EL BLOG

Desempleo, pobreza y desigualdad en Paraguay garantizan que siga la turbulencia política

08/05/2017 10:00 AM CDT | Actualizado 08/05/2017 1:07 PM CDT

Los campesinos paraguayos marcharon para demandar reformas agrarias que devuelvan puestos de trabajo al campo. Jorge Adorno/Reuters

Por Magdalena López, investigadora en CONICET. Coordinadora del grupo de estudios sociales en Paraguay en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Universidad de Buenos Aires

Recientemente Paraguay se vio sacudido por el debate parlamentario en torno a la posibilidad de la reelección presidencial (posteriormente enterrada en la Cámara de Diputados) y la protesta desencadenada en su contra.

Si bien las imágenes del Congreso en llamas y el asesinato de un joven manifestante en manos de las fuerzas de seguridad llamaron la atención internacional, demostraron claramente los límites del sistema democrático paraguayo. El turbulento proceso político actual no es el único problema que enfrenta este país sudamericano.

Bono demográfico

En teoría, la situación podría ser más favorable. Según los datos oficiales correspondientes a las proyecciones de la población nacional, más del 60% de los casi 7 millones de paraguayos tiene entre 15 y 64 años: Paraguay se encuentra atravesando su transición demográfica, generando el denominado "bono demográfico".

Esto quiere decir que el país tiene una proporción extraordinaria e irrepetible de la población en edad de trabajar (81.52% en el año 2015), con reducida población dependiente, como niños (18.15% de menos de 10 años y adultos mayores). La población económicamente activa en 2015 era de 61.61%, mientras que para el censo de 2002 la población mayor de 15 a 64 años constituyó el 58% de la población total como reportó el censo de 2002.

Este dato estadístico no implica per se un salto en los niveles de productividad y en los modelos de desarrollo. Las matrices económicas existentes no prevén la incorporación laboral de tantos trabajadores nuevos ni planes específicos de inserción diferencial, es decir, "primer empleo" o planes para que grupos especialmente vulnerables puedan trabajar.

Si el Estado no planifica políticas públicas que generen este resultado -además de mejorar educación, salud, etc.- el bono demográfico, que seguirá vigente hasta 2025, puede generar un efecto opuesto: una profundización en los niveles de desigualdad, el empobrecimiento, la informalidad económica y un aumento en tasas de emigración.

Expulsión rural y pobreza

Tras una caída muy grande en 2012, la economía paraguaya ha crecido a un ritmo marcado, con aumentos del PIB de 4.7% en 2014 y 5.2% en 2015.

Sin embargo, se nota cierta debilidad estructural. Primero, la economía paraguaya es fuertemente dependiente y centrada en el sector primario (a pesar de cierto aumento en el sector terciario). Los factores centrales de la economía paraguaya son la producción de materias primas y la energía hidroeléctrica (el 25.6% y 24.9% del PIB en 2015, respectivamente), seguidos por las actividades del mercado negro de diversas escalas.

A pesar de su reducción de 32% en 2011 a 22% en 2015, la pobreza total sigue siendo alta en Paraguay. Según la oficina nacional de estadísticas, la pobreza extrema entre 2011 y 2015 cayó de 18% a casi 10%, pero aún hay 687,000 personas que viven en esta condición, 494,000 de ellos en el área rural.

Con un 20.5%, Paraguay es el país con el cuarto porcentaje total de personas en situación de indigencia extrema más alto de América Latina, luego de Honduras, Guatemala y Nicaragua, según un informe de 2016 de CEPAL.

Los asentamientos informales como este han aumentado en Asunción, la capital paraguaya, ya que muchas personas migran de áreas rurales a las ciudades en búsqueda de empleo.Jorge Adorno/Reuters

De 2010 a 2015 en Paraguay, el coeficiente de Gini, un indicador de desigualdad económica, pasó del .5124 al .4714. Pero si bien mejoró la distribución del ingreso per cápita mensual, la desigualdad sigue teniendo un alcance amplio. Según la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (DGEEC), la diferencia entre el quintil más pobre y el más rico aún es muy marcada: el 40% más pobre solo dispone del 12.5% de los ingresos, mientras el 10% más rico concentra el 37.1% de los ingresos.

Finalmente, Paraguay registra un 19,03% de subocupación y un 5,34% de desempleado abierto. De las 3.3 millones personas ocupadas en el país, 664,000 trabajan menos de 30 horas en la semana "y desean trabajar más horas y están disponibles para hacerlo o bien", según informa la DGEEC, o trabajan 30 o más horas semanalmente, pero "perciben un ingreso inferior al mínimo legal vigente".

Problemas en el campo

Estas vulnerabilidades económicas son más marcadas en el campo. El porcentaje de ocupación de hombres de 55.12% en la zona urbana mientras que en la rural es 64.19%. Y los salarios percibidos como ingreso mensual son notoriamente más bajo en el área rural, incluso la ganancia generada por el patrón o empleador.

La desigualdad entre las zonas rurales y urbanas se debe mayormente a que la agricultura a gran escala va devorando progresivamente a la de menor escala para priorizar el monocultivo tecnologizado.

Gracias al ingreso fuerte de cultivos transgénicos al país desde 2012 se han multiplicado las regalías de los grandes productores.

Cosecha de soja en Paraguay, donde las granjas industriales están desplazando cada vez más a los pequeños propietarios. Jorge Adorno/Reuters

A finales de marzo, 1,000 campesinos marcharon hacia Asunción en su tradicional marcha anual, reclamando la reforma agraria integral, la condonación de deudas y denunciando el proceso de híper concentración de la tierra, citando el hecho de que el 5% de los propietarios poseen alrededor del 90% de la tierra.

Estudios previos confirman que entre 1991 y 2008, años en los que se desarrolló el Censo Agropecuario Nacional, la cantidad total de espacios productivos decayó un 5.7%, pero no así la producción.

El proceso de concentración llevado adelante significó que mientras las unidades menores a 100 hectáreas disminuyeron, aquellas de entre 100 y 500 hectáreas aumentaron casi un 35%. Aquellas con extensiones mayores a 500 hectáreas incrementaron por casi 57%.

Explosión urbana... y política

Esto, generalmente, hace más prometedora la idea de vivir en la ciudad, donde los salarios son visiblemente más altos.

Asunción creció sistemáticamente desde 388,958 personas en 1972 a 515,587 en 2012. El Departamento Central, junto con la ciudad de Asunción, concentran el 37% de la población del país.

Si bien no existen registros oficiales exhaustivos de asentamientos precarios, la Secretaría Nacional de la Vivienda y el Hábitat, SENAVITAT, informó que se estima que en esta área hay alrededor de 1,000.

El complejo escenario laboral de la ciudad suele limitar también la inserción laboral de estos ex campesinos: a menudo experimentan condición de subempleo o directamente al desempleo temporal o de más larga duración.

Estos problemas fomentan la turbulencia actual en Paraguay y se remontan a un debate que salió de las transiciones a la democracia en el Cono Sur en la década de los 1980: ¿Puede existir una democracia política afianzada sin alcanzar una democracia económica y social?

Unos pensadores sostuvieron que ambas dimensiones eran independientes y que la consolidación de las segundas era una meta posterior a la de la primera.

Otros politólogos prominentes -pertenecientes a teorías más críticas (o menos optimistas)- explicaron que no existe una democracia política plena sin el desarrollo de un contexto que tienda a la igualdad social y económica creciente.

La agitación política ha sacudido a Paraguay en los últimos meses, ya que el desempleo, la pobreza y la desigualdad están en aumento. Jorge Adorno/Reuters

En el caso de Paraguay, la última hipótesis prevalece.

La democracia de este país redujo tanto su componente social que se ha convertido en un sistema de gobierno muy restrictivo: garantiza prioritariamente el funcionamiento de una red de instituciones y el desarrollo de elecciones periódicas transparentes, la aceptación de los resultados electorales y, sobre todo, la convivencia pacífica con las estructuras de poder económicos afianzadas.

Esa no es una democracia plena, como se demuestran los constantes escándalos de fraude y corrupción junto con profundos procesos de marginación y exclusión política y económica.

Para el proceso electoral que tendrá el país en 2018 no importa quiénes serán los candidatos, será una ficción de democracia: un sistemático mecanismo expulsivo y marginalizador que destierra a los campesinos para beneficiar a los grandes productores y una economía urbana que informaliza y subocupa a los trabajadores.

Hasta que no se activen los mecanismos de distribución, justicia social e igualdad y los derechos básicos, la turbulencia seguirá.

*Según el Ministro de Hacienda, entrevista realizada por el autor en 2010.

Este texto fue publicado en The Conversation, y luego traducido y editado. Puedes leer el artículo original aquí.

The Conversation

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

También te puede interesar:

- ¿Qué pasa en Venezuela?

- Banksy revela un mural del 'brexit', desmantelando la bandera de la Unión Europea

- La victoria de Macron resumida en 12 claves

The Conversation