INTERNACIONAL
24/11/2016 11:29 AM CST | Actualizado 24/11/2016 12:53 PM CST

Del guajolote al indio Squanto, EU debe a la globalización su 'Thanksgiving'

A pesar del discurso de aislacionismo que se vive actualmente en Estados Unidos, es necesario recordarles que su día más celebrado no hubiera sido posible sin estas muestras de colaboración mundial de hace cientos de años.

Un pavo, o guajolote, especie que fue domesticada primero por los antiguos mexicanos y que se exportó a Europa en el siglo 16, cien años antes de que los primeros colonos en EU la consumieran como parte de su primer cena de Acción de Gracias.
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Un pavo, o guajolote, especie que fue domesticada primero por los antiguos mexicanos y que se exportó a Europa en el siglo 16, cien años antes de que los primeros colonos en EU la consumieran como parte de su primer cena de Acción de Gracias.

Hoy que los estadounidenses se sientan a la mesa para su cena de Día de Acción de Gracias, muchos deben recordar la historia de los "Padres Fundadores" que dieron forma a los primeros asentamientos de origen inglés en América del Norte en 1620, en lo que hoy es el poblado de Plymouth, Massachusetts.

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Muchos de los productos que se consumen en Thanksgiving se originaron por el fenómeno de la globalización del comercio trastatlántico de los siglos 16 y 17.

La historia dice que se trataba de colonos ingleses que buscaban la libertad religiosa en un Nuevo Mundo, y que en lugar de ello encontraron "una terrible y desolada tierra cruel, llena de bestias salvajes y hombres bárbaros".

Pero lo que muchos estadounidenses soslayan es que la historia de la lucha de esos pioneros, que culminó en lo que conocemos ahora como el primer festín de Acción de Gracias, es también una historia de globalización, cientos de años antes de que el término siquiera se acuñara.

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Los cruces de un lado al otro del Atlántico comenzaron un siglo antes de que los peregrinos llegaran al Nuevo Mundo a bordo del Mayflower. Para inicios del siglo 17, los viajes trasatlánticos ya eran muy comunes. Y gracias a la globalización esos primeros colonos pudieron sobrevivir en una tierra inhóspita y agreste. Esto inicia con el propio pavo del Thanksgiving, el cual, si bien no es un ave nativa de Estados Unidos, se trata de una reimportación que llegó desde Europa.

Dos pequeñas historias me ayudarán a explicarlo. Como profesor de negocios internacionales en la universidad de Rutgers, me ha fascinado la historia del comercio que data de milenios, y cómo los estadounidenses desconocen la verdadera historia del Día de Acción de Gracias.

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Ilustración que interpreta la llegada de los primeros colonos al descender del barco inglés Mayflower, en lo que sería conocido como Plymouth. La fecha es 19 de noviembre de 1620. Un año después, los sobrevivientes celebrarían su primer Día de Acción de Gracias con un banquete con productos cosechados, capturados, cazados y criados gracias al consejo del indio Squanto.

UN CUENTO TURCO

La mayoría de los estadounidenses probablemente desconoce que el turkey (pavo) que devoran cada Día de Acción de Gracias no es en realidad un ave de América del Norte (ni es de Turquía—Turkey, en inglés—). En realidad, este pavo tiene su origen en una especie de ave mexicana (meleagris Mexicana o guajolote), que los españoles encontraron en la conquista de los territorios aztecas y que exportaron a Europa un siglo antes de la fundación de Plymouth.

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Fragmento del Códice Florentino que narra un festín para un señor azteca, el cual incluye carne de guajolote.

Los europeos confundieron esta ave con la gallina de Guinea (una especie africana), que había sido importada vía la Turquía otomana. En apariencia el sabor, así como la facilidad y conveniencia en su crianza, del guajolote mexicano eran superiores, así que desplazó a la especie africana de las granjas y mesas europeas, quedándose con el nombre de "turkey". Hacia 1530 esta ave era ya muy popular en las granjas de Europa e Inglaterra.

Los primeros colonos de lo que sería Estados Unidos, quienes crecieron comiendo "turkey" en Europa, encontraron aves similares en su nuevo destino: una versión salvaje del guajolote llamada meleagris Americana. Sin embargo, estas aves salvajes no soportaban ser domesticadas a diferencia del guajolote mexicano, que ya era criado para su consumo en Europa y se reimportó de vuelta a suelo norteamericano bajo el nombre de "turkey".

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Si bien la primera cena de Acción de Gracias probablemente incluyó alguna variedad de aves locales, lo más probable es que lo que los primeros estadounidenses conocen ahora como turkey sea descendiente del guajolote mexicano, que hizo su viaje redondo desde México y de regreso a Plymouth con Europa de por medio en barcos ingleses y españoles.

SQUANTO Y LA PRIMERA COLONIA EN PLYMOUTH

Nueve meses después de su llegada, casi la mitad de los 102 colonos que desembarcaron del Mayflower había muerto de hambre y enfermedades.

Los pioneros pobremente preparados habían arribado en el otoño de 1620, demasiado tarde como para sembrar granos debido a que subestimaron la dureza del invierno en territorio que ahora es Nueva Inglaterra. Para su sorpresa, descubrieron que su punto de llegada, cercano a la península de Cape Cod, estaba despoblado, así que no pudieron recurrir a consejos de los nativos.

La forma en que sobrevivieron, y lo que sucedió después, es otro ejemplo de los extraños vericuetos de la globalización.

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El indio Squanto aconseja a los primeros colonos ingleses en Plymouth.

Los peregrinos llegaron a Plymouth un mes después de su desembarco y descubrieron que muchos de los nativos norteamericanos que habían vivido en el área de Cape Cod habían sido exterminados debido a la viruela y otras enfermedades contagiadas por la llegada de los barcos mercantes ingleses. Los tripulantes de uno de estos barcos, allá por 1608, propusieron a los nativos intercambiar productos de metal por pieles de castor y otros animales. Pero en lugar de ello, engañaron a los nativos y transportaron a Europa, en calidad de esclavos, a algunos de los que capturaron.

Uno de ellos era un joven indio llamado Squantum, que luego se abrevió a Squanto, quien fue vendido como esclavo a sacerdotes católicos por 20 libras. En 1612 lo liberaron y Squanto viajó a Londres, donde vivió por seis años con la esperanza, quizá ilusoria, de volver a su comunidad original. De hecho, no era algo tan improbable debido a que el comercio y la globalización ya eran fenómenos viene establecidos.

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Cada año, barcos mercantes ingleses zarpaban con rumbo a Nueva Inglaterra, donde comerciaban sus productos y a menudo esclavizaban a más nativos. De hecho, el comercio de los ingleses con las primeras colonias en Nueva Inglaterra se relacionó, desde su inició, en la esclavitud. Para 1618, la habilidad de Squanto en el idioma inglés, su inteligencia en general, y su vocabulario, fueron apreciados por el capitán de un navío inglés quien le ofreció llevarlo de vuelta a Nueva Inglaterra a cambio de sus servicios como intérprete e intermediario. A su desembarque en algún lugar cercano a Maine, Squanto fue liberado o escapó. Luego le tomó casi tres años caminar al sur para encontrarse con los colonos asentados cerca de su villa nativa.

En la primavera de 1621, mientras la desesperanza y las muertes asolaban a los debilitados colonos supervivientes, para su enorme sorpresa, un nativo norteamericano (perteneciente a los patuxet), quien hablaba inglés, así como la lengua local wampanoag, llegó a su campamento con una oferta de amistad y consejos sobre qué plantas sembrar y cómo cazar y atrapar animales. Eso les permitió a los inexpertos colonos sobrevivir.

Y, además, Squanto sirvió como embajador ante los nativos wampanoag y los narrangasett. Así, un año después, luego de la primera cosecha exitosa, los peregrinos organizaron un banquete en celebración con los nativos en lo que ahora se festeja como el primer Día de Acción de Gracias.

Pasó luego casi medio siglo de una paz con altibajos entre los ingleses y los nativos, lo que resultó en que aquellos casi 50 colonos que sobrevivieron el primer invierno pudieran perdurar. Con las nuevas llegadas, la colonia inglesa creció a 180 en 1624 y eventualmente a más de 1,500 en 1650.

Para 1675, la población inglesa explotó a más de 22,000 y los nativos comenzaron a darse cuenta de que constituían una amenaza. Entonces lanzaron un ataque liderado por el jefe Metacom no lo que ha sido descrito como la Primera Guerra India. Los nativos, sin embargo, no fueron rival para las armas de fuego de los ingleses y su creciente número.

Pero eso ya es parte de otra historia.

UNA FIESTA DE LO GLOBAL

Los viajes trasatlánticos de Squanto, el papel que desempeñó en la supervivencia de los miembros de la cabeza de playa de Inglaterra en el continente americano, así como la exportación y reimportación del guajolote mexicano, al que llamaban turkey, son ejemplos vivos de que la globalización ya era algo común, inclusive rutinario, en el siglo 17.

Cuatro siglos después, mientras muchos quieren combatir la globalización, estas historias sirven para recordar que las fuerzas que impulsan este fenómeno no se pueden detener.

En tanto, los estadounidenses deben dar gracias por los guajolotes mexicanos, las papas originarias del Perú, el vino originario de Francia que se produce en California, y las manzanas europeas que adornan nuestras mesas en Acción de Gracias, todo debido a los poderosos vientos de la globalización.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation en inglés y Andrés González lo tradujo al español. El original en inglés se puede leer aquí.

The Conversation