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Duro pero justo: el éxodo intocable llega a su fin

13/01/2017 10:17 AM CST | Actualizado 13/01/2017 10:54 AM CST

Alexandre Meneghini / Reuters
Un hombre, con una playera de la bandera de Estados Unidos camina por el centro de La Habana.

Una semana antes de dejar la Casa Blanca, el presidente Barack Obama anunció ayer su última y quizás más significante medida hacia Cuba: el fin del trato excepcional para los cubanos que llegan a los Estados Unidos con "pies secos".

También terminó un programa especial para médicos cubanos (Cuban Medical Professional Parole (CMPP)) que facilitaba su inmigración a los EU desde sus misiones en terceros países.

De ahora en adelante todo cubano que llega a tierra estadounidense sin autorización será deportado si no puede demostrar "un miedo bien fundado de persecución", el criterio que regula el estatus de "refugiado" para entrantes del resto del mundo.

Ya con este nuevo acuerdo ni el pueblo ni el gobierno van a poder usar la emigración masiva como una solución a los problemas que solo pueden ser resueltos entre cubanos en la isla.

Por su parte, el gobierno cubano ha acordado en aceptar a estos futuros deportados y a otros cubanos que ya residen en los EU pero que están bajo órdenes de deportación. No obstante, el número de este segundo grupo se estima en más de 34.000 y no se sabe ni cuándo ni cómo pueden ser deportados. Ni hablar de qué forma podrían integrarse de nuevo en la sociedad y economía cubanas.

Siguen vigentes el programa de reunificación familiar para cubanos, la promesa de aceptar un mínimo de 20.000 inmigrantes cubanos cada año y la opción de solicitar asilo político para los cubanos perseguidos por el gobierno.

El acuerdo no revoca la Ley de Ajuste Cubano (que data de 1966 y que solo puede ser derogada por el congreso estadounidense) y así no está claro qué pasará cuando el próximo visitante cubano en el Norte (como se le dice popularmente a Estados Unidos en Cuba) intente quedarse y convertirse en un residente permanente usando su protección legal.

Tampoco se sabe cómo este nuevo acuerdo impactará la situación de los fugitivos de justicia de cada país que residen en el otro. Personas como el terrorista confeso Luis Posada Carriles, quien vive libremente en Miami, y la asesina convicta JoAnne Chesimard (Assata Shakur), quien ha vivido en Cuba desde 1984 después de escapar de prisión en los EEUU en 1979.

Es probable que una buena parte de los cubanoamericanos y residentes de la isla vean este cambio como algo duro pero esperado desde hace dos años, dado el proceso de normalización en pie entre los gobiernos de Cuba y EU. Si llegaríamos a tener una relación más "normal", los días de nuestra política migratoria excepcional y completamente "anormal" estaban contados.

Lo irónico del caso es que la eliminación de la política "pies-mojados/pies-secos" es probablemente la medida de Obama hacia Cuba que más le gustará a Donald Trump.

Además, tanto en la isla como en la diáspora se sabe muy bien que la política especial de EU para inmigrantes cubanos también ha beneficiado al gobierno cubano, dándole una válvula de escape bastante útil para apaciguar sus múltiples crisis económicas y eliminar disidentes tanto actuales como futuros.

Como bien me dijo hoy un amigo cubanoamericano: "Generaciones de cubanos crecimos convencidos de que la opción más racional y costo efectiva era emigrar". Ya con este nuevo acuerdo ni el pueblo ni el gobierno van a poder usar la emigración masiva como una solución a los problemas que solo pueden ser resueltos entre cubanos en la isla.

A la vez, es probable que otros latinos en Estados Unidos y una buena parte de los latinoamericanos vean este cambio como algo justo especialmente, después de observar durante dos años el fenómeno de la explosión del éxodo cubano pasar por Ecuador, Colombia, Centroamérica y México, llegando salvo y sano al Norte mientras sus propios indocumentados siguen viviendo en la sombra.

Este acuerdo entre Cuba y la saliente administración Obama no se basa en ninguna demagogia, sino en una negociación pragmática que quiere poner fin a un éxodo peligroso y fuera de control y a una política injusta.

Lo irónico del caso es que la eliminación de la política "pies-mojados/pies-secos" es probablemente la medida de Obama hacia Cuba que más le gustará a Donald Trump, un hombre conocido por su demagogia anti-inmigrante.

A mi juicio, este acuerdo entre Cuba y la saliente administración Obama no se basa en ninguna demagogia, sino en una negociación pragmática que quiere poner fin a un éxodo peligroso y fuera de control y a una política injusta e insostenible establecida décadas atrás.

Durante décadas para Washington todos los inmigrantes cubanos eran refugiados, mientras para La Habana ninguno lo era.

Es notable que dos gobiernos que han manipulado sus políticas migratorias por razones geopolíticas y para dañar y ridiculizar al otro han podido llegar a este acuerdo. Es una muestra del valor de la negociación diplomática y pacífica bajo condiciones de igualdad y el respeto por la soberanía mutua.

Espero que el hombre que tanto predica "el arte de la negociación" y quien amenazó con revocar las medidas de Obama hacia Cuba, si al menos no puede conseguir "un acuerdo mejor", pueda tomar en cuenta esta lección y construir más puentes de entendimiento que muros de aislamiento entre los dos países.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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