MÉXICO
31/08/2017 4:50 AM CDT | Actualizado 31/08/2017 4:50 AM CDT

#Los4milOlvidados: En la soledad extrema

Una psicóloga clínica describe cómo la marcó haber trabajado en albergues para indigentes: los malos olores y las duras imágenes no se le borran.

8 de marzo de 2016. Mujeres del CAIS Villa Mujeres.
SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
8 de marzo de 2016. Mujeres del CAIS Villa Mujeres.

Visitar un albergue impacta, perturba y duele. Atraviesa todos tus sentidos y abre un panorama que pensabas no existía, comparte Araceli Galván, psicóloga clínica del Instituto de Oftalmología Conde de Valenciana en CDMX.

Galván narra al HuffPost México que, siendo estudiante del Instituto Politécnico Nacional (IPN), realizó varias prácticas en los CAIS Cuemanco y Cascada. A 10 años de esta vivencia, reconoce que la situación de estos lugares es tan impactante que aún tiene en la memoria el impregnante olor a orines y mierda, así como las imágenes de personas desnudas y golpeadas tiradas en el piso. La piel se le vuelve a poner "chinita".

"La primera impresión de visitar un lugar así, te hace dar cuenta cómo en realidad viven algunas personas. Condiciones que uno nunca se imagina. Entre la mugre, descuidadas, que no tienen medicamentos, que tienen mucha necesidad de conocer a otras personas, de hablar. Te das cuenta que a quien menos le temes es a los pacientes, sino al ambiente, a la condición.

"Hay pabellones. En algunos hay personas más funcionales donde pueden caminar, pero no hay limpieza. Pasas a otros y hay personas desnudas, en el piso, llenos de golpes, que tienen cicatrices muy grandes, que entre ellos se golpean. Los pabellones son de 50 pacientes donde hay un enfermero para todos ellos. Son cosas que impactan, que atraviesan todos tus sentidos. Lo que estás viendo es muy fuerte. El olor impacta todos tus sentidos, la piel se te pone chinita de ver la condición en la que viven y que hay muchos pacientes abandonados, hay gente que ya nunca volvió por ellos", declara.

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8 de marzo de 2016. Centro de Asistencia e Integración Social Villa Mujeres.

Menciona que en repetidas ocasiones visitó el CAIS Cascada y que las dos veces que acudió a Cuemanco la impresión fue mayor, debido a la suciedad de los pabellones y el patio. Entre cristales rotos, inmundicia y hasta ratas, los habitantes padecen severos cuadros de depresión o trastornos mentales.

Perdidos en la melancolía

La psicóloga clínica considera que vivir dentro de un albergue es vivir en el abandono total, donde las enfermeras mejor se preocupan por la decoración del lugar que de los enfermos.

"Aquí es un abandono total, incluso yo recuerdo que las enfermeras que según estaban haciendo manualidades, nos dijeron que los apoyáramos con papel crepé, iba a ser 15 de septiembre. Que lleváramos banderitas para adornar ese espacio y nosotros 'sí, claro'. Pero después al doctor que nos dio el recorrido se le salió decirnos que eso no era lo que necesitaban los pacientes, que si les queríamos ayudar les lleváramos comida, medicamento, porque a veces no tenían ni para que los pacientes comieran. Incluso se molestó 'es que piensan que con papel van a estar contentos y no es así'".

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8 de marzo de 2016. Celebración del Día de la Mujer en CAIS Villa de Mujeres.

Los pocos pacientes que platicaron con Galván dijeron que no tenían familia o alguien que estuviera pendiente de ellos, lo que la enfrentó a cuestionarse sobre las opciones que tiene alguien viviendo así y que no se deprima profundamente.

Aunque destaca que muchas cuestiones de vida son las que llevan a las personas a dejarse llevar por la indigencia, el detonante más importante son las relaciones sociales, puesto que todo ser humano depende de "redes de apoyo". Cuando pierdes eso, es muy difícil salir adelante por ti mismo, explica.

"Sabemos que también hay mucha pobreza en el país, lo que también es un factor, te lleva a no tener una condición digna, de salud, de vivir. Una relación de agresión también es otro factor. El hecho de sentirte solo es el detonante y sentir que no tienes nadie y vivirlo te puede llevar a eso, un escape de ese lugar y tú construir un mundo en el que ellos también pierden emocionalmente su valor. Ellos no se sienten con autoestima y socialmente la gente los termina hundiendo", asevera.

Un ambiente digno

Terapia psicológica personalizada al menos dos o tres veces por semana, ayudaría a que los habitantes de los albergues estuvieran mejor; sin embargo, Galván destaca que en cualquier proceso terapéutico, el ambiente es lo que genera que la persona pueda superar su estado depresivo.

"Lo puedes escuchar, hablar con él, trabajar con sus emociones, tratar de ayudar a que esa persona se sienta persona, sus derechos humanos, pero si el ambiente no cambia es demasiado complicado".

"Lo primero es que estos programas o lugares brinden una calidad de vida a las personas, el otro es que la sociedad deje de etiquetar, atacar a estas personas, hacer que no existen, las traten con asco. Vivimos en un país donde no hay cultura ni de respeto ni de valorar a las personas como son, te discriminan si eres moreno, homosexual, todo y no hay valores".

Explica que para lograr un ambiente óptimo, lo primero es entregarles los recursos financieros y médicos necesarios y que sean tratados como personas porque aunque les den alimento y un espacio, la calle al menos les ofrece acondicionar su espacio y los hace libres.

"Yo les digo que no tienen la culpa de vivir en esas condiciones, que cuando se encuentren con alguien no miren hacia abajo y se sientan menos. Pidan ayuda, pues siempre habrá alguien para ellos con un pensamiento diferente", aconseja.

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