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¡Alerta macho! ¿Cuándo nos libraremos de tanta necedad machista?

08/04/2017 9:45 AM CDT | Actualizado 10/04/2017 10:50 AM CDT

RAUL ARBOLEDA/AFP/Getty Images
"No nos gustan los piropos. No necesitamos la aprobación masculina".

Marcelino Perelló es la personificación de la misoginia. Al menos lo fue durante unos 60 minutos, aquel desafortunado 28 de marzo, cuando no solo no bajó de exagerada a Tamara de Anda, #LadyPlaqueta —quien logró que se le levantara una falta administrativa al hombre que la acosó verbalmente en la calle— sino que subestimó el caso de violación de Daphne Fernández y reprobó el que Yakiri Rubio hubiera quedado absuelta después de haber matado a su violador en defensa propia.

Lo más desafortunado de todo su misógino discurso fue la parte en la que dijo "Si no hay verga, no hay violación. O sea, con palos de escoba, dedos y vibradores no es violación". Fue el extracto de su programa que se viralizó, que generó movilización en redes sociales y que provocó que todos —incluida Radio UNAM— nos enteráramos del nivel de disertaciones en torno a la mujer que se aventaban en el programa Sentido Contrario.

Tuve que chutarme Sentido Contrario —no todo, qué tortura (solo los primeros 70 minutos, hasta después de la participación de la periodista y feminista Sara Lovera, cuya opinión en defensa de las mujeres por tener una vida libre de violencia obviamente Perelló desestimó)—, para poder tratar el tema.

(Marcelino Perelló) Salivaba cada que recitaba "piropos" vulgares; los repetía como si fueran algo gracioso.

Al principio del programa decía que en el espacio que le daba Radio UNAM buscaba "reproducir las tertulias nocturnas que han caído en desuso", quizá por eso se dio la licencia de verborrear indiscriminadamente (sí, igual que como hizo Donald Trump; fue una "charla de vestuario", dijo el hombre naranja en aquella ocasión) sobre un tema que ignora: ser mujer y vivir en este mundo bajo esta condición.

Su "crítica" sobre el caso de Daphne fue lo más escandaloso, pero el resto del tiempo se dedicó a ningunear el derecho que tenemos las mujeres de andar por la calle libres de la aprobación masculina y de una sarta de vulgaridades que no queremos escuchar.

Salivaba cada que recitaba "piropos" vulgares; los repetía como si fueran algo gracioso y decía que no podíamos perder el "piropo fino". Como si eso existiera.

Una y otra vez trataba de impostora a Tamara y ni siquiera lograba recordar su nombre.

Su programa ya fue cancelado y el señor ya no va a poder seguir reproduciendo su machismo tras los micrófonos de Radio UNAM (quién sabe si seguirá siendo catedrático, ya hay una petición en Change.org para que deje de serlo, o si alguna otra estación de radio esté dispuesta a ofrecerle un espacio). Lo triste es que sabemos que hay millones de mexicanos caminando por las calles de este país que piensan igual que él.

No viajamos en el auto de un desconocido porque seamos unas putas.

Hombres y mujeres fuimos educados diferentes; aunque ahora apelemos a terminar con esas desigualdades (que van desde el rosa de niñas y el azul de niños hasta el dejar de chulear a las niñas y de exigirle a los niños que no lloren), toda una generación debe lidiar con los estereotipos de género y con ideas retrógradas.

En serio, hombres y mujeres que siguen cuestionándose la evolución del mundo, apréndanse lo siguiente de memoria:

No nos gustan los piropos. No necesitamos la aprobación masculina. No nos interesa "provocar" con nuestra forma de vestir. No usamos nuestras "técnicas de mujer" para obtener beneficios. No viajamos en el auto de un desconocido porque seamos unas putas. No levantamos una denuncia contra un hombre que nos acosa por querer atención mediática. No queremos empoderarnos porque odiemos a los hombres o porque nos creamos mejor que ellos. No decimos "no" para hacernos las interesantes. No somos idiotas como para no saber cuándo nos están violando. No estamos dispuestas a que los crímenes contra nosotras sigan quedando impunes.

No soy feminista (¡ojalá lo fuera, me faltan horas de lectura para tener el orgullo de asumirme como tal), pero soy mujer y quiero vivir en paz para seguir siéndolo.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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