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La arrogancia del Oscar

27/02/2017 10:00 AM CST | Actualizado 27/02/2017 3:42 PM CST
Lucy Nicholson / Reuters
Confusión total. Jordon Horowitz, Warren Beatty y Jimmy Kimmel en el momento en que el veterano actor estadounidense sostiene el sobre con el anuncio del premio de Mejor película para "Moonlight," después de anunciar por error que este le correspondía a "La La Land".

Además de desastroso, lo de anoche en el Teatro Dolby de Los Ángeles fue bochornoso y profundamente triste.

No solamente para La La Land, que fue despojada ante los ojos del mundo del Oscar a la Mejor película cuando su productor llevaba casi dos minutos con su discurso de agradecimiento, sino también para Moonlight (Luz de luna), una película modesta pero valiente cuya hazaña se vio opacada por un fatídico error que muchos aún no logramos asimilar.

Pero fue precisamente eso, un error que se magnificó porque ocurrió en el momento cumbre de la velada, con la categoría más relevante y con el mundo entero observando –muchos a través de las redes sociales- la descomunal fiesta del cine, cuya producción se estima superó este año los 42.8 millones de dólares, una cifra que raya en lo obsceno.

Lucy Nicholson / Reuters
Joi McMillon, nominada en la categoría de Mejor edición por "Moonlight", reaccionó así al caos en el momento del anuncio del premio a la Mejor película.

Escribo este texto desde Los Ángeles (en una mesita retro con una mini rockola individual de la mítica cafetería Mels), hasta donde llegué hace una semana para realizar la cobertura de la ahora histórica edición número 89.

No hay otra cosa de la que se hable –y se ría- en Estados Unidos más que de la tremenda pifia en la que estuvieron involucrados Faye Dunaway y Warren Beatty, quien se supone recibió el sobre equivocado.

La Academia hollywoodense jamás pensó que les ocurriría algo así. ¡Jamás! Es más, es preciso reconocer que tomaron todas las precauciones para reducir al mínimo cualquier riesgo de error, pero olvidaron que al caprichoso destino no le interesan las jerarquías, el glamour, el "prestigio" o las clases sociales.

Es decir, la vida le puso los pies en la Tierra y de un solo jalón al organismo presidido por Cheryl Boone Isaacs, cuyos cambios estructurales durante su gestión han ocurrido más como una reacción a las presiones externas, que gracias a un genuino espíritu de cambio.

Los espacios para los medios de comunicación en la alfombra roja o en la sala de prensa con los ganadores son cada vez más limitados y las actividades alrededor de la premiación incluyen restricciones absurdas.

Y es que el Oscar ha sido arrogante, selectivo, segregacional e incluso discriminatorio (#OscarSoWhite) no solo con la industria, sino también con los medios de comunicación, a los cuales lo único que les falta prohibir es que volteemos a ver cualquier imagen del Oscar.

Hace un par de días asistí a los WB Studios Hollywood Tour y me fue negado el derecho de grabar video de los Oscares que ahí se exhiben que ha ganado el estudio. Todo debido a que la Academia podría "regañarlos".

Next stop, press #oscars

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Las revistas y periódicos deben seguir al pie de la letra las instrucciones impuestas por ellos si es que quieren publicar alguna imagen de la efigie del Oscar en sus páginas; los espacios para los medios de comunicación en la alfombra roja o en la sala de prensa con los ganadores son cada vez más limitados y las actividades alrededor de la premiación incluyen restricciones tan absurdas como no poder grabar video o audio o tomar fotos en sus simposiums con sus nominados.

Entendemos que el Oscar es su fiesta y nadie se las va a quitar. Pero tampoco pasará nada si son más tolerantes e incluyentes en cada uno de sus apartados. Ojalá que la sacudida de ayer sirva para algo.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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