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La repartición de los amigos

05/10/2016 9:25 AM CDT | Actualizado 05/10/2016 10:24 AM CDT
Shutterstock / aslysun

Una de las cosas más pinches del divorcio
(considerando que todo el hecho es bastante pinche),
es la repartición de los assets.

Está la repartición de "los bienes", que por lo que observo es la que se pone punk, para muchas parejas.
Pero en mi caso, nunca ha habido mucho que repartir.
Así que de esa puedo opinar poco.

La repartición más dura para mí, en el caso de mi primer matrimonio, fue la de los amigos.

Ese era el asset más grande que teníamos.
(Una vez concluida nuestra historia).

Logré conservar mi pieza clave. Y toda mi vida estaré en deuda con ella, porque no le fue fácil.
Pero todos los demás, como quien dice —toda la "bola"— se la quedo él.

Estábamos en nuestros 20 —en esas épocas— todo hacíamos juntos: viajábamos juntos, salíamos juntos, reventábamos juntos.
Unos cambiaron mucho de novia, otros se quedaron con la misma.
Mi boda fue la primera (24 años, solo Dios sabe que estábamos pensando).
Luego siguieron todas las demás.
En todas estuve.
Y tiempo después,
La que se fue, fui yo.

El chiste es que al separase dos personas, el tema de la repartición de los amigos es como casarte con un acuerdo prenupcial:
"Mi reina, te vas con lo que llegaste".

En este caso, él había traído a los amigos, las novias fueron llegando. Pero una vez que está todo marchando —si un elemento se va— ni cómo mover a los otros.

Y así fue como perdí muchos años,
muchas risas,
muchos amigos.

Y lo entiendes porque no te queda de otra,
porque tiene cierta lógica.

Eran suyos primero.
Pero duele.

Ya no estamos en nuestros 20. Ya estamos muy neuróticos para "nuevas" amistades

Ahora en mi segunda vuelta, pues hay hijos, y esos son de los dos; incluyendo un porcentaje del hijo que ya venía con él, desde antes.
Y los bienes (que no hay tantos), son todos repartidos entre dos.
Somos socios.

En el tema de los amigos,
Aún no estamos claros.
La repartición oficial no ha comenzado.
(Aunque se perfilan algunos cambios).

Pero ayer que visite a L y a C, una pareja de amigos muy queridos, de ambos, pensé mucho en este tema y en conclusión,
NO estoy dispuesta a NO compartirlos.

La neta llegaron por él.
Pero se chingan, porque me hicieron encariñarme de más. Y además L —el muy hijo de su madre— tuvo la osadía de enfermarse, y ahora me verá muy seguido hasta que se cure. Y después muy seguido también, porque ya se curó.

Me dio insomnio ayer.
Porque a estas alturas de la vida, ya pocos me caen bien, pocos me hacen reír, con pocos puedo llorar.
Burlarnos, bulearnos, tomarnos un vino, o siete.

Ya no estamos en nuestros 20.
Ya estamos muy neuróticos para "nuevas" amistades.
Además porque estamos mayores, los dolores se sienten más.
Así que se pone cabrón repartir.
Y sé que existen reglas y parámetros —invisibles— al respecto.
Pero habría que modificarlos.
Y mientras sucede,
yo digo que LOS compartamos.

Como lo dije antes, la repartición de "los bienes"...
Esa de verdad que chingue su madre.
Un día tienes más, un día tienes menos.

La de los amigos.
Esa, como duele.

PD:
L, te vas a curar.
C, cómo nos vamos a reír juntos de este episodio, que nomás nos ha hecho encabronar.