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El engaño de las "misses activistas"

07/11/2017 7:00 AM CST | Actualizado 07/11/2017 8:23 AM CST

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¿De verdad que no se les ha encogido un poquito el corazón esta semana al ver a esas misses peruanas denunciando la violencia machista de forma coreografiada y con los brazos en la cintura? ¿A nadie se le han puesto los pelos de punta escuchando las cifras de abusos sexuales a mujeres en un evento que las trata solo como cuerpos? ¿Ningún espectador sintió escalofríos al ver cómo se acompañaba la palabra "feminicidio" con movimientos sensuales?

A juzgar por los millones de reproducciones, aplausos y retuits de la noticia debemos ser muy pocas las personas que pensamos que la Tierra estaba atravesando un agujero negro y que la curvatura espacio-tiempo había mezclado dos dimensiones antagónicas. Admito que también barajé la teoría de las bromas de los santos inocentes, pero ni rastro de comunicados desmintiendo el evento los días siguientes.

Como medio planeta sabe ya, los hechos tuvieron lugar el pasado 29 de octubre durante la elección de Miss Perú 2017. En un momento de la gala, cuando las participantes debían rendir cuentas al público sobre si sus medidas corporales estaban dentro del canon estético, sorprendieron a los asistentes cambiando la cifra del contorno de sus caderas por la del número de mujeres agredidas en su país.

Contado así parece una iniciativa de lo más loable... si no fuera porque la idea no provenía de ellas, sino que fue el propio concurso quien les pidió (¿exigió?) que recitaran esas frases.

Las candidatas a cuerpo del año cumplieron perfectamente todos y cada uno de los pasos. Pierna adelante, cifra de feminicidios, golpe de cadera y vuelta. Pierna adelante, cifra de abusos a mujeres, golpe de cadera y vuelta. Pierna adelante, cifra de víctimas de violencia, golpe de cadera y vuelta. El público gritaba desaforado y por un momento no quedaba muy claro si aplaudían a las chicas en bikini, a las cifras o a las muertes. Muy Los Juegos del Hambre todo.

Contado así parece una iniciativa de lo más loable... si no fuera porque la idea no provenía de ellas, sino que fue el propio concurso quien les pidió (¿exigió?) que recitaran esas frases.

Resulta que este año los organizadores de la gala decidieron "tematizarla" con el asunto de la violencia hacia las mujeres. Podrían haber elegido hacerlo sobre Harry Potter, pero alguien les dijo que el feminismo estaba más de moda.

Entendiendo por feminismo esos eslóganes de camiseta que se utilizan para hacer creer que la marca apoya a las mujeres mientras se sigue aprovechando de ellas. El mismo que abanderan quienes no se han molestado en entender qué significa esta palabra y mucho menos en aplicarla.

El equipo creativo se puso en marcha y decidió crear un show en el que se entremezclaban cuerpos de mujeres posando con las cifras de los abusos sexuales hacia ellas. Pases de modelos en bikini con los titulares de periódicos detallando sus muertes.

Y el momento más surrealista de la gala: una reivindicación para que las mujeres puedan vestirse como quieran en un plató con 23 mujeres vestidas exactamente igual, esto es, con ropa ajustada. ¿Dónde estaba la miss en pants?

Que se rechace la violencia desde cualquier canal es un gesto positivo y necesario, pero no lo es tanto que se difundan mensajes contradictorios. Todo el mundo sabe que este tipo de concursos refuerza la idea de que las mujeres son solo cuerpos, ni siquiera personas. Esa forma de representarlas y considerarlas influye decisivamente en la violencia que se ejerce sobre ellas. Apelar a que los hombres dejen de agredir a las mujeres y provocarlo al mismo tiempo es una gran incongruencia además de una falta de responsabilidad.

Estamos tan acostumbrados a que los cuerpos de las mujeres se utilicen para adornarlo todo que este evento nos ha parecido de lo más normal, pero reducir a las mujeres a la categoría de objeto también es un signo de violencia. Reducirlas a un objeto que debe mantener unas medidas específicas y cuyo único valor es su atractivo sexual, es no haber entendido qué significa luchar por los derechos de las mujeres.

Todo el mundo sabe que este tipo de concursos refuerza la idea de que las mujeres son solo cuerpos, ni siquiera personas.

Lo que ha hecho este concurso se llama hacerse pendejo, mirar para otro lado, o lo que es peor: aprovecharse del sufrimiento de las mujeres para ganar audiencia. Algunos dirán que es una exitosa estrategia de marketing, pero yo lo llamo falta de honestidad. Es muy necesario que se hable de las agresiones a mujeres en los espacios mediáticos, pero no de cualquier manera ni a cualquier precio. Mucho menos haciendo un espectáculo de ello.

Si la organización hubiese tenido la más mínima intención de hacer algo por erradicar esa violencia habría empezado por transformar su propio concurso. No se habría quedado en lo deslumbrante de las cifras sino que habría interpelado a quienes la generan.

No habrían puesto el foco en visibilizar a las víctimas sino en los hombres que abusan de ellas. ¿Imaginan una gala de místers que reciten a viva voz el número de hombres que matan y violan en el mundo? ¡Esto sí que habría sido revelador!

Algunas personas celebran que le hayamos metido un gol al patriarcado, yo tengo dudas de si ha sido el patriarcado el que nos la ha vuelto a aplicar apropiándose de nuestros mismos términos. Lo único bueno de este suceso es que estemos aquí hoy debatiendo sobre ello.

Pero por favor, vayamos hasta la raíz: no nos conformemos.

Este texto fue publicado originalmente en El HuffPost y ha sido editado.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.