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Cuando los propósitos no te alcancen, recuerda que los chingones son los Reyes Magos

06/01/2017 12:02 PM CST | Actualizado 07/01/2017 8:22 AM CST

De Agostini / G. Dagli Orti

Creo que no me equivoco cuando digo que la mayoría de los que andamos por aquí estamos enamorados del amor.

Es muy bonito imaginar que nuestra historia —repleta de realidades, tristezas y expectativas frustradas— puede ser llenada por alguien. Alguien que nos ayudará a cambiarla, que estará ahí para hacernos ver el mundo con otros ojos, que nos dará un respiro ante la cotidianeidad y, sobre todo, que nos hará ser mejores personas.

Todo lo anterior, obviamente, es pura basura.

Este año me costó mucho trabajo armar mis 12 propósitos del año. La verdad es que me excedí un poco y sumé 15. Supongo que fue porque no hubo uvas cuando llegaron las 12 campanadas, y me tomé ciertas libertades. Cuando me di cuenta, se me había pasado la mano y el mayor y más pensado propósito —que llevaba semanas masticando— quedó fuera.

Este año sería increíble que me trajeran unas ganas locas de no enamorarme.

Así que pensé que sería buena idea manejarlo más bien como una petición a los Reyes Magos.

Este año quiero pedirles a los Reyes que "me hagan la caridad" de no permitir que me enamore. O sea, llevo 34 años anhelando una pareja, buscando hasta por debajo de las piedras a ese alguien con quien compartir mi vida, mi futuro y blah, blah, blah...

Y como la mayor parte de las veces fantaseaba un chingo, el madrazo que me llevaba también era duro.

Y entonces les escribí:

Mis muy queridos Reyes Magos. Sé que llevan años sin saber de mí. Como 20. Quizá más. Y sé que están cansados de que todo el mundo se acuerde de ustedes nada más cuando se trata de pedirles algo. Y está muy de la fregada que ni siquiera sea un favorcito sino un obsequio constante y sonante. Qué chingadera. (Perdón por las malas palabras, pero las cosas como son).

Les escribo como lo hice la primera vez. Cuando creía en la existencia de tres morros que recorrerían el mundo para asegurarme un futuro feliz. O sea, sí estamos hablando de una felicidad basada en bienes materiales, pero pues no es momento de cuestionar mi pasado. Les escribo porque hay una nueva ilusión en mi corazón y creo que ustedes son los indicados para cumplirla.

Para el final del año me percaté de que era feliz. Sin necesidad de alguien más.

Ahí les va. Ustedes saben cómo soy. Todo el tiempo ando entregando el corazón y olvidándome de lo que es realmente importante. Por eso este año sería increíble que me trajeran unas ganas locas de no enamorarme y de enfocarme en todos esos proyectos que llevan años rondando mi cabeza.

Y es que, en retrospectiva...

Ojalá en lugar de haberme enamorado y "perdido" por aquel tipo me hubiera titulado en mis hermosos 20. Ojalá en lugar de haber invertido mi valioso tiempo en ver cómo conservar a 'fulano' hubiera desarrollado aquel increíble proyecto que tenía en mente. Ojalá en lugar de andar detrás de 'mengano' hubiera tomado todos esos cursos con los que ya sería la millonaria de la familia. Ojalá en lugar de clavarme con 'perengano' hubiera pensado primero en mí...

...

...

...

Pero el hubiera es taaan pendejo —yo creo que incluso más pendejo que una— que ya ni siquiera darnos de topes contra la pared es bueno. Y lo único que nos queda es ver hacia adelante.

Y sacar el vestido de novia de la cajuela, no quemarlo ni nada, solo dejarlo respirar, que seguro ya hasta lleno de polilla ha de estar.

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El 2016 fue un gran año. Hubo ganancias y pérdidas, como en todo, pero lo que más hubo fue aprendizaje. Me di cuenta de cuánto buscaba reconocerme a través de alguien más. Me enamoré de un valemadrista de la vida, de un viajero, de uno que siempre hacía lo que se le pegaba la gana, de un músico (ajá, otra vez) (y ya saben cómo son los músicos) (¡carajo!), de uno que todo el tiempo estaba feliz...

Y descubrí que en el fondo era porque yo buscaba eso: no tomarme la vida tan en serio, viajar un chingo, hacer siempre lo que se me pegara la gana, ser feliz a través de la música, ser feliz.

Ser feliz.

Y para el final del año me percaté de que era feliz. Sin necesidad de alguien más.

Hoy en lugar de suspirar continuamente respiro profundamente.

Y mi intención es que la cosa perdure. No digo que pensar en el amor sea una pérdida de tiempo, pero sí es una gran inversión. Y pues uno tiene que priorizar sus inversiones.

Yo sé que ustedes, queridos Reyes Magos, andan por el mundo cumpliendo cualquier capricho, por eso les pido que me ayuden a cumplir el mío.

Gracias, Reyes, por seguir rifándose como los grandes.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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