EL BLOG

Las lecciones luego del temblor

22/09/2017 6:43 AM CDT | Actualizado 22/09/2017 9:25 AM CDT

El martes por la noche, terminando una sesión en línea con mi equipo de trabajo, tomé, como siempre, una pausa para revisar los medios sociales, especialmente desde que vi una foto de mi amiga Gaby, cerca del Popocatépetl comentando lo fuerte que se había sentido el sismo. "¿Cuál sismo?", pensé que tal vez sería una foto de la semana pasada.

Pero no. Pronto entre videos, estatus de mucho pánico, gente buscando gente, me di cuenta que este terremoto era un evento diferente y que además había golpeado de forma especial a la Ciudad de México, hacía apenas unos minutos.

SANDRA MARTÍNEZ /CUARTOSCURO.COM
Miembros de la sociedad civil transportan ví­veres, herramientas y artí­culos de aseo al centro de acopio habilitado en la esquina de Atlixco y Juan Escutia, en la Condesa.

Y es que nos golpea de muchas formas: en la física y tangible, pero también en la simbólica. Hace una semana nos estábamos de alguna forma "congratulando" de que no hubieron daños mayores en la Ciudad de México por el otro sismo.

Tal y como si nos hubieran pasado un examen que reprobamos.

Pues ahora tocó, con fuerza, un 19 de septiembre, una fecha que para mucha gente significó la mutilación de familias y patrimonios y el cambio total de paradigmas de nuestra forma de vida.

¿Qué tenemos que aprender de la experiencia que se repite?

Me parece que hay algunas lecciones que tenemos claras y de las que estamos orgullosos: como la solidaridad. Saltó a la vista hace 32 años y de ahí nacieron organizaciones como Los Topos, de Tlaltelolco, quienes se han ganado el respeto de todo el mundo con su labor. No por nada es una de las organizaciones más mencionadas por mexicanos viviendo en el extranjero para realizar donaciones.

Pero ciudadanos de a pie, nos sentimos inspirados con la acción de mucha gente que pone a disposición sus manos, pies y corazones para ayudar.

La solidaridad es un valor que está en la columna vertebral de los mexicanos, y no debemos perderla de vista ni minimizarla, pero tampoco darla por sentado.

¿A qué me refiero con esto?

La solidaridad es, justamente un valor ciudadano, pero no necesariamente de la clase política. A nuestras autoridades se les hace costumbre que los ciudadanos vamos a donar, o vamos a apoyar. La respuesta de los servicios de emergencia se ve lenta y pesada, y varios de mis amigos expresaron que "llegaron a tomarse la foto".

¿Y el dinero? No sin razón, circula una petición para quitar presupuesto de las campañas políticas y aplicarla a los damnificados, ¡y tienen razón! ¿Por qué habríamos de dejar que los recursos lleguen por medio de donaciones, cuando se han enviado apoyos a Estados Unidos? ¿Cuando los partidos políticos reciben dinero de a montones para producir basura con mentiras? ¿Cuando los diputados y senadores ganan en un mes mucho más dinero del que un mexicano normal verá en un año? Así que, la solidaridad es una lección que todavía necesita ser aprendida por los gobernantes de nuestro país, y no a cambio de ningún voto.

El respeto a quienes sufren y al patrimonio ajeno es otro tema que ha saltado a la vista en catástrofes como esta. Pues si bien hay mucha gente ayudando, también hay gente viendo cómo se aprovecha de la situación para su propio beneficio. Las alertas que he leído van desde los típicos que se meten a saquear tiendas, o los que se roban alimentos y cosas donadas para venderlas.

Por algo piden "marcar" las latas con plumón, para que se sepa que son donadas, ¿no nos dice nada eso sobre la desconfianza?

Mi querido amigo Témoris Grecko señala en otro artículo, una gran lección que tenemos que aprender y aplicar siempre: que en México todos somos mexicanos y que nuestro sufrimiento es igual en el itsmo, en una zona marginada, que en la Ciudad de México. Pero en la práctica no lo es.

La semana pasada se movilizaron muchos recursos hacia Oaxaca, Chiapas y Tabasco. Pero hoy, esas comunidades que todavía no superan sus propios estados de emergencia, se ven amenazadas con caer en el olvido dadas las exigencias de los daños en la Ciudad de México, de que son más visibles en los medios. Así, a veces es siempre: los problemas citadinos se ponen al centro de la discusión y los problemas en los estados se dejan de lado. Esto también en temas de educación, salud, pobreza.

En México habemos muchísima gente y nuestra dignidad y nuestros derechos deberían valer igual en todo el territorio, así que sigamos donando y apoyando a las zonas afectadas alrededor de la capital, de forma paralela, hasta que todos estemos bien. ¡Deberíamos ser suficientes para la tarea!

Nos movieron el tapete, literalmente.

Algunos perdieron la vida. Otros luchan con ganas por preservarla. Quienes vivieron y recuerdan el 85 están estos días convencidos de que saldremos fortalecidos de esta situación. Pero tal vez todavía tenemos que pensar en que, así como los edificios viejos, los cambios llegan a sacudirnos de la raíz para deshacernos de viejas estructuras y creencias. ¿Cuáles queremos cambiar como país? Esa es nuestra mayor lección, y todavía tenemos mucho que hacer para aprobarla.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.