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No podemos confiar en la renegociación del TLCAN que haga Trump

No se trata de EU contra México, sino del poder corporativo contra la democracia.

07/06/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 07/06/2017 10:39 AM CDT
Sygma via Getty Images

Hace un par de semanas la administración Trump notificó al Congreso de Estados Unidos su intención de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Con el anuncio se dio inicio a un periodo de tres meses para la renegociación del acuerdo.

En tiempos normales, esta pudo haber sido una bomba noticiosa. El TLCAN ha sido una piedra angular de la política comercial de EU por el último cuarto de siglo.

Sin embargo, estos no son tiempos normales.

Unas horas antes del anuncio sobre el TLCAN, el Departamento de Justicia había nombrado a un fiscal especial para investigar la complicidad entre Rusia y el equipo de campaña de Donald Trump.

Es difícil hacer predicciones en tanto la vorágine de escándalos de Trump se intensifica. Lo único es que el conteo del nuevo TLCAN ha iniciado. Así que, listos o no, ya se aproximan negociaciones internacionales con serias implicaciones para el futuro de América del Norte, uno de los bloques comerciales más grandes del mundo. Y, a la fecha, Trump no ha presentado los detalles que busca reformar.

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Trump realizó su campaña basado en la promesa de "mejorar el TLCAN". Pero, como en muchos otros temas, solo ha hecho bravuconerías, ha buscado chivos expiatorios, ha dichos cosas que gustan a sus fans, pero ha ofrecido poca sustancia.

Carlos Barria / Reuters
Trump muestra una orden ejecutiva para fortalecer las políticas comerciales de EU.

No hay duda de que el TLCAN ha provocado enormes daños a los trabajadores, familias, comunidades e instituciones democráticas de las tres naciones que lo conforman: Canadá, Estados Unidos y México. Sin embargo, Trump, el petulante multimillonario leal a nadie no es el pequeño campeón que uno quisiera ver negociando este acuerdo. Si acaso alguien cuenta con él, que se aliste para que lo deje morir solo.

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Cuando Trump llevó su campaña a estados del polo industrial conocido como el rust belt (Ohio, Michigan y Pensilvania), él habló de la destrucción provocada por la desindustrialización en la era del TLCAN. Sin embargo, nunca señaló las más amplias políticas de dominación corporativa global encarnadas tanto en el TLCAN como en otros acuerdos comerciales que EU ha firmado con otros 18 países desde entonces.

Listos o no, ya se aproximan negociaciones internacionales con serias implicaciones para el futuro de América del Norte.

El TLCAN incluye reglas especiales y privilegios extraordinarios para las grandes empresas. Estas llamadas "reglas estatales para los inversionistas" minan la soberanía y los derechos democráticos de los ciudadanos en los tres países. Un "TLCAN nuevo y mejorado" tendría que eliminar dichas reglas.

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Sin embargo, Trump nunca se ha referido expresamente a este tema fundamental. Un borrador de un documento, filtrado a la prensa y que la administración Trump envió al Congreso en marzo, evidencia que no hay un plan para eliminar esas "reglas estatales para inversionistas" que ofrecen enormes ventajas políticas y económicas a las multinacionales y a los multimillonarios.

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Millones de obreros en EU, muchos de ellos en rubros de altos salarios, perdieron empleos y oportunidades debido al TLCAN. Los datos que entrega el gobierno indican que casi un millón de empleos se esfumaron; sin embargo, las cifras son mayores (hasta 10 veces más, dicen investigadores de Citizens Trade Campaign). Con todo, el impacto negativo del TLCAN fue más profundo en México.

Trump, como en muchos otros temas, solo ha hecho bravuconerías, ha buscado chivos expiatorios, ha dichos cosas que gustan a sus fans.

LAS RAÍCES DE LA PESADILLA TLCAN EN MÉXICO

Aunque el acuerdo trilateral dio inicio en 1994, en realidad, en México la era del TLCAN arrancó en 1982.

Las élites mexicanas habían pedido multimillonarios préstamos en petrodólares en los 70, evidentemente para expandir la industria petrolera. Sin embargo, miles de millones fueron robados. Incapaz de pagar la enorme deuda, México cayó en moratoria y su moneda se colapsó en el verano de 1982. La crisis puso fin a una era de desarrollo lento pero constante que hizo crecer la clase media mexicana.

Daniel Becerril / Reuters

El entonces presidente (José López Portillo) inicialmente reaccionó con la nacionalización de la banca y cerrando filas con todos los sectores. Sin embargo, el FMI, el Banco Mundial y otros representantes del capital global, presionaron y forzaron a México a aceptar "ajustes estructurales" draconianos, con los que se eliminaron servicios y programas sociales y médicos, reventaron el presupuesto para la educación y eliminaron los subsidios para alimentos de los que dependían millones de mexicanos.

Las élites mexicanas habían pedido multimillonarios préstamos en petrodólares en los 70s, evidentemente para expandir la industria petrolera. Sin embargo, miles de millones fueron robados.

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Con la economía a la deriva, el descontento creció, así como las cifras de los ciudadanos mexicanos que buscaban oportunidades en EU. La migración creó una válvula de escape económico de forma tal que pudo ser la herramienta para desactivar una rebelión política.

El TLCAN en sí es obra intelectual de las élites políticas y empresariales de EU y México quienes, bajo la máscara de la estabilización de la sangrante economía mexicana, arrebataron activos estratégicos y ganaron miles de millones con las industrias que el gobierno privatizó a precio de ganga.

Bettmann Archive
El TLCAN se firmó a fines de 1992 en San Antonio Texas por los presidentes de México, EU y Canadá y los ministros de comercio de los tres países.

En los 90, George H.W. Bush, el ex presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, y posteriormente Bill Clinton, vendieron al público la idea de un TLCAN como la fórmula para incrementar los estándares de vida y acortar la brecha salarial en América del Norte. Los simpatizantes del TLCAN dijeron que se trataba de una fórmula ganar-ganar que fortalecería la democracia y el estado de derecho en México, en tanto que la inyección de capital de EU y Canadá pondría todo viento en popa.

El verdadero muro fronterizo, el que Bill Clinton comenzó a construir en 1995 como parte de la "Operación Guardián", se diseñó para impedir que el flujo inaudito de trabajadores y familias mexicanas hacia EU.

Pero la realidad de México no pudo llenar las expectativas: el TLCAN detonó un nuevo colapso económico que afectó a todo el país y abrió las puertas a un tsunami migratorio de 15 años para millones de mexicanos quienes, desprovistos de ingreso y oportunidades, apuntaron al norte.

El verdadero muro fronterizo, el que Bill Clinton comenzó a construir en 1995 como parte de la "Operación Guardián", se diseñó para impedir que el flujo inaudito de trabajadores y familias mexicanas hacia EU. Las fortificaciones en la frontera continuaron bajo Bush y Obama. Se han deportado millones e incalculable cantidad de hombres, mujeres y niños han muerto en las regiones fronterizas ya que a los migrantes se les fuerza a seguir rutas más peligrosas y caras, lo que a menudo los deja a merced de organizaciones criminales.

Durante los años de la crisis de los 80 en México, más de la mitad de los ciudadanos del país vivían en la pobreza y la disparidad salarial con Estados Unidos era de un abismal 10 a 1.

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Ahora, tras 23 años del TLCAN, ha habido muchos cambios, pero la mayoría de los mexicanos sigue viviendo en la pobreza; la brecha salarial sigue siendo de 10 a 1; y los millones de empleos perdidos en Michigan, Ohio, Wisconsin, Pensilvania y el resto de EU no han regresado. La desigualdad en el ingreso ha llegado a cifras récord a ambos lados de la frontera.

Durante los años del TLCAN la democracia ha estado bajo asedio por el gran capital en EU y los resultados son dolorosamente claros. Sin embargo, estos años han sido más duros para México. Ante el desempleo crónico e inexorable, muchos jóvenes se han convertido en carne de cañón en la guerra contra el narcotráfico en EU. Grandes extensiones de los estados fronterizos mexicanos, que se suponía serían los más beneficiados con el libre comercio, están dominados, y de hecho controlados por organizaciones criminales y violentas.

Tras 23 años del TLCAN ha habido muchos cambios, pero la mayoría de los mexicanos sigue viviendo en la pobreza; la brecha salarial sigue siendo de 10 a 1.

Pero no hay que esperar que Trump o su banda de banqueros y multimillonarios que encabezan su administración ayuden en algo. Como los oligarcas de cualquier otro país, a ellos les va bien cuando los ciudadanos se convierten en sus siervos. La realidad es que les aterra el poder ciudadano y hacen todo lo que pueden para dividir, desalentar, confundir y conquistarnos. Pero no se saldrán con la suya.

Trump, de una manera deshonesta, convirtió el legítimo reclamo de millones de estadounidenses contra el TLCAN en un grito proselitista de la derecha. Por lo cual no debemos confiar en él, ni por un segundo.

No necesitamos acuerdos para fortalecer nuestra democracia, apoyar los derechos de todos los trabajadores y proteger nuestro medio ambiente. En esa escala, Trump marca cero.

Consulta aquí algunos estudios para que puedas comparar las promesas de Trump con la realidad de los hechos.

Por favor, firma esta petición (en inglés) para evitar que Trump empeore más el TLCAN.

Este artículo fue publicado originalmente en HuffPost y luego traducido.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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