MÉXICO
24/01/2018 10:39 AM CST | Actualizado 25/01/2018 9:52 AM CST

Tras décadas de lucha por limpiar el aire, en CDMX pocos creen que los datos sean ciertos (y están en lo cierto)

En 2017, los residentes de CDMX tuvimos 24 días de aire limpio. Es una cifra récord, pero es muy poco.

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"Yo no creo que la capital ya no sea la ciudad más contaminada del mundo, eso ha de ser algo que dicen ahora los políticos que buscan gobernar la ciudad, mire nada más esas natas de humo y los ojos llorosos de toda la gente. Yo siento que estamos peor que nunca".

Como un excelente cronista urbano, Juan Carlos Liebre, un taxista con 25 años de experiencia tras el volante, define con precisión varios de los momentos que enturbian la calidad de vida de los chilangos (como se dicen a sí mismos los residentes de Ciudad de México). Justo en un año en que se renovará la alcaldía de la ciudad, una de las promesas de los candidatos a gobernarla es que, ahora sí, lucharán por bajar la contaminación.

Cuartoscuro
En la temporada invernal, la Ciudad de México experimenta días de muy mala calidad del aire.

Y es que justo en invierno, los ancestrales problemas de la polución ahogan el respirar de los 20 millones de personas que viven en el Valle de México. En esta región a más de 2,250 metros sobre el nivel del mar, históricamente el aire ha sido malo. Cada día hay partículas suspendidas por las fábricas que siguen operando; el viento eleva polvo de las erosionadas tierras deforestadas; circulan más de 4.3 millones de autos, autobuses y camiones... y todo dentro de una especie de olla de presión en este valle rodeado por montañas.

A fines de los 80 y principios de los 90, la calidad del aire era tan mala que se documentó que pájaros habían caído muertos al sobrevolar la ciudad. En 1992, la ONU etiquetó al entonces Distrito Federal como "la ciudad más contaminada del mundo". En 1989, bajo la administración del PRI (el partido que ha gobernado más tiempo a México en la historia moderna), se comenzaron ambiciosos programas como el "Hoy no Circula", que obliga a los conductores a dejar sus coches un día a la semana en casa.

Desde entonces, los chilangos, como se llama a los residentes del Valle de México, se acostumbraron a revisar los indicadores de la calidad del aire, ofrecidos en noticieros y en los últimos años en redes sociales. Como hacen residentes de ciudades con clima extremo que revisan cada día el estado del tiempo, muchos chilangos revisan la calidad del aire y de la radiación solar, inclusive en Twitter (https://twitter.com/Aire_CDMX). Ahí, las autoridades locales reportan las condiciones del aire y ofrecen sugerencias para exponerse a los rayos ultravioleta con datos que representan toda la paleta de color de la piel humana, desde la más clara a la más oscura.

Por otro lado, algunos revisan la página www.aqicn.org, que sigue en tiempo real la calidad del aire de miles de ciudades del mundo. Para sorpresa de muchos ahí se observa que la capital mexicana no es, por mucho, la más contaminada del mundo. Y datos de la OMS lo confirman: a diciembre de 2017, la CDMX no es la más sucia, si bien está en el Top 10 de las 10 ciudades con mayor contaminación ambiental.

Entonces, ¿por qué los chilangos se quejan de que cada vez la calidad del aire es peor? ¿Por qué la sucia atmósfera del Valle de México, ubicado a más de 2,500 metros sobre el nivel del mar es irrespirable?

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A pesar de multas, revisiones dos veces al año, y supuestamente mejores tecnologías y combustibles, hay incontables vehículos que todos los días emiten gases contaminantes todos los días en Ciudad de México.

Respiración contra percepción

El gobierno lucha por hacer ver que hace su trabajo en base a las medidas que toma y los proyectos de transporte masivo, como el Metrobus (que recibe recursos de bonos de carbono) o Ecobici (un programa público de acceso a bicicletas). Por estos días, la administración del jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, aspira a dotar a la ciudad de más medios de transporte sustentable, como autobuses eléctricos.

Una de estas iniciativas consiste en una inversión de 450 millones de dólares para autobuses sustentables y nuevas rutas del Metrobus. Asimismo, se trabaja para ampliar el programa Ecobici. Y a nivel internacional, cabe destacar que Mancera firmó, junto con otros 50 alcaldes de todo el mundo, un compromiso para reducir las emisiones de gas invernadero.

"Hemos podido contener la contaminación e inclusive bajar los niveles", dijo Mancera en una rueda de prensa este mes.

De hecho, por algunos de estos proyectos, derivados de políticas públicas de sustentabilidad y combate al cambio climático, Mancera recibió el premio Cities4Climate que entrega el C40, el grupo de ciudades de todo el mundo que luchan contra el calentamiento global.

Pero como Liebre, el taxista, muchos aquí no creen que lo que dice el gobierno sea cierto. Un estudio del Centro de Investigación para el Desarrollo Internacional de Canadá, revela que más de 60% de los residentes de CDMX dudan de la información del gobierno capitalino. Más de 30% de ellos creen que el gobierno tiene un interés político en la promoción de sus programas anticontaminación; en tanto que otro 30% cree que los datos sobre la calidad del aire de las agencias oficiales son falsos.

Como en muchos casos, es la percepción la medida más acreditada y creíble.

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"Esos datos no me sirven para nada. Yo sé que el aire está malo porque me duele la cabeza y me lloran los ojos y las autoridades no han decretado la contingencia ambiental", dice Omar Farías, quien atiende una tienda de conveniencia en Tlalpan, al sur de la capital, en referencia a una de las medidas que las autoridades toman cuando la calidad del aire es mala.

Medidas establecidas en la década de 1990 como el programa "Hoy no Circula" y la "Verificación Vehicular" (una revisión de las emisiones de gases de los automóviles) disminuyeron las emisiones de los gases más nocivos como el ozono, pero la Ciudad de México es todavía un gran generador de gases producto de la quema de combustibles como el dióxido de carbono, el óxido nitroso, el metano y los hidrofluorocarburos.

Por todo esto, 2017 sólo tuvo 24 días con aire limpio, de acuerdo con el Sistema de Monitoreo Atmosférico de Ciudad de México. Esto es, la capital y la zona metropolitana tuvieron más de 240 días con índices de contaminación superiores a 50 puntos del índice, el cual mide varios gases como dióxido de carbono y ozono, así como presencia de azufre y partículas suspendidas.

Yo sé que el aire está malo porque me duele la cabeza y me lloran los ojos y las autoridades no han decretado la contingencia ambiental".Omar Farías, empleado

A pesar de lo ominoso de la cifra, en el pasado inmediato las cosas estuvieron peor. En 2016 sólo hubo 17 días limpios, 7 más que el año previo. Por otra parte, el año pasado las autoridades ambientales decretaron en 4 ocasiones la contingencia ambiental, una serie de medidas que se aplican cuando hay altas concentraciones de emisiones y partículas suspendidas.

Esta medida la determina la Comisión Ambiental de la Megalópolis, una región del centro del país que incluye a Ciudad de México y docenas de municipios en los estados vecinos. La contingencia se decreta cuando en una zona de la megalópolis se registran más de 100 puntos de Índice de Calidad del Aire. Dependiendo de la fase (la 1, por ejemplo, implica más de 100 puntos), las autoridades ordenan la suspensión de actividades como la operación de vehículos de mantenimiento, actividades mineras, trabajo pesado en obras de construcción, etcétera.

En otras fases, sobre todo cuando hay altas concentraciones de ozono (especialmente en la primavera) se ordena que dejen de circular vehículos particulares y del transporte público y de carga en base a la terminación de las placas de circulación y al año en que fueron fabricados.

Pero con todo, la gente se resiste a creer que hay menos contaminación.

"Es puro alarde de políticos en campaña o que quieren hacernos creer que trabajan", dice Liebre mientras da un volantazo para evitar chocar a un camión de transporte de materiales, definido por el taxista como una "chimenea ambulante".