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La Cuba de a de veras

19/01/2017 6:30 AM CST | Actualizado 19/01/2017 6:30 AM CST

Alexandre Meneghini / Reuters
Raymel Sánchez, de 19 años, sostiene una bandera cubana en la cabeza mientras observa la acciones de "Rugby por la paz", un partido entre amateurs cubanos y de Estados Unidos. Esto en La Habana el 15 de enero de este año.

Siento como que debo (y me debo) una disculpa por mi larga ausencia en este blog.

Quería escribir por el fin de año,

y no lo hice.

Después, por el comienzo del año,

tampoco lo hice.

La verdad es que me costó mucho trabajo diciembre.

Y arrancar 2017, tampoco estuvo fácil.

Pero ya estoy aquí.

En todos los sentidos...

El 2016 tuvo varios eventos e incidentes que lo marcaron para mí.

Pero uno importante, es que ese fue el año en que conocí Cuba.

Tres veces estuve en la Habana.

Yo ya había conocido otra Cuba:

"la de allá afuera".

Durante mis 18 años viviendo en NY me tocó conocer a los cubanos de allá.

Y también conocí bien la Cuba de Miami, que es prima-hermana de la de NY, pero no comparten (del todo), el mismo gusto.

De los cubanos de Estados Unidos me gustaba cómo se protegían y cuidaban entre ellos.

A esa Cuba de allá afuera, la adopté durante 15 años de mi vida.

Ellos me adoptaron a mí en 1997, cuando llegué a NY y busqué trabajo en todas las agencias dedicadas -a lo que entonces era- un booming Hispanic USA.

Comencé a trabajar en una agencia de tres socios cubanos, y adopté mucha "cubanía", pues la mayor parte de los creativos de la agencia -en aquel entonces- eran cubanos que salieron de la isla, o hijos de padres cubanos, ya nacidos allá.

Y cabe mencionar que estos últimos se sentían más cubanos que los primeros.

De los cubanos de allá me gustaba cómo se protegían y cuidaban entre ellos. Siempre había un cubano o dos –adoptados por sus compatriotas más adinerados– artistas principalmente, que gozaban de "ciertas becas" por tener talento.

Cabe mencionar que los dos o tres mexicanos que conocí -directores creativos en aquel entonces -me dijeron durante la entrevista, "que me quedara en México, que era imposible conseguir trabajo sin tener ya los papeles".

Los "papeles", cabe mencionar, te los dan una vez que consigues el trabajo.

(Pero del mexicano de allá, mejor hablamos otro día).

Así que yo me quedé del lado de los cubanos.

Y para ser del círculo cercano, un par de cosas me tenían que quedar claras:

el diablo era Fidel.

Y todos se "iban a regresar a Cuba cuando él muriese".

(Me pregunto de verdad, cuándo se piensan ir para allá).

Yo tenía prohibido visitar Cuba, de hecho todos en la agencia teníamos prohibido ni siquiera contemplar ir a Cuba. Cuando a uno se le ocurrió ir a ver a sus padres, le dejaron de hablar por meses.

Y también estaba mi abogado de migración, quien recomendó que mientras esperaba la green-card mejor no me pusiera curiosa con países como Cuba.

Yo obedecí.

Y me tocó comer mucho lechón, ropa vieja y vaca frita, de la de allá, sobre todo cuando trabajaba desde Miami.

Sustituí mi comida mexicana (todavía no había un taco decente en los noventa), por la de ellos.

Cuando tuve dinero para comenzar a comprar arte, comencé comprando lo de ellos.

Tuve la suerte de que me introdujeran a Rubén Torres Llorca, Félix González-Torres, Ana Mendieta y a Carmen Herrera -entre otros muchos artistas- a los que realmente admiro enormemente.

Tuve además muchos amigos a los que consideré mi familia durante 15 años.

Todos muy sabelotodos.

Simpáticos,

elocuentes,

algunos muy obsesionados con el tema de Fidel.

Todos muy radicales.

Y yo con ellos.

Pero lamentablemente la traición más fea de mi vida me la hizo un cubano.

Mi mejor amigo y mi jefe durante 15 años.

Ese que me enseño toda "la Cuba de allá".

Y cuando Juano me invitó a Cuba y dije que sí, sentí de cierta manera que yo lo traicionaba de vuelta.

Pero a un traicionero de a de veras, no hay quien pueda traicionarlo.

Así que llegando a la Habana, derramé la última lagrima que me quedaba por él.

Amanecer en #havana

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#havana el #riviera

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La Cuba de allá no tiene que ver nada con la Cuba de a de veras.

Nada de lo que me contaron era verdad.

O quizás las cosas ya no son tan así ahora.

Yo ya la vi.

Y no la vi por encima, la vi bien.

Es verdad que las cosas están cambiando. Pero es imposible que cambien tan rápido, hay mucho trabajo por hacer.

Los cubanos hablan mucho también en Cuba.

Pero su modo de ver la vida es muy distinto al nuestro, al de todos los que vivimos de cerca el capitalismo.

Hay mucha pobreza,

sí hay.

Hay miseria,

hay desigualdad,

sí.

Pero también hay cierta paz que proviene de no vivir en ese consumismo enfermo en el que se vive en Estados Unidos.

Esa ansia de gastar y tener y gastar y tener; esa que les da a todos los emigrantes -recién llegados de países pobre- que no pueden parar de comprar.

En Cuba, no se come "muy bien".

Pensaba que iba a comer picadillo y croquetas.

Ninguna como las de Miami.

Se come normal, incluso en el mejor lugar.

Esta tercera y última vez que fui, vi todo muy distinto.

Es verdad que las cosas están cambiando.

Pero es imposible que cambien tan rápido,

hay mucho trabajo por hacer.

Y quien sabe hacia dónde vaya esa isla,

ojalá no acabe llena de Starbucks,

por decir lo menos.

Con la muerte de Fidel Castro yo me quedé callada escuchando y leyendo comentarios en FB, que me hacían enfurecer, pues todo mundo tenía algo que decir.

Muchos mexicanos no tuvieron madre, haz de cuenta que nacieron allá, emitiendo opiniones muy radicales que no les correspondían.

Lo mejor que podemos hacer cuando no somos expertos en un tema, es quedarnos callados.

Por eso es que hasta el 2017, me aventuro a comentar mis sensaciones de Cuba.

Las mías.

No soy experta en el tema de esa isla, que aún siendo tan cercana geográficamente, es como visitar un mundo paralelo.

Nadie puede ser experto en el tema de Cuba.

Solo los que viven allá.

Y como me dijo mi amigo que me rentaba las bicis:

"Acá mejor no enrollarse, ni hacer muchas preguntas, porque igual te enteras de la mitad y la otra mitad pueden ser o no mentiras..."

Los cubanos de allá

no saben la mitad de lo que pasa adentro,

tampoco afuera.

Todos tienen opiniones distintas.

Hay quienes hablan libremente,

hay quienes sienten que no pueden hablar.

Pero siguen con su vida,

con la que conocen.

Con su "paquete semanal" de contenidos.

Y se enteran una semana tarde de lo que está pasando,

Y pasan horas en la tele, porque la próxima semana les llegará más contenido que querrán ver...

Con urgencia.

Como todos los que quieren saber.

La Cuba de allá

es un lugar maravilloso,

olvidado,

recuperado.

Un viaje al pasado y a la nostalgia.

Una cosa que para mí era inimaginable.

La Cuba de allá

tenía que conocerla,

Ahora lo único que me duele, es haberme tardado tanto...

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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