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Lo que nos une luego de atentados terroristas y terremotos

03/10/2017 8:00 AM CDT | Actualizado 03/10/2017 10:51 AM CDT
Daniel Becerril / Reuters
Voluntarios regalan juguetes a niños que perdieron sus casas luego del terremoto del 19 de septiembre en Ixtlahualtongo, delegación Magdalena Salinas, CDMX. 1 de octubre de 2017.

Lo contrario al amor no es el odio, sino el miedo (Gary Zukav)

Regreso a Londres después de pasar un par de semanas trabajando en la Ciudad de México, dentro de las cuales coincidió el temblor de este pasado 19 de septiembre en la Ciudad de México.

Las muestras de preocupación, cariño y afecto de familiares, amigos y clientes no han dejado de hacerse presentes, de forma similar a cuando hemos sufrido atentados terroristas en Londres.

A pesar de las profundas diferencias que hay entre los atentados terroristas y los terremotos, les comparto tres coincidencias que percibo ante dichas calamidades y una reflexión (una más, lo sé, ustedes disculpen) de lo que el terremoto despertó:

1. Ante el odio y el miedo prevalece el amor.

Si bien los atentados terroristas y los terremotos debieran de provocar odio y miedo, lo que hemos visto son reacciones de amor y muestras de humanidad que han inspirado a todos.

Sin entrar a discutir si el odio o el miedo son los opuestos del amor, cualesquiera imagina que estos ataques terroristas y terremotos provocarían odio y miedo y no quiero decir que no lo han hecho entre algunos. Sin embargo, lo que ha prevalecido es el amor, principalmente el amor al prójimo, la empatía, el deseo de ayudar, las muestras de una humanidad intuitiva y no instintiva, aquella que no busca evitar y evadir la muerte, sino la enfrenta y trasciende.

2. Igualdad ante la desgracia.

Ante un atentado terrorista o un terremoto ha quedado claro que todos somos iguales, que no hay distinción alguna entre edades, sexos, credos, religiones, generaciones, profesiones y cualquier otro tipo de diferencia que suele distinguirnos y separarnos.

La adversidad nos une, porque nos hace ver que todo aquello que nos distingue y nos separa es creado por nosotros mismos. Y ante la inevitabilidad de la muerte, todos somos y siempre seremos iguales.

3. Nacimiento y preservación de la ciudadanía ante el gobierno.

De entre los escombros vemos surgir fuerte y vigoroso al individuo, al ciudadano, sin pedir permiso al gobernante y líder alguno. Y nos damos cuenta que no son necesarios ya que sin ellos podemos organizarnos, procurar, ayudar, resolver.

A pesar del terror sembrado por los terroristas, vemos cómo el individuo y ciudadano defiende sus libertades individuales ante el gobierno que busca limitarlas, privarlas o expropiarlas para cumplir sus funciones de seguridad.

En el caso de los terremotos nace y en el de los ataques terroristas prevalece.

Todos somos uno.

Los eventos son naturales, los desastres son políticos, el ayudar es humano (Begoña Siegrist).

El que más tiene más da, y el que necesita pide, cada quien actúa como siente debe hacerlo y todo se mueve en perfecta sincronía en aras del bien común, dirigiendo todos la atención a un objetivo por el cual todos estamos dispuestos a dar y contribuir. En el cual todos somos escuchados, en el que todos tenemos algo que aportar, encontrando orden en medio del caos.

Las calamidades sacan lo mejor de nosotros y desnudan aquello que todos sabemos y no queremos ver. La corrupción mata y ha quedado expuesta en Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Oaxaca y Puebla. La falta de confianza de la sociedad en los gobiernos ha creado redes ciudadanas para asegurarse de que la ayuda llegue a donde debe llegar.

Siempre hemos pensado por nosotros mismos, pero nunca hemos sido escuchados, basta un terremoto para que se oiga nuestra voz y quede claro que el problema no es que no pensemos por nosotros mismos.

La capacidad de organización espontanea por una parte y por otra parte la carencia de protocolos para estas situaciones y la descoordinación de los gobiernos volvieron a permitir que la ciudadanía pudiera desenvolverse sin mayores barreras, dejando en evidencia nuevamente que lo que requiere la ciudadanía es que la dejen ser para que sea.

Son muchos años de sumisión y sometimiento, los cuales si bien la han atrofiado no han logrado acabar con ella, como lo acabamos de ver. El peor enemigo de la ciudadanía como ha quedado de manifiesto es un gobierno paternalista que no deja que la ciudadanía se haga responsable de su propio destino. Ya es hora de que el gobierno se dé cuenta que son otros tiempos, lo único que necesitamos son administradores y servidores públicos honestos que se den cuenta que no gobiernan con poder, sino que mandan obedeciendo.

Porfirio Díaz dijo a Creelman en la entrevista para Pearson's Magazine que: "Los indios [...] están acostumbrados a guiarse por aquellos que poseen autoridad en vez de pensar por sí mismos".

Lo anterior fue y sigue siendo una falacia. Primero que nada, confunde poder con autoridad. Los indios estamos ciertamente acostumbrados a dejarnos guiar por aquellos a quienes les damos autoridad, lo que desgraciadamente nos ha sucedido es que bajo la bandera de la democracia, hemos sido sometidos a aquellos que han usurpado el poder y carecen de autoridad alguna. Y que, abusando de dicho poder, no han permitido que nosotros los indios nos hagamos responsables de nuestro destino.

Siempre hemos pensado por nosotros mismos, pero nunca hemos sido escuchados, basta un terremoto para que se oiga nuestra voz y quede claro que el problema no es que no pensemos por nosotros mismos, sino que los que detentan el poder —sin autoridad alguna, sordos de poder— dejen de estorbar para permitir que todos participemos en la reconstrucción nacional. Y que, escuchando a todos, se decida quiénes mandarán obedeciendo, no a través de poder, sino con autoridad.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.