmente y en fosas clandestinas, sin cumplir con los protocolos para la identificación humana".

"El gobernador Graco Luis Ramírez Garrido Abreu mintió con respecto a la legalidad y número de fosas, así como al hecho de que todos los cadáveres tenían carpetas de investigación. Insistió en que todo se encontraba de acuerdo con la legalidad y con los protocolos establecidos. Al hacerlo, incurrió en delitos de encubrimiento, negligencia y obstrucción de la justicia. Por ello, el mandatario y todos los funcionarios involucrados en la comisión de estos delitos, deben ser investigados y sancionados conforme a derecho, y se debe garantizar la justicia restaurativa a las víctimas", señaló en su momento la UAEM a través de un comunicado.

Una opinión que coincide con la recomendación 48/2016 emitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en relación a las fosas de Tetelcingo, documento en el cual se define una fosa clandestina como "aquella que se realiza de manera secreta u oculta por ir en contra de la ley, con el propósito de esconder lo que en ella se deposita, evitando, entre otras cosas, que las autoridades puedan investigar y sancionar las razones de la inhumación". Una definición que traba a la perfección con lo ocurrido en Morelos.

De los 117 cuerpos exhumados de Tetelcingo, 34 no tenían o no estaban vinculados a carpeta de investigación alguna. Entre los cadáveres encontrados, 84 de ellos presentaban signos de violencia por impactos de arma de fuego, quemaduras, órganos extraídos y amputaciones. Signos que generaron las sospechas de que el gobierno estatal estaba tratando de encubrir delitos de alto impacto al desaparecer los cuerpos en fosas clandestinas, con el fin de que no aparecieran en registros oficiales.

Jazmin Adrian / HuffPost

Luego vino la exhumación de cadáveres de las fosas de Jojutla, entre marzo y abril de 2017, donde se exhumaron 85 cuerpos en circunstancias muy parecidas a las de Tetelcingo. De ellos, 54 no tenían carpeta de investigación o eran ilegibles.

Tras años de búsqueda, han logrado ser identificados siete desaparecidos cuyos cuerpos fueron encontrados en las fosas de Morelos. Algunos provenientes de estados como Chiapas, Puebla o Estado de México.

Durante la última semana, entre el 19 y 22 de febrero, familiares de las víctimas sostuvieron reuniones con personal de la Fiscalía de Morelos con el objetivo de revisar el álbum de fotografías que integra cada uno de los cadáveres y restos humanos encontrados en las fosas morelenses. Reuniones que, pese a las promesas del gobierno estatal, las familias consideran que resultan incompletas o con información insuficiente para encontrar a sus seres queridos.

En este contexto, familiares de desaparecidos provenientes de todo el país se reunirán en Morelos del 5 al 7 de marzo de 2018, en el marco de la Tercera Caravana de Desaparecidos, con el fin de revisar las carpetas de los cuerpos arrojados a las fosas de Tetelcingo y Jojutla, con la esperanza de hallar pistas que les permitan dar con el paradero de sus seres queridos.

Pero a pesar de que el caso de las fosas de Tetelcingo y Jojutla marcó la administración de Graco Ramírez como gobernador de Morelos, familiares de víctimas denunciaron que el gobierno estatal pretende repetir la experiencia de enterrar cuerpos no reclamados en fosas clandestinas.

Las activistas Amalia y María Concepción Hernández, familiares de Oliver Wenceslao, denunciaron que con la llegada del nuevo fiscal general del estado, Uriel Carmona Gándara, se ordenó la inhumación de 353 cuerpos que se encuentran aún sin identificar en las morgues de las tres fiscalías regionales.

Amalia Hernández comentó incluso que este procedimiento se pretende llevar a cabo, a partir del 15 de marzo, sin la participación de la UAEM, PGR, CNDH y familiares de víctimas.

Es lo mismo que se hizo en Tetelcingo: 'ya me estorban aquí, ya no los quiero'. En este caso ya habíamos logrado un avance muy importante, pero observamos que es regresar a toda esa barbarie".Amalia Hernández, familiar de desaparecido

Las declaraciones que motivaron una respuesta de la Fiscalía de Morelos, la cual negó se vulneren los derechos humanos de familiares de víctimas de la violencia con dicho procedimiento.

Y mientras los temores de que el horror de Tetelcingo y Jojutla se repita, la experiencia sigue grabada en la memoria de los morelenses que han dado seguimiento al tema de desaparición forzada en la entidad.

Un caso que evidencia la negligencia gubernamental a la hora de atender a los familiares de víctimas de desaparecidos, según una serie de entrevistas realizadas por el HuffPost a madres, hermanas e hijos de desaparecidos, durante una reciente gira por Morelos.

Testimonios que expresan el dolor de una tragedia humanitaria que ha dejado más de 30 mil desaparecidos en México.

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"La tristeza la llevas dentro"

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Han pasado seis años desde la desaparición de su hija, pero la angustia no termina. No hay un solo día en que Angélica Rodríguez Monroy no piense en el paradero de su hija Viridiana. Una búsqueda que la ha llevado en convertirse en una de las activistas más visibles a la hora de hablar sobre desaparición forzada en Morelos.

Viridiana Anaid Morales Rodríguez estudiaba el séptimo semestre en psicología en la UAEM. Tenía 21 años cuando desapareció durante un viaje que realizó con su esposo, Roberto Altamirano López, para festejar su primer aniversario de matrimonio. El plan consistía en acampar una noche en un lugar cercano al poblado de San Pedro Tlanixco, Estado de México. Pasaron los días sin ninguna señal de Viridiana y su esposo. El cadáver de Roberto sería encontrado posteriormente cerca de un río de Tlanixco, presentando rastros de violencia. Pero Viridiana no dejó huella alguna.

La desaparición de Viridiana se produjo casi al mismo tiempo que la de Jessica Cerón Salinas, quien estaba embarazada y estaba por dar a luz al pequeño Max. Ambas desaparecieron el 12 y 13 de agosto de 2012, respectivamente. Meses más tarde, el feminicidio de Ana Karen Huicochea a manos de su novio, en diciembre del mismo año, terminarían por consolidar el movimiento de familiares de desaparecidos en Morelos.

Pero tras seis años de búsqueda, no hay detenidos por dichas desapariciones.

Quizá por ello Angélica ve en el activismo, tomar cursos de derechos humanos y la continua búsqueda de su hija, como una forma de mantenerse a flote.

"Para mí el hecho de asistir a esos diplomados me ayuda más, pues yo no llevé una terapia como tal con un psicólogo, porque los psicólogos no nos entienden. Están rebasados. No saben cómo tratar un caso de desaparición. Nos dan muchos consejos y nos dicen que hagamos tal o cual cosa, como si fuera una receta, pero no es lo que nosotros necesitamos. A mí me sirve más asistir a esos cursos, estar activa, y saber que no me quedo en mi casa sola, dándole vueltas a dónde está mi hija, qué le pasó, si come o no come, si la golpearon... si yo me quedo en mi casa, esos pensamientos me matan", afirma Angélica.

"El hecho de estar yo fuera, haciendo algo, tal vez no tan directo para ella porque desapareció en el Estado de México, pero yo sé que así como yo estoy haciendo esto, en otro lado también están haciendo. Y así como nosotros hemos regresado muchos a su casa, a lo mejor en otro lugar me la regresan a ella".

"Eso me mantiene activa. Yo no podría dejar de lado todo esto que estoy haciendo porque no podría tener paz en mi casa. Me mataría ese pensamiento, saber que no he hecho nada, sólo esperar el momento. No podría vivir así", dice.

Cuartoscuro

Sonríes y llevas como una máscara. La tristeza la llevas dentro".Angélica Rodríguez, madre de desaparecida

Angélica trabajaba en un banco. Tras la desaparición de su hija tuvo que vender su coche para mantener la búsqueda. Asegura que tras la desaparición de Viridiana, sus otros dos hijos le reclaman atención mientras ella sigue buscando desesperadamente a su hija.

"Tienes otros hijos pero eres como una madre ausente, porque lo más importante para mí es seguir buscando", afirma Angélica.

En cuanto a la actuación del gobierno estatal de Graco Ramírez, la madre y activista responde con una anécdota.

Angélica relata una ocasión en que madres de desaparecidos acudieron a hablar con el gobernador. El mandatario las recibió en su oficina, mientras sonaba ópera como música de fondo.

"Estaba sentado en un salón muy grande, con su celular en una mesa muy grande. Nos sentamos las víctimas, algunas autoridades, y él en a cabecera. Estábamos exponiendo la desaparición de nuestras hijas y él estaba todo el tiempo con el teléfono así, chateando. Nos dijo: una disculpa, estoy con mi homólogo del Estado de México para ver ese asunto. Cuando salimos de la reunión, los reporteros nos dijeron que mientras estuvo con nosotros se pasó todo el tiempo tuiteando. Nos mintió. Siempre ha sido una simulación", dijo Rodríguez.

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Un hallazgo terrible que se pudo haber evitado

Cuartoscuro

El 24 de julio de 2012, Israel Hernández fue secuestrado mientras trabajaba en su negocio de materiales de construcción. Cuatro meses atrás, habían secuestrado a su padre, quien regresó sano y salvo a casa.

Cuando la familia fue notificada del secuestro de Israel, su esposa se encargó de negociar con los captores. Uno de los trabajadores del negocio de materiales fue el encargado de pagar el rescate. A través de llamadas telefónicas, los secuestradores mandaban al 'chalán' de un punto a otro, hasta que finalmente dejó el dinero del rescate en un lugar cercano al penal de Atlacholoaya. Se suponía que ahí mismo sería liberado Israel. Pero nunca apareció.

"Lo que hicimos nosotros como familia fue salir a buscarlo a las barrancas, a la calle. Se juntó un grupo de vecinos y fuimos en camionetas a buscarlo cerca de la zona de Xochitepec. No encontramos nada", relata Edith Hernández, hermana de Israel.

"Ya después acudimos con brujos que nos decían dónde podría estar. íbamos con la esperanza de encontrarlo. Ya después la gente nos decía que nos esperáramos porque a lo mejor los secuestradores querían más dinero de rescate. Ya no hubo llamadas".

Tiempo después, la madre de Edith e Israel acudió a una marcha donde conoció a otros familiares de desaparecidos. A partir de ahí toda la familia se involucró en "una búsqueda más legal".

Pasaron cuatro años desde la desaparición de Israel hasta que se exhumaron los primeros cadáveres de las fosas de Tetelcingo.

"Fue impresionante. Había familias de muchos estados, muchos reporteros. Fue un hecho grande, un logro de las familias. Nos llegaron a entrevistar y yo decía que no quería que estuviera ahí a mi hermano. Mi mamá sí, a lo mejor por tener la esperanza de encontrarlo y que le diera un poco de tranquilidad", dice.

"Pero antes de que se exhumara la fosa de Tetelcingo, yo vine a la Fiscalía con otras víctimas y familiares de desaparecidos".

"Nos enseñaron las carpetas de los cuerpos que se supone están en Tetelcingo. Yo fui con mi papá y no vi nada que mostrara que alguno de los cuerpos era de mi hermano. Revisé dos carpetas y en una de ellas me doy cuenta que no decía nada, todo decía 'no identificado', no había ninguna seña particular. No había información. A mí me entró un enojo y dije 'cómo van a encontrar a esta persona si no tiene ningún dato'. Me entró un coraje", relata Edith.

Y resulta que era la carpeta de mi hermano".

"Esa la elegí por la fecha en que se levantó el cadáver. Por eso a mí se me hace que ese es un punto muy importante", cuenta Edith.

"Cuando me enseñaron la carpeta no había ningún dato específico, pero a la hora de entregarme a mi hermano, fuimos a ver la carpeta y ya traía información nueva, donde decía que tenía ropa con el logotipo de Materiales Hernández. Lo tuvieron ahí a mi hermano, primero en Semefo y luego en la fosa", añade.

Si las autoridades hubieran hecho correctamente su trabajo, el cuerpo de Israel Hernández hubiera podido ser identificado de manera inmediata, tan sólo por la ropa. Esa es la conclusión a la que llegó la familia tras cuatro años de búsqueda.

Una teoría que tengo, es que omitieron esa información porque todavía no se abrían las fosas y no querían que hubiera un indicio para que se abrieran. Fue ocultamiento".Edith Hernández, hermana de desaparecido

Edith y su madre recibieron una llamada de su asesora legal, Teresa Ulloa. En tono solemne, las citó en su casa. Edith ya presentía que algo sucedería. Apenas llegaron, la seriedad en la cara de sus compañeras evidenciaba la tensión en el ambiente. "Ya encontramos a Israel", dijo la abogada. Madre e hija quedaron impactadas. No sabían cómo reaccionar. Eso ocurrió a finales de septiembre de 2016.

"Mi hermano era como un sueño amarrado, porque lo tenían enterrado y no dejaban que saliera. Era un tesoro, porque estaba enterrado, estaba en la tierra. Hasta que con ayuda de mis compañeras lo pudimos rescatar los tesoros, que son muchos y los están entregando", dice Edith entre lágrimas.

"Somos ocho hermanos con Israel. Nadie lloraba enfrente de nadie hasta antes de encontrarlo, nos volvimos muy caraduras. Éramos muy alegres, pero a partir de la desaparición de mi hermano nos volvimos como enojones, molestos con la vida. No podemos sonreír", dijo. "Por fin pudimos llorar de frente", agrega Edith, quien tras la desaparición de su hermano decidió estudiar la licenciatura en Seguridad Ciudadana en la universidad local y seguir acompañando a las víctimas de desaparecidos.

"Yo lo hago porque quiero que no se olvide mi hermano. Lo hago en su honor. También porque lo que él sufrió, lo que siente mi mamá, lo que siento yo, también lo sienten mis compañeras y quiero apoyar", asegura.

Otros casos ilustran la magnitud del caos que impera en muchos de los expedientes forenses, desorden que impide encontrar a muchos de los desaparecidos.

Tal es el caso de Jesús Hernández Maldonado, cuyo cadáver permaneció tres años en el Semefo de Morelos sin que se le practicaran los protocolos necesarios para poder identificarlo.

Desde el escándalo de las fosas, las autoridades de Morelos ya realizan pruebas de ADN como parte del protocolo para identificar cadáveres. Un procedimiento que debería ser obligatorio, pero que se logró gracias a la presión de los familiares de desaparecidos.

"Se está haciendo por la presión de las familias. Nosotras somos las que buscamos las campañas de ADN, buscamos que venga la policía científica y se obliga a la Fiscalía a que se tomen las muestras. Ahí están botando los resultados y por eso están saliendo", afirma Edith.

Un caso que evidencia la manera en que un grupo de familiares inexpertos, obtuvo mejores resultados en la búsqueda de desaparecidos que el gobierno.

"Todo es una simulación", señala Edith.

Cuando finalmente el cuerpo de Israel fue entregado a sus familiares, su padre colocó una lona a la entrada del zaguán. "Bienvenido a casa", era el mensaje con el que Israel finalmente regresó con los suyos.

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Dos veces desaparecido

Cuartoscuro

Jesús Noé Bourjac no conoce a su padre. Pero irónicamente, tuvo noticias suyas hasta que fue declarado como desaparecido. Un padre que, por azares del destino, desapareció de la vida de su hijo dos veces. Un hijo que ahora libra una batalla por encontrarlo.

La historia de Jesús bien podría ser la trama de una película. Nació y creció en Hermosillo, Sonora. Sus padres se conocieron mientras su papá trabajaba como guardia en una torre de control del aeropuerto local. Su mamá quedó embarazada. Sin embargo, el hecho de que los suegros desaprobaran la relación, provocó que Ángel Saúl Muñoz Pérez, padre de Jesús, se mudara de ciudad sin saber que sería padre.

La madre tuvo dos hijos que nunca conocieron a su padre. Luego pasaron muchos años.

La hermana de Jesús buscó a su padre durante algún tiempo, sin ningún resultado. Por aquel entonces Noé vivía en Cancún. Y de pronto ocurrió que su hermana logró encontrar a su padre cuando fue reportado como desaparecido. Así se enteraron que Ángel Muñoz trabajaba como policía.

Contactaron a su familia paterna y establecieron relación con su abuela y su tía, Lorena Muñoz.

Desde hace tres meses, Noé cambió de residencia y se mudó a Cuernavaca con el objetivo de encontrar a su padre, al mismo tiempo que intenta poner un negocio de comida.

Reconoce que decidió venirse a vivir a Morelos porque algo dentro de él lo impulsó a tratar de reencontrarse con su pasado, incluyendo al padre que no conoce. Ahora toma parte de las reuniones que sostienen los familiares de los desaparecidos con la Fiscalía de Morelos para tratar de identificar los cuerpos enterrados en las fosas clandestinas de Tetelcingo y Jojutla.

Y todo con la esperanza de algún día poder abrazar a su padre por primera vez.

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