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La respuesta al sismo del #19S: las dos caras del ser humano

03/10/2017 7:00 AM CDT | Actualizado 03/10/2017 9:37 AM CDT
Simón Parra

"Todos queríamos ayudar, nadie sabía cómo". Fue lo primero que le conté a mi socio luego de cinco días de hacer todo menos lo que nuestra cotidianidad dictaba antes del sismo del 19 de septiembre.

Aquel martes por la madrugada, después de ayudar torpemente consiguiendo diésel para ayudar en el derrumbe de Obrero Mundial y Torreón, pensé que podía colaborar mejor con gasolina de otro tipo: comida y café para brigadistas que prepararíamos desde mi cafetería ubicada en la colonia Álamos.

Regresé caminando de la Roma a la Álamos pensando en quién me podría ayudar, en cuestión de una hora ya estaba listo todo el equipo de mi cafetería y un par de voluntarios más. Preparamos y repartimos casi 400 desayunos esa mañana; fuimos a Xochimilco, a Taxqueña y a Coapa. Fue como regalar abrazos, todos eran recibidos con una sonrisa. Sí, todo era un caos, pero la organización civil era impresionantemente enternecedora y abrumadora. Todas las manos y las mentes estaban dispuestas a ayudar.

Simón Parra

Simón Parra

Simón Parra

Teníamos ya un centro de acopio para Chiapas y Oaxaca, entonces pensamos en juntar más cosas y aprovechando que éramos varios voluntarios, comencé a preguntar si alguien tenía comida para repartir aparte de la que nosotros preparábamos. De ahí, ese mismo día creció la idea y, principalmente gracias a Twitter, comenzamos a recibir de todo principalmente de personas que por diferentes razones no podían trasladarse entonces nosotros íbamos por las cosas: medicinas, herramientas, agua. Aparte de eso algunas personas de otros estados comenzaron a depositarnos dinero pidiendo que lo usáramos para la emergencia.

Entonces comenzamos a armar el enlace con otros acopios para enviar las cosas a donde fuera necesario. Nuestra pequeña cafetería trabajó solo medio día los días siguientes al sismo, dedicamos las mañanas a organizar el acopio, reenviar, comprar y llevar café y comida a albergues y brigadas. Mis amigos y compañeros de trabajo se convirtieron en héroes frente a mis ojos, creo que todos tenemos ese sentimiento de aquellos días y fue hermoso ver algo así en medio de la desesperación y susto que seguíamos viviendo.

Mi socio vive en Puebla, organizando ayuda desde allá se fue a San Francisco de Asís, municipio de Tehuitzingo y enfrentó un panorama desolador: en un pueblo de 600 habitantes hubo más de 15 casas derrumbadas y más de 30 casas con problemas estructurales que imposibilitan su uso. Entonces propuso hacer lo que parece más sensato ya pasando el estado de emergencia en la CDMX: enfocar la ayuda a un solo lugar. Acompañaremos esa comunidad hasta verla de pie.

Simón Parra
Simón Parra

Mientras, en nuestro café de la colonia Álamos seguimos llevando café a albergues, juntando cosas para llevar a Puebla y pensando en cómo esta ayuda puede convertirse no en la consecuencia de un estado de emergencia, sino en un estado constante de vida y apoyo a la comunidad, porque la sacudida de la tierra debe permear en nuestro espíritu. Porque los buenos somos más.

Nos sentíamos muy bien de todo lo realizado, nos sentíamos útiles (un sentimiento muy valorado en esos días postsismo). Estábamos orgullosos de servir como punto de ayuda, de tratar de contagiar a otros negocios a hacer lo mismo. Y exactamente, una semana después del temblor, fuimos víctimas de un asalto violento en la cafetería. Había niños, familias... Es difícil entender la motivación detrás de un suceso así, donde hay quienes se aprovechan de que seguimos asustados y en constante alerta, y encima de eso violentan e imponen miedo a quienes ni la deben ni la temen.

Y por lo platicado con algunos amigos y conocidos, no todo es tan bonito como se ve en las noticias, no todo ha sido solidaridad y unión. Siempre, como en todas las historias, están los malos del cuento.

No quiero dejar de pensar que la vida es justa, aunque estos episodios me pongan a dudar. Mejor me ocupo en organizar, conseguir ayuda y así frente a mí veo que los buenos somos más, me rehúso a pensar en lo contrario; porque el efecto de la tierra bailarina debe ayudarnos a despertar. A mí ciertamente me despertó.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.