EL BLOG

La puta nostalgia... que cada día siento más

14/10/2016 4:22 AM CDT | Actualizado 14/10/2016 5:19 AM CDT
Sofía Aguilar

Estoy 8 horas adelante de nuestro editor de Voces, mismo que espera ver este blog, hoy que amanezca. Y sucede que cada entrada que escribo se hace vieja a la semana, así que la que ya tenía lista para enviar hoy, ya no sirve.


Cada semana pasan un par de cosas que me dejan pensando más que las demás (entre la cotidianidad + lo no tan cotidiano) y es una de esas "cosas estelares", la que se va directo al blog.

Hoy es la puta nostalgia.
Y le digo así (puta), porque me molesta mucho sentirla, y parece que cada día la siento más.

Es la puta (también) edad.

He estado leyendo mucho acerca del tema.
De la nostalgia.

Durante muchos años estuve huyendo fervientemente de la nostalgia. Pero admito que reencontrarme con mis amigas de la prepa y gente de mi pasado ha sido de las mejores cosas que me han sucedido desde mi regreso a México

Así como un sinnúmero de académicos gringos se dedican a hacer investigaciones para sustentar millones de cosas que a nadie le interesan -como la que prueba que "los pingüinos pueden defecar y arrojar sus heces a 40 centímetros de distancia"- también cada cuando hay un estudio que satisface nuestra necesidad de probar algo que nos interesa.

El profesor Constantine Sedikides (BA, MA, PhD) de la Universidad de Southampton, ha dedicado años a reivindicar la nostalgia como algo positivo en nuestras vidas.

Ojo que antes (según las investigaciones), no lo era tanto.

Me dio por leerlo, porque yo durante muchos años estuve huyendo fervientemente de la nostalgia. Pero admito que reencontrarme con mis amigas de la prepa y gente de mi pasado ha sido de las mejores cosas que me han sucedido desde mi regreso a México.


Ahora mi madre me invitó a París por mi cumpleaños.
Y mi mente no para de transportarse a 1988.
Cuando no veía más allá de mis amigas de la escuela.

Las cabronas esas, eran mis ídolos durante toda la década de los ochenta, en secundaria y prepa. Fue un roladero de ropa, bikinis, secretos, y "novios", que éramos más fuertes que la hermandad de los travelling pants.

Recién llegada a la CDMX me las encontré en el Contramar y desde ahí armamos un chat. Luego metimos a dos Gods, y se puso aún mejor el grupo.
A Lizzie -quien se mudó de casa recientemente- le dio por mandarnos fotos a dicho chat, donde cada una se ve más desgraciada que la otra.

Esta foto fue tomada en 1988, el año que nos graduamos y que tres de nosotras nos venimos a París.
Acabábamos de ganar las elecciones de la planilla, Christian Checa, mi amigo adorado -que en paz descanse- era el presidente. Y porque todos éramos muy buenos marketeros y la escuela entera estaba enamorada de él, decidimos hacer de nuestros posters de campaña una foto suya sonriendo con el slogan por debajo: "Bravo por el cambio".

Al día siguiente de montar los posters por toda la escuela, amanecieron todos recortados.
Sin foto.

Esa historia –por ejemplo- es una de esas escenas en la vida cargadas de nostalgia, que en vez de causar dolor, me sacan una sonrisa.
(Y tuvimos que imprimir de nuevo).

La palabra nostalgia es misleading, suena a conflicto, porque la gente en su mayoría la conecta con tristeza, depresión, o la falta de algo en su presente.
Yo así lo veía.
Pero re-encontrarnos con lo que de alguna manera nos llevó a ser, quienes somos hoy, no es tan mala idea.

Todos tenemos un pasado.
En mi caso, me siento muy afortunada.
En 1988 estaba en París.
En estas mismas calles, pero en una situación absolutamente distinta.
Veo chavitas, como nosotras entonces, y pienso en cuántos años han pasado.
Cuántas cosas nos han pasado.
Vimos en concierto a The Police, a Bruce Springsteen, a Peter Gabriel.
Escuchamos Supertramp, Yes, Simon & Garfunkel, Dire Straits, Emanuel... los oímos hasta sangrar.
Nos compramos abrigos usados en Les Halles.
Nos despertábamos con el aroma de la panadería y nos comimos todas las baguettes del mundo.
No había celulares ni mail.
Tarjeta telefónica cada domingo y cartas en el correo.

En unos años con suerte será mi hija la que esté acá.
Creando sus historias, su nostalgia.
Y cada día se harán más viejas las mías.
Más irrelevantes...

Pero ya no me importará sentir nostalgia.
Espero.

La nostalgia nos conecta con lo bueno, nos libra (a veces) del presente, de una buena manera, es como escaparnos de la realidad, pensando en las pendejadas que alguna vez hicimos.
Es un viaje.

Amigas de la prepa,
tenerlas en mi presente es mil veces mejor que mantenerlas en la nostalgia de mi pasado.

Y ahora me voy a comer un croissant, y caminar a lado de mi madre, que me espera ansiosa mientras toma fotos de cada esquina y se las manda a mi padre por WhatsApp.

Viva la tecnología.

PD: Mis amigas no me invitaron a sus bodas... ¿sería que me lo merecía?
Al rato alguien me dará la respuesta, seguro.