EL BLOG

De locura, cannabis y los que nos quieren como somos

Las "dificultades" con la tecnología hacen que la locura natural de uno, sumado a su procesador GEN X, se catapulte a niveles insospechados.

21/04/2017 7:59 AM CDT | Actualizado 21/04/2017 9:28 AM CDT

AOL

A veces se me olvida la capacidad de enloquecimiento que tengo. Pero siempre hay algo que me lo recuerda. Como "que me anden buscando" en Santa Helena, Oaxaca...

Todo empezó bien,

Era mi vacación de relajación, mis niños felices en la playa, todo el día mojados y con pelos enredados. Luego llegaron Alfredo y Omar, que siempre son un placer de compañía y además, como a mí, les encanta ir al mercado,

Estos somos nosotros:

"Ay mira hierba santa, hoja de plátano para envolver los tamales, tú compra eso, yo voy por más hierbas, tú las semillas... Ay mira albahaca, para la pasta, ay mira romero, setas, rábanos, pepinos, chocolate, mole, cazuelas, comales, esponjas, remedios para el mal de ojo, queso, quesillo, queso doble crema..."

Cualquiera que nos viera pensaría que tenemos un hotel, o que vamos de verdad a preparar tamales.

Es un gozar de plan, además sucede amaneciendo.

Pero antes de la compra de mercado, el pendejo del estacionamiento me hizo enfurecer,

- Péreme, usté péreme ahí, ahorita le doy un lugar.

Y deja pasar dos coches.

- Péreme no se me ponga de malas, aguante ahí, hay pa' todos...

Y deja pasar dos más.

Me bajo furiosa del coche, me paró como poste en el siguiente lugar que se desocupa, Alfredo mete reversa y estacionados quedamos. No sin antes gritarle al pasado de lanza ese, que era eso: un pasado de lanza.

Y saliendo del mercado...

Llanta ponchada.

Los tres a la mitad de la carretera, y yo sin poder comunicarme a casa porque el maldito Whatsapp decidió también dejar de funcionar.

Vulcanizadora, hambre, enojo, ardor e incomunicación.

Conversaciones importantes interrumpidas.

Y Alfredo que siempre tiene buenas ideas y a quien siempre escucho, me dice,

- Tira el app y la bajas al rato de nuevo.

Debí suponer que con el internet-tortuga, del cual gozamos en esas tierras oaxaqueñas, iba a ser imposible. Y así llegó la noche, yo desesperada, con el teléfono crasheado.

Alfredo (quien tuvo la mala idea), ya no me aguantaba,

- Vamos a Santa Helena a que te conectes al cibercafé y soluciones tu puto pedo.

Salí corriendo como bandido, agarre bolsa (olvide zapatos).

Me baje descalza a la papelería Christian y, de modo agitado, le explique a la dependienta lo que necesitaba, mientras ella no soltaba su celular.

Me dijo,

- No me sé el password, así no funciona aquí, usted se tiene que registrar, yo le hago preguntas y le doy una computadora.

- No señorita, yo necesito conectar mi teléfono a su red.

- Pero de "esos teléfonos" como el que usted trae, no se puede...

Me dice eso, que suena claro, pero toma mi aparato y le comienza a mover cosas.

Yo pensé que igual era la Steve Jobs local –

al ver como movía sus dedos -

por cada una de las pantallas de mis settings.

Hasta que me lo regresa y me dice,

- No, no se puede.

Veo mi pantalla, todo está ultravioleta y ya nada tiene sentido,

Levanto la voz,

- ¿Qué dices, qué no se puede qué, qué le hiciste a mi teléfono, por qué esta todo así como en rayos X, porque no abre nada?

- Yo le dije a usted que de esos no le sabía, que no se podía,

- Entonces ¿para qué chingados le moviste?,

- Porque la vi desesperada y no quise discutir.

- Esa es de las pendejadas más grandes que he escuchado, eres una....

Alfredo colgó su llamada y entró corriendo por mi,

Además de mi volumen, no ayudo el que viera como todo el pueblo se comenzó a acercar. Había vecinos con machete y niños emocionados con el cat-fight.

El quiso razonar con las dos.

Era ya imposible.

Yo echaba fuego.

La dependienta más.

Alfredo me sacó de los pelos,

- Te van a matar.

Y me llevó a Zicatela

Ahí en un bar verde (si existen), conocí a un muchacho muy zen y de muy buena sonrisa, quien me dio la bebida más verde del mundo, y la solución a todos mis problemas.

- Ayúdame por favor, ve mi teléfono en rayos X, está muy enfermo...

- Uy, está solarizado (el problema tenía nombre), primero gugulea la solución a eso.

Hágame usted el favor.

Pinches generaciones tecnológicas.

Y encima meditan.

Google: teléfono solarizado.

Por supuesto, la respuesta estaba en chino.

Para el chamaco zen estaba muy claro.

- Ah, mira, ya está. ¿Te enseño para cuando suceda de nuevo?

Yo le dije que prefería regresar de CDMX a Puerto Escondido, cuando me vuelva a suceder.

El sonrió con su sonrisa zen y me dijo,

- Ahora te voy a traer una bebida increíble, y tu dejas que tu teléfono descargue las apps con tranquilidad.

Hice lo que me ordeno ese joven sabio.

Alfredo regreso al concluir su llamada y cuando me vio tranquila, sonrió satisfecho, vio mi copa vacía y mis pies descalzos, y me dijo que no tenía madre.

Salí de ahí contenta, relajada y sin zapatos.

La luna rosa en la carretera nos ilumino todo el camino.

Luego se me salió una lagrima de emoción por tener a un socio-amigo que me cuida tanto,

- Gracias Alfred, no sé cómo me aguantas.

El agradecimiento era genuino.

La lágrima creo fue producto de la bebida verde.

Igual que el tamaño de la luna rosa.

Y mi sonrisa que duro dos horas.

Sí, ahora estoy segura de un par de cosas: había cannabis en esa mezcla. Y estoy completamente loca.