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Un famoso chef francés me acosó, pero esa es apenas una parte de la historia

Sara Moulton habla sobre el club de Toby que manda en la industria restaurantera.

07/02/2018 8:00 AM CST | Actualizado 07/02/2018 10:59 AM CST
Sara Moulton

Luego de profundas conversaciones ―y la creciente reflexión― que se han detonado por el movimiento #MeToo en Hollywood en los meses pasados, en otras industrias las mujeres han comenzado a hablar de sus propias experiencias con el acoso sexual, los ataques sexuales y la desigualdad en sus centros de trabajo. En esta ocasión, la chef, autora de textos de comida y personalidad de la TV Sara Moulton recuenta su desgarradora historia al trabajar en la cocina del popular chef francés Maurice Cazalis, la reacción de Julia Child a su historia, y lo que ahora piensa del club de Toby que sigue dominando lo que sucede en la industria restaurantera.

No estaba segura de querer hablar de lo que sucede ahora, pero entonces pensé en algunos de los chefs masculinos de renombre que realmente dominan el 'club de Toby' de la industria y que simplemente ya me hartó.

Cuando fui al Instituto Culinario de EU (CIA), de 1975 a 1977, la mayoría de los chef instructores eran europeos y la mayoría de los estudiantes eran jóvenes hombres de la clase trabajadora. Los hombres en todos los niveles de la escuela me decían lo mismo: las mujeres no tienen nada que hacer en la cocina. "Son débiles, no aguantan el calor, no aguantan la presión, no pueden levantar las ollas..." y así. Afortunadamente para mí, eso no fue un obstáculo, sino una droga irresistible. Mi complejo de Napoleón se detonó. Pensé: ¡Jódanse. Ya se las verán conmigo!

Como soy una buena estudiante, me fue súper bien en el CIA y no tuvo que pasar mucho tiempo para que mis compañeros hombres me comenzaran a bombardear con preguntas. Yo tenía 23 años, ya había terminado la universidad y siempre ponía atención. Ellos tenían 18 y pues, ¿qué es lo que tiene un tipo de 18 años en su cabeza? Obvio, no es estudiar.

Y no es que no me cayeran bien esos tipos, eran buenas personas y tenían mucho para enseñarme sobre cocina. Pero, además de tratar de mostrarles que podía hacer tal o cual cosa, también me di cuenta de que adquirí la idea romántica del trabajo duro de la cocina. Te llegan un millón de órdenes y tienes que hacer 500 cosas a la vez y te gritas con todo el mundo. Cada noche hay una guerra y algunas veces ganas todas las batallas y en otras ganas algunas, pero hay otras noches en que pierdes todas y la guerra.

Los hombres en todos los niveles de la escuela me decían lo mismo: las mujeres no tienen nada que hacer en la cocina. "Son débiles, no aguantan el calor, no aguantan la presión, no pueden levantar las ollas..."

Hay muchas cosas que suceden y las batallas no necesariamente son con los colegas con los que trabajas, sino que muchas veces son contigo misma. ¿Puedes mantener el ritmo? ¿Puedes sacar todas esas órdenes? ¿Las vas a sacar como quieres que salgan? ¿Va a salir todo bien a pesar de que tus planes eran diferente? Es muy, muy estresante, pero siempre me encantó. Por eso les dije: "Puedo hacerlo. Soy igual de macho que ustedes, ¡puedo ser como los muchachos!" Y así lo quería. De muchas maneras era algo similar al Salvaje Oeste: hay drogas, sexo y mucho alcohol... era justo como las historias que te habían contado.

AFP/Getty Images
La chef Julia Child, una de las más famosas expertas en comida casera y mentora de generaciones de cocineros y cocineras.

Después de la escuela, estuve trabajando por una temporada como sous chef en un restaurante de Cambridge antes de irme a otro trabajo como chef principal de un pequeño restaurante de Boston llamado Cybele's. En ese trabajo conocí a Julia Child, quien me contrató como estilista culinaria y probadora de recetas en su programa 'Julia Child And More Company'.

Julia me trataba muy bien y pensaba que por haberme graduado del CIA estaba muy bien preparada. Sin embargo, con el tiempo, ella pensó que necesitaba irme a Francia para entrenarme mejor. Un día, un viejo amigo de ella, el famoso chef francés Maurice Cazalis, visitó el set y, sin que yo lo supiera, me consiguió un periodo de prácticas de dos meses en su restaurante en Chartres, Francia.

El asunto es que a mí no me interesaba. Sí me encantaba Francia, y la comida francesa, para la cual me había capacitado, ya había pasado por tres meses de tortura con unos tipos europeos en la escuela culinaria, quienes pensaban que las mujeres no tenían lugar en la cocina. Pero... ¿qué iba a decir... que no? Así que me dije: Qué demonios, puedo hacer esto.

En ese tiempo, como chef del Cybele's, yo me encargaba de las órdenes, de recibir proveedores, de contratar, de correr, del costo de la comida, de los especiales, de las recetas, del menú... de todo. Y de pronto, me encontraba trabajando con Maurice Cazalis como aprendiz, y los demás aprendices en la cocina tenían 15 años. Y yo era la única mujer.

De entrada, él no me dejó trabajar como chef de línea. Pero, de algún modo, fue algo bueno porque me pusieron a preparar las cosas para todas las estaciones, así que aprendí sobre cada aspecto del restaurante. De cualquier manera, ¡me sentí insultada!

Y de pronto, me encontraba trabajando con Maurice Cazalis como aprendiz, y los demás aprendices en la cocina tenían 15 años. Y yo era la única mujer.

Y lo que es peor. Resulta que Maurice, quien para entonces tenía 72 años, era un personaje lujurioso y probablemente estaba encantado con tenerme ahí porque pensaba que podía meterse conmigo.

El restaurante cerraba los lunes y el primer lunes que tuvimos libre Maurice nos llevó a mí y a Janis (quien a la postre sería mi cuñada y que había venido a Francia por unos días) a ver algunos châteaux locales, lo cual fue divertido y no le di demasiada importancia. Luego Janis se fue y a los dos días Maurice dijo que me quería "enseñar la cava de vinos". Así que bajamos y pensé que si se me lanzaba, y estaba segura de que era probable, simplemente hablaría mucho sobre mi prometido. Y tal cual, Maurice comenzó su asedio y yo lo rechacé. No me tocó, pero por la forma en que hablaba sabía que tenía que estar alerta.

Así que el siguiente lunes (y ahí me di cuenta de lo estúpida que fui... pero es lo que las mujeres terminan haciendo cuando trabajan para hombres poderosos), Maurice dijo: "Te voy a llevar a un viaje de noche a París para visitar el Palacio del Elíseo", el cual es equivalente a la Casa Blanca. Uno de sus aprendices, quien era el jefe de cocina, y yo, estábamos muy emocionados por pensar que se trataba de algo tras bambalinas. Sería, pensé, una experiencia única en la vida.

Maurice comenzó su asedio y yo lo rechacé. No me tocó, pero por la forma en que hablaba sabía que tenía que estar alerta.

Pero al ir en auto hacia París (solo éramos dos en el coche), él de pronto puso su mano en mi muslo. Yo traía un bolso grande de mano y me lo puse en el regazo para protegerme. Llegamos al Hotel California, cerca de los Campos Elíseos, y escuché cuando pidió solo una habitación. Cuando entramos, sentí un poco de alivio porque había dos camas individuales y dos baños, así que me dije: quizá puedo sobrevivir a esto.

Esa noche, Cazalis me llevó a cenar. Me imaginé que iríamos a un increíble restaurante de tres estrellas, debido a sus súper conexiones. Pero, en lugar de ello, me llevó al Folies-Bergère, el club nocturno que presenta números musicales con mujeres con el torso descubierto. Cuando estábamos ahí, dijo cosas como: "Los hombres franceses somos unos enormes amantes", lo que yo, a propósito, malinterpreté. "¿Ah, sí? ¡Cuéntame más de tu carrera!" Y mantuvimos toda una conversación sin que él me escuchara o sin que yo lo escuchara.

Finalmente regresamos al hotel y me dijo que él normalmente se acuesta tres nu (muy desnudo), pero que por mí haría una excepción y se pondría su pijama. Así que entró a su baño, se puso su pijama, y yo hice lo propio en mi baño, pero también mi impermeable con el cinturón bien amarrado. Luego cada quien se metió en su respectiva cama y, claro, no es necesario decirlo, no dormí bien esa noche. Y él no me puso la mano encima.

Me tomó seis meses contarle (a mi mentora Julia Child) lo que Maurice había hecho y su respuesta fue: "Ay querida, ¿y qué esperabas? Todos ellos son así. Ya, supéralo".

Sin embargo, en la mañana, me levanté y me metí al baño para cambiarme. Al salir vi que él se rasuraba ante el espejo de la habitación, solo con su ropa interior puesta. Yo lo ignoré. Nos fuimos al Palacio del Elíseo y bebimos champaña con el sous chef. Y esa fue la última vez que fui a cualquier lado con él. Cada lunes posterior me inventaba cosas para hacer o personas que ver para no estar a solas con el chef Cazalis.

Cuando regresé a EU, le conté a Julia que me había ido muy bien y que había aprendido un montón. Me tomó seis meses contarle lo que Maurice había hecho y su respuesta fue: "Ay querida, ¿y qué esperabas? Todos ellos son así. Ya, supéralo". Cuando ella me dijo eso, yo pensé: "¡Ouch!" Pero no me enojé con ella. Aunque hace unos cinco años pensé: así es Julia, ella nunca deja que nada se interponga en su camino. Y yo era igual, nunca dejé que nada se interpusiera en mi camino, y me dije: "No te claves con esas tontas cosas 'feministas'". Sin embargo, hoy pienso diferente.

Cuando la gente me pregunta "¿cómo le va a las mujeres en la industria de los restaurantes hoy en día?" yo siempre respondo: "Bien, pero no es lo ideal". Mi experiencia con Maurice pasó hace muchos años, pero el club de Toby en el mundo de los restaurantes persiste. Muchos hombres crecieron en una cultura en la que se cree que las "pláticas de vestidor" están bien y que también está bien extenderlas fuera del propio vestidor. Ese comportamiento para ellos no es una aberración. Si creciste de esa manera, creerás que no es incorrecto. Nuestra cultura lo permite y hasta lo fomenta. Vean sino lo que pasa con Donald Trump, el "agresor sexual en jefe" de EU.

Estoy a la espera de que surjan más historias de acoso por parte de los chefs. Creo que las mujeres se han creído esa idea de que "eso solo sucede en las cocinas". Tienes que ser caballero. Te tienes que divertir. Tienes que caminar al límite. Tienes que drogarte y tomar demasiado alcohol. ¡Yo también me drogué! ¡Me metí cocaína! Yo era el chef que se metía coca. Es lo que todos hacen. La comunidad de los chefs es muy cerrada. Si empiezas por decir que algo no es aceptable, inclusive si en verdad no es aceptable, de pronto te va a acusar de que no actúas como parte del equipo. También te preocuparás por las consecuencias... y vaya que las habrá.

Los hombres no sólo han sido acosadores, sino facilitadores del acoso, los que han visto esos comportamientos y no dicen nada. Las mujeres, también, en algunos casos. Y esto tiene que terminar.

Por mucho tiempo la gente se ha preguntado: "¿Por qué no hay chefs mujeres en Nueva York?" Y era porque los restaurantes eran propiedad y los encabezaban chefs de procedencia europea que simplemente no querían tener a las mujeres cerca de sus cocinas. A las mujeres nos hubiera encantado trabajar en esos restaurantes, pero nos cerraban las puertas en las narices. Finalmente, todos esos chefs murieron y había una enorme cantidad de mujeres jóvenes ascendiendo, aquellas que obtuvieron una buena educación en una escuela culinaria, o que se entrenaron directamente con una mujer o con un chef comprensivo.

Y ahora, cuando llegan a la cima, las mujeres chefs no están obteniendo los mismos beneficios que sus contrapartes masculinos. No obtienen la misma publicidad, ni las mismas propuestas de inmuebles para montar sus restaurantes, o los mismos patrocinadores que los chefs hombres... y los chefs hombres están conformes con las cosas. Es como muchas otras industrias. Y muchos de los chefs hombres principales, los nombres que ahora amamos, quieren que el club de Toby se mantenga vivito y coleando. Amanda Cohen, la chef y dueña de Dirt Candy, en Nueva York, recientemente tocó este tema en un excelente texto en Esquire.

Los hombres no solo han sido acosadores, sino facilitadores del acoso, los que han visto esos comportamientos y no dicen nada. Las mujeres, también, en algunos casos. Y esto tiene que terminar. No tengo una respuesta simple y práctica para esto, pero sé que si no eres parte de la solución, entonces eres parte del problema.

Todos tenemos que decir que esto no es aceptable. Así no es como los humanos deben tratar a otros humanos. Cada quien debe tomar una mayor consciencia. Desafortunadamente, esa cosa de los "problemas de las mujeres" es que, mucha gente, tan pronto como escuchan esa frase, bloquea sus cerebros. Es como decir: ¿Feminismo? ¡Qué aburrido! O ¡Ya se están quejando de nuevo esas mujeres! Pero, no es así. No estoy segura que nadie sepa lo que se siente sino hasta que les sucede a ellos, pero debemos tener estas conversaciones y debemos contar estas historias.

(Como la autora lo contó a Noah Michelson, del HuffPost).

* Este texto se publicó originalmente en inglés en 'HuffPost' EU y posteriormente se tradujo.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.