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¿Cómo empatizar con un macho? La pregunta del millón

04/04/2017 7:00 AM CDT | Actualizado 04/04/2017 7:00 AM CDT
Patramansky via Getty Images

Claro que me encanta que me griten "mamacita" en la calle, que cualquier hijo de vecino venga en sentido contrario de la acera y me eche su asqueroso vaho mientras me susurra sus más soeces ocurrencias al oído, o que pretenda cerrarme el paso; sí, para intimidarme y así sentirse más macho que el minuto anterior.

No hay nada más halagador que el que me desnuden con la mirada, que se me queden mirando en los pechos o que al pasar sienta cómo voltean para verme las nalgas. No encuentro nada más halagador que el que me griten "guapa" mientras hay saliva escurriéndoles de su asquerosa boca.

Me excita. Como podrán haberse dado cuenta.

¿No funciona mi sarcasmo?

Nah, tampoco espero que lo hayan entendido. Ya no sé qué esperar de ustedes, hombres "leídos y escribidos", que no pueden entender que una mujer no tolera que en la calle le avienten algo que han venido a llamar "piropos".

Aparentemente tienen que ver un cuerpo femenino, ensangrentado, con los calzones abajo, los ojos bien abiertos y la boca tensa para reconocer un capítulo de violencia.

Dicen que "guapa" no es grave. Para ustedes, hombres necios que acusáis a la mujer sin razón... Porque ustedes no han tenido que cargar con insufribles "tsss, qué comen los pajaritos", "en esa cola sí me formo" o "qué ricas chichis" desde el principio de los tiempos.

Ah, que hay mujeres a las que sí les gusta. Bueno, harían bien en primero preguntar. ¿No?

— "¿Señorita, puedo aventarle algún piropo?".

— "Aviéntaselo a tu tía", les diría yo.

No puedo creer que no entiendan que los piropos son violencia. Que los usan para envalentonarse. Para apropiarse de nuestro cuerpo. NUESTRO CUERPO.

¿Por qué? ¿Por qué no pueden entenderlo?

Aparentemente tienen que ver un cuerpo femenino, ensangrentado, con los calzones abajo, los ojos bien abiertos y la boca tensa para reconocer un capítulo de violencia. De violencia de género.

Jose Luis González/ STRINGER Mexico / Reuters
Una mujer se sienta junto al ataúd de Andrea Guerrero, de 15 años, el 27 de febrero de 2012 en Ciudad Juárez. El cuerpo de Andrea, quien estuvo desaparecida por año y medio, fue encontrado en el Valle de Juárez junto a los restos de otras jóvenes: Lizbeth García Avilés, de 17 años, y Jessica García Peña, de 15 años.

Entiendo que la sociedad ha evolucionado, pero qué tanto si hombres y mujeres aún cuestionan a una blogger que levantó una falta administrativa contra quien le gritó "guapa". No, ¿pues cómo? Igual y si le hubiera metido los dedos en la vagina sí hubiera merecido el linchamiento público y la demanda.

Ah, no, pero pues igual alguna "autoridá" hubiera decidido que qué tanto es tantito, ¿no?

Seamos más específicos, hablo del amparo al violador que todos conocemos: "Pero si nomás fue un rocecito, un frotamientito, ni deseo sexual había, ni nada".

Y, pues sí, ¿qué tanto es tantito?

Ese es el problema de la violencia en México, personas. ¿Qué tanto es tantito?

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Hace unos días preguntaba en mi Facebook personal cuál era la clave para lograr empatizar con los hombres (usé la palabra masculinos #PorqueSandra, pude haber usado la palabra "machos", pero no habría tenido la misma respuesta). Sí, me puse tendenciosa. Me puse arquetípica. Me puse estereotípica.

Pero la cosa es que sí, iba por ahí. Tanto hombres como mujeres coincidieron: "háblales claro y simple", "sin rodeos", "explícaselos a madrazos", "con cerveza", "con autos", "empieza con un 'a ver pendejo'" y no podíamos olvidar el "con futbol".

Arquetipos.

No fui la única, como podemos ver.

Decidí que podría ser buena idea hablarles a través de futbol.

Es que me urge generar empatía. Que hombres y mujeres entiendan. Que dejen de clavarse en la textura y que se enfoquen en que las mujeres hemos aprendido a vivir sin que alguien más eleve nuestra autoestima. Que ya aprendimos a identificar la violencia, que ya tenemos los huevos los ovarios de no quedarnos calladas.

Que ya entendimos que el silencio mata.

Sí, yo soy de las que los encara. De las que reacciona a su violencia con violencia (#porquePavlov). De las que ya está hasta la madre de que sigan violando y matando a mujeres en México. A homosexuales. A transgéneros.

Y aunque de machos esté poblado el mundo, estoy segura de que algo muy desagradable pasará en sus vidas que los hará entender (por las malas, lamentablemente) y dejar de reproducir aquel modelo "piropeador" ya tan de otro siglo.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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