EL BLOG

Cuando quise ser escritora

13/04/2017 7:38 AM CDT | Actualizado 13/04/2017 11:40 AM CDT
Getty Images/Moment RF
"El problema es que para esto de 'la palabra impresa' debo de modificar mi prosa, y de paso mi estilo".

Hace 4 años, yo tenía una maestra.

Ella enseñaba Nonfiction Writing en NYU. Se llamaba Carol.

En aquel momento, después de que se dio la oportunidad de dejar de ser "empleada" (después de 20 años), cambio mi vida por completo.

Y ver a Carol dos días a la semana era lo que más me gustaba.

Ella escribía para el New Yorker y para el New York Times. Era una escritora consolidada, con mucho que enseñar y muchas historias que contar.

Yo no era nadie.

No es que ya lo sea, pero entonces era menos.

Llevaba años trabajando, viajando, resolviendo copys, story-boards, filmando comerciales, aguantando clientes pendejos, tragándome palabras vacías, dirigiendo dos equipos, uno en Miami y el mío en NY. Volando de aquí para allá, dejando hijos, sintiendo culpa, estando harta.

Pienso en Carol, en cómo libró bien su camino, en cómo no se puso vieja a sus casi-80, en cómo se puso aún más lista.

Cuando se acabó, cuando dejé esa agencia de publicidad, cambió mi vida, para bien.

Pero lo primero que me pasó, fue Carol.

Hoy me acordé mucho de ella. Pues tengo que escribir un artículo para una revista, tarea que he disfrutado enormemente, ya que es acerca de un tema que me apasiona.

El problema es que para esto de "la palabra impresa" debo de modificar mi prosa, y de paso mi estilo, que es como decía ella, "algo tramposo".

via GIPHY

Carol decía: "Tu problema Sophie es que escribes para la gente que te conoce, que sabe cómo hablas, que lee en ti –a tu personalidad- eso es trampa y te limita. Escribes para aquellos que te pueden imaginar diciendo eso que escribes, a gritos y en fuerte".

Y sí era así. De hecho, creo que sigue siendo un poco así.

Uno no debe escribir solo para la gente que conoce, uno no debería escribir pensando -siquiera- que alguien lo conoce en persona.

Eso me lo enseñó Carol.

Y ya se me estaba olvidando, pero llevo 4 días recortando caracteres, juntando oraciones y creando párrafos largos.

Estoy agotada.

Carol me pidió que matara mi monada de los puntos y aparte. Oraciones cortas prohibidas, pensamientos cortos prohibidos, había que elaborar mucho más en cada idea y explicarme -y explicarle al lector- el por qué de cada una de mis afirmaciones.

Un día en clase tomó mi sketch book.

(Así lo llamaba, aunque era solo para escritura, ella nos pedía que lo tuviéramos todo el tiempo y escribiéramos y dibujáramos o hiciéramos con el lo que fuera).

Cuando abrió la página y encontró algo que escribí acerca de mi llamada de atención "de los puntos y aparte" se sentó junto a mí, se puso los lentes de ver más cerca (los traía siempre colgados de una cadena) y se comenzó a reír.

Me dijo:

"Quiero esto en papel. Pásalo a computadora y mándamelo a mi casa".

Las tareas siempre tenían que mandarse en correo tradicional impreso, aunque fuera de de Downtown a Uptown.

Ella era old-school, yo me jacto también de serlo un poco, pues lo impreso tiene una cierta validez de permanencia.

Carol posteriormente se volvió mi one-on-one advisor.

Ese privilegio me lo gané escribiendo 20 páginas de lo que sería "el libro a trabajar en el curso"

Mismo que Carol me dijo, "this is awesome", pero este no es el libro que tienes que escribir. Y me puso a sudar con cada entrega durante los siguientes 6 meses. Hurgando en una Sofía sin recursos de comedia, puntos y aparte y demás.

Semanalmente la veía en su casa del Upper West Side, para que discutiéramos lo que sería mi primera novela.

No la he escrito.

Pero las dos fantaseábamos con que sería un Pulitzer Prize.

Eso mientras veíamos sus tomates en el jardín, y me contaba de cómo a sus 50 años conoció el amor de su vida, se dedicó a leer de su mano, y a recorrer el mundo con él.

Ese brownstone era la casa perfecta, fantaseo seguido con ella, llena de libros, llena de revistas, artículos, periódicos que habían sido leídos de principio a fin... y siempre que pienso en lo jodido de envejecer, y en la tristeza de cuando la gente comienza a perder sus facultades. Pienso en ella, en cómo libró bien su camino, en cómo no se puso vieja a sus casi-80, en cómo se puso aún más lista.

Carol guardó mi tarea en su corcho.

Este mismo -que hoy como un milagro- apareció en mi computadora y me hizo llorar.

From my Sketch Book – Dec 2012

What's up with my short sentences?

When did I begin using them?

Long ago it would seem.

Some people see my point in them.

Others don't.

I guess sometimes I make a point –

With them,

And other times, maybe I don't.

The thing with them short sentences it's that they allow me to tell my story at the speed of my mind – the short sentences are actually a scale model - of my words, my thoughts.

They occur like that,

My thoughts.

In short-mode.

Or so it seems.

And those same short sentences that interpret my running with words, with thoughts - say much about my incapacity to remain longer, about my inability to stand still.

I can't.

Stand still.

I am always rushing,

I am always moving,

Or planning to move –

To whatever comes next.

Exhausted I yet plan the next destination.

I need to breathe.

Just thinking about it.

Sigh.

What would happen if I move slower? Will my world crumble? Will my sentences become longer?

I would probably be able to tell a story that doesn't belong.

Here, with me.

Or maybe I won't even be able to tell a story at all.

Stop.

And breathe, like I don't know how to.

And then breathe some more.

via GIPHY

De mi cuaderno de bocetos (diciembre de 2012)

¿Qué onda con mis oraciones cortas?
¿Cuándo empecé a usarlas?
Me parece que hace mucho tiempo.
Algunas personas entienden lo que quiero decir con ellas,
otras no.
Creo que a veces dejo claro mi punto,
al usarlas
y otras veces... quizás no.
El tema con las oraciones cortas es que me permiten decir las cosas a la velocidad
de mi mente —las oraciones cortas son de hecho un modelo a escala— de mi mundo, mis pensamientos.
Así es como surgen.
Mis pensamientos.
De una manera corta.
O al menos eso parece.
Y esas mismas oraciones que sirven para interpretan mi acelere con las palabras, con los pensamientos...
revelan mucho de mi incapacidad para quedarme más tiempo en algo,
de la imposibilidad de quedarme quieta.
No puedo.
Quedarme quieta.
Siempre estoy acelerada.
Siempre estoy en movimiento,
o planeando moverme
a lo que venga.
Incluso exhausta, planeo hacia dónde iré.
Necesito respirar.
Solo pienso en eso.
Suspiro.
¿Qué pasaría si me voy más despacio?, ¿se derrumbaría mi mundo?, ¿mis oraciones
se alargarían?
Probablemente sería capaz de contar una historia que no me pertenece.
Aquí, conmigo.
O quizás ni sería capaz de contar una historia.
Basta.
Y respira, como yo no sé hacerlo.
Y luego respira un poco más.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.


También te puede interesar:

- Una cara sobre el Paseo de la Reforma

- Pobre Venezuela, el anunciado fracaso de unos locos

- Mujeres que inspiran: cambiando la forma de tratar el cáncer










*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

También te puede interesar:

- Más poesía para cambiar al mundo

- ¿Estamos viviendo el inicio de la Tercera Guerra Mundial y no nos hemos dado cuenta?

- Por qué es urgente leer a Sergio González Rodríguez