MÉXICO
12/12/2017 4:36 AM CST

Sobrevivir para denunciar una violación sexual en una universidad mexicana: doblemente víctima

Getty Images/Moment Open

Nota del editor: Se cambió el nombre de la persona que sufrió agresiones sexuales y se omitió tanto el de su madre, como el del agresor para no interferir con el proceso legal, aún vigente.

Su vida era 'normal' para las convenciones sociales que pretenden validar el comportamiento de una mujer de 22 años. Andrea estudia la carrera de Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, vive con su mamá y suele divertirse con sus amigos.

El 12 de agosto del 2017, después de pasar el rato con sus amigos, fue víctima de violación.

"Estuve conviviendo y bebiendo con mis amigos. Como ya era tarde, este sujeto (el agresor) se ofreció a llevarme a mi casa en Uber (servicio de transporte a través de una aplicación). Aunque tuvimos que caminar un par de cuadras porque me equivoqué al poner mi dirección, llegamos a mi casa. Mi mamá estaba preocupada. En agradecimiento por acompañarme, lo invitó a pasar la noche en nuestro departamento. Después de cenar fui a mi cuarto, me puse la pijama y me acosté".

En medio del silencio de la noche, Andrea fue presuntamente abusada por Marco Antonio N., quien entró a su cuarto y comenzó a tocarla a pesar de que ella se negó expresamente.

De acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), durante el primer semestre del 2017 se denunciaron 16 mil 631 delitos sexuales en México; de esos, 6 mil 444 se refieren a casos de violación.

Así como esos 6 mil 444 agresores, Marco no respetó un "no". Marco invadió más que su espacio y abusó de ella.

"Me hizo toda clase de cosas aunque yo le dije que se fuera. No sabía qué hacer porque Marco regresó a mi cuarto para decirme que ya se iba. Me encerré en el baño y no salí hasta que se fue. El día siguiente fue peor, no comprendía por completo lo que había sucedido y no quería que nadie lo supiera".

Las estadísticas del SNSP muestran que la media de casos reportados por violación sexual es de 35.8, es decir, un caso cada 40 minutos. No obstante, existe una variable considerada "la cifra negra" y que se refiere a los casos no denunciados o no registrados por negligencia de los servidores públicos. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), este número, en el caso de violación, es aproximadamente 94.1%

Al día siguiente, cuando Andrea decidió contárselo a una amiga, su madre se dio cuenta de que algo malo sucedía. Ella confesó lo sucedido y así empezó un arduo y doloroso proceso no solo de sanación, sino legal.

Víctima dos veces

Con el apoyo de su familia y amigos, Andrea emprendió un vía crucis jurídico para que su agresor se hiciera responsable de sus actos. Simultáneamente, tuvo que enfrentarse con un escenario ominoso en su escuela.

Después de dejar de asistir a clases durante un mes (debido a la violación), se encontró con la omisión de las autoridades académicas, indiferencia del personal de Defensoría (supuestamente enfocado en la procuración de los derechos humanos del estudiantado) y un ambiente hostil y plagado de amenazas por parte de los amigos de Castillo Hernández.

El 15 de agosto (tres días después del ataque), acompañada de sus padres, Andrea acudió a la Fiscalía Central de Investigación de Delitos Sexuales (unidad de investigación No: FDS-6-01) para denunciar lo ocurrido. Así se abrió la carpeta de investigación número CI-FDS/FDS-6/UI-FDS-6-01/00901/08-2017.

Sin embargo, debido a otra clase de anomalías en los procedimientos de la fiscalía, el proceso no inició oficialmente porque la víctima no presentó la dirección de Marco Antonio.

La madre de Andrea acudió a la ENAH para solicitar una orden de restricción interna en contra del supuesto agresor a Bismarck Alfredo Hernández Chavelas, coordinador de la carrera de Antropología. El funcionario de la escuela aseguró que no podía hacer mucho pues la agresión, en caso de haberse suscitado, le dijo, no fue dentro de las instalaciones del plantel. En cambio, solo preguntó por el nombre del alumno para 'tenerlo identificado'.

Andrea regresó a clases hasta el lunes 11 de septiembre y asegura no haber recibido ningún tipo de ayuda por parte del personal docente.

El 18 de septiembre acudió a la ENAH para entregar a Bismarck y a la directora, Julieta Valle Esquivel, su ampliación de testimonio donde quedó asentado que tuvo que cambiarse de domicilio después de la agresión, así como identificar por nombre a su agresor.

No encontró a Valle Esquivel, así que dejó los documentos con su secretaria. En el caso del coordinador de la carrera, este los recibió pero aseguró que la escuela no podía hacer nada. Bismarck respondió, de acuerdo con el testimonio de Andrea, con hostilidad: "¿Y qué hago con esto?".

Incluso le preguntó si Andrea seguiría asistiendo a clases, a lo que siguieron una serie de recomendaciones. "Te sugiero que llegues antes de la 1:00 p.m, que no andes sola".

"Parecía que quería que yo pasara el menor tiempo posible en la escuela para no causarles más molestias", narró Andrea al HuffPost México.

El único apoyo que la coordinación de la carrera le ofreció fue enviarle las tareas por correo mientras ella se reincorporaba a clases; sin embargo, eso tampoco sucedió.

En ambos casos, la estudiante violentada no recibió ni solicitó ningún acuse de recibido.

Ante la apatía del personal de la universidad, el 10 de octubre se hizo el pronunciamiento público en el que un grupo de compañeras cercanas a Andrea hicieron una denuncia a través de una página de Facebook en el cual se dio a conocer el nombre del presunto atacante.

El pasmo institucional de la ENAH

El caso de Andrea se suma a otras denuncias que no han sido resueltas.

A raíz de un supuesto caso en el que un profesor acosó a una alumna del plantel, una estudiante realizó una solicitud de información al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (con folio 1115100017317) con fecha del 1 de marzo de este año; misma relacionada con la existencia de protocolos de atención a víctimas de hostigamiento, acoso o violencia sexual en la escuela que, a su vez, depende del Instituto Nacional de las Bellas Artes y de la Secretaría de Cultura.

INAI

INAI
Simplemente no existe una guía que pueda auxiliar a estudiantes de la ENAH que hayan sufrido cualquier tipo de agresión sexual. Nueve meses después de la solicitud, el panorama no es distinto.

El HuffPost México asistió a la ENAH el pasado 31 de octubre para entrevistar a las autoridades. No se pudo contactar, ni a la directora ni al coordinador de la carrera de Antropología Social, pero sí a Ariadna Cano, una de las personas del área de Defensoría.

HP: ¿Existe algún tipo de protocolo de atención a estudiantes que hayan sufrido cualquier tipo de agresión sexual?

"Tengo conocimiento de un protocolo para la prevención y atención de hostigamiento y acoso sexual. Pero estos solo son de hostigamiento y acoso. En el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) existe un Comité de Ética, que estamos revisando para ver cómo implementamos un protocolo.

(...) Sobre el seguimiento a una denuncia, nosotros como Defensoría no (podemos) tomar partido por ninguna de las dos partes. En cualquiera de los casos que se presenten aquí, solo podemos dar acompañamiento.

HP: ¿Qué tipo de acompañamiento?

"Si llegan a citarlos en la delegación, podríamos estar presentes; brindar apoyo psicológico a las víctimas o algún tipo de asesoría legal.

HP: En el caso de Andrea, el proceso legal no puede evolucionar ya que las autoridades de la fiscalía le exigieron que ella proporcionara la dirección del agresor, no la tiene. ¿Ustedes podrían proporcionarle esa información?

Como sucedió fuera de la escuela nosotros no podemos intervenir. No podemos juzgar sin que, precisamente, una autoridad jurídica haya dictado sentencia.

Además, tampoco podemos hacer mucho porque ella (Andrea) no presentó una queja formal de manera interna.

Ariadna Cano es la encargada de la elaboración del protocolo de atención a estudiantes víctimas de delitos sexuales. Sin embargo, no tiene una fecha límite para finalizar el mismo. Es decir, que si algún alumno llega a ser víctima de una agresión similar, las autoridades de la escuela no sabrían cómo proceder.